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México D.F., a 23 de junio de 2008 | 9:05 AM

Lydia Cacho
Plan B
23 de junio de 2008
El valor de la corrupción

Por tres siglos se cultivaron valores fincados en estrategias para quebrantar leyes, para negociar su incumplimiento

Un importante miembro del Consejo Coordinador Empresarial sale de dar una conferencia sobre valores y honestidad para el éxito empresarial. Habló sobre la gravedad de robar señales de Cablevisión o comprar películas piratas.

Va manejando y da una vuelta prohibida, la patrulla lo detiene, amerita una multa y restarle puntos a su licencia. El empresario se arregla con el policía con mil 500 pesos. Es mucho, pero tiene prisa.

Una joven de 15 años, hija del rabino más connotado del Distrito Federal, teme perder su beca en una escuela privada y compra su examen final por 20 mil pesos en efectivo.

Un conductor de noticiero radiofónico sale de la estación luego de fustigar la corrupción política. No trae placas desde que compró su camioneta hace seis meses. Pero su chofer le consigue permisos en Tránsito usando la fama del jefe.

Cerró la fecha de inscripción a universidad pública y 230 alumnos quedaron fuera por falta de espacio, un secretario de Estado llama al rector y le insiste en que tres jóvenes de calificaciones mediocres deben entrar porque son hijos de sus compadres. La conversación va de la extorsión a la amenaza; el rector cede y deja fuera a tres estudiantes que habían ganado legítimamente su derecho a estudiar.

Un obispo da misa, al terminar se encuentra con un representante del cártel del Golfo y le confiesa en privado. A cambio, una narcolimosna en efectivo de 300 mil dólares. Se persigna con ella y le dice al narco: “Que Dios te cuide, hijo mío”.

Todos los días la gran mayoría de los casi 60 millones de personas adultas mexicanas buscan justificaciones para violar las leyes. ¿Por qué?

Octavio Paz explica en un ensayo las raíces de la cultura de la corrupción. En el periodo colonial las leyes fueron diseñadas desde España, basándose en el sistema de vida español, trazadas por gente que nada conocía de los usos y costumbres mexicanos, ni del clima y la vida cotidiana.

En algún momento hubo 200 mil ordenanzas que regían la vida de la Nueva España (México) hasta los últimos detalles, pero cuya aplicación real habría hecho la vida imposible. Durante 300 años los habitantes de este lado del Atlántico crearon una cultura de negociación fraudulenta cotidiana. Cada día, sobre cada ordenanza de la corona española, alguien creó atajos para incumplir leyes absurdas y arbitrarias.

Para toda la población las leyes eran legales pero no legítimas. No gozaban de consenso y respeto de la gente. Durante tres siglos nuestros antepasados aprendieron a desconfiar de leyes impuestas por conquistadores. Leyes en esencia racistas, sexistas, producto de un doble discurso.

Durante tres siglos se cultivaron valores fincados en estrategias para quebrantar leyes, para negociar su incumplimiento sin castigo.

La corrupción en México es un valor cultural añejo. Un valor que cotidianamente alimentan ricos y pobres, políticos y narcotraficantes. Policías y ladrones, burócratas y empresarios. Lo cierto es que todos los días quienes moralizan sobre corrupción, la ejercitan. Corrupción significa descomposición. Descompuesto está nuestro sistema de justicia, porque no se aplican las leyes sino la interpretación para quebrantarlas.

La cultura se transforma en la medida en que la sociedad descubre, acepta y favorece el cambio de sus costumbres, e implementa nuevos sistemas, principios y valores. Es un asunto de congruencia individual y colectiva, ¿podremos?

www.lydiacacho.net

  Acerca del autor

Mi nombre es Lydia Cacho Ribeiro, nací en 1963 en el Distrito Federal. Soy periodista y escritora. Desde hace 21 años vivo en Cancún desde donde me he dedicado a reportear y analizar temas de derechos humanos y política. He trabajado durante años en radio y televisión en Quintana Roo. Mis medios favoritos son la radio y la prensa escrita, ambos nos abren la posibilidad de interactuar con la opinión pública.

Durante años supe que escribir y opinar no bastaba, así que decidí participar con un grupo de mujeres en la creación de una Asociación Civil. Después de 15 años de trabajo informal en el 2000 abrimos el Centro Integral de Atención a las Mujeres, CIAM Cancún, A.C. Es un centro especializado de atención a mujeres, niños y niñas víctimas de violencia doméstica y sexual.

Libros publicados: “Los demonios del edén: el poder detrás de la pornografía infantil”, “Muérdele el Corazón”, “Esta Boca es Mía”, “Memorias de una infamia”.

Premios:Premio estatal de periodismo 2000. Don Sergio Méndez Arceo Premio Nacional de Derechos Humanos. Ginetta Sagan award de Amnistía Internacional. International Women Media Foundation Courage Award 2007. OXFAM Human Rights Award.

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