En esta ocasión no se trata del reverendo Jeremiah Wright, con su discurso, negativo, sobre los valores norteamericanos ni del reverendo Louis Farrakan cuyo planteamiento, antisemita, traspasó todos los límites al decir que el gobierno norteamericano manufacturó el virus del sida para matar negros y que, a su vez, Estados Unidos era responsable del terrorismo y, en consecuencia, del ataque del 11 de septiembre. Superar esas amistades, condenar esos discursos y mantener, en pie, universalmente, la “obamanía” implica algo más que la habilidad y el optimismo de Barack Obama. El semanario Le Nouvel Observateur, revista claramente situada, en Francia, en la democracia de izquierda, intenta encontrar una respuesta. En su número del 5 al 11 de junio, se dice lo siguiente: “Juventud, idealismo, mestizaje… Barack Obama encarna una cierta idea de EU que ocho años de Bush había hecho olvidar”. El semanario realiza una encuesta y su resultado es este: “De Japón a México la obamanía gana el planeta… En Kenia donde vive todavía Sarah Hussein Obama, la abuela materna del candidato, es la locura… y todo el mundo brinda con una cerveza ‘Obama’ rebautizada así en honor de Barack…”. La revista advierte y se pregunta: “¿Es un nuevo John Fitzgerald Kennedy?”. Proporciono esos datos, que podría ampliar por decenas, para recordar, sin más, que al iniciarse la campaña de las primarias, en esta columna, hace muchos meses, voté claramente por Barack Obama cuando la “obamanía” no era, inútil decirlo, un acontecimiento universal. Pensaba, y pienso, en un relevo totalizador de la política de EU. En suma, la obamanía proyecta, en su fondo último, algo esencial: la necesidad universal de que la primera economía (todavía) y la primera potencia militar del mundo (aún) responda a una interpretación responsable y solidaria de las nuevas necesidades mundiales, incluido el cambio climático. Sin embargo, no podemos eludir que los intereses en juego son, sin más, gigantescos. No podemos hablar ya del primer capitalismo del mundo, sino de una nueva fase, mundial, del capitalismo financiero —y militar— que es una etapa superior del viejo imperialismo histórico. La globalización ha puesto en marcha el internacionalismo financiero. Está por encima de los Estados y, en EU, ha generado una crisis que ha evidenciado la irresponsabilidad del sistema bancario atrapado, de forma impresionante, en la codicia y que, a escala, ha revelado en qué medida, inclusive los valores del capitalismo tradicional (el que Max Weber mensurara, con lucidez, en su ensayo sobre el protestantismo y el origen del capitalismo) han volado por los aires. No queda en pie nada más que el capitalismo financiero al margen de toda solidaridad. Barack Obama lo está viviendo. Pudo superar los problemas con los dos reverendos del jacobinismo racial y mantener su proyecto. Ahora ha tenido que romper con su consejero especial en Washington, James A. Johnson. La ruptura revela el dilema: Johnson había recibido 5 millones de dólares, de créditos de la Countrywide Financial Corporation. En suma, una asociación oscura que revela, a su vez, las conexiones supra. Johnson estuvo asociado, como asesor, también, con el candidato demócrata fracasado, el senador John Kerry y otro de los colaboradores de Obama, el economista de Harvard, Jason Furman, está estrechamente vinculado al financiero Rubin, que fuera secretario del Tesoro con Clinton y que, ahora, después de la crisis del Citigroup, forma parte de su Comité Ejecutivo. En suma, una amplia red corporativa, al más alto nivel financiero. Por lo demás, la pareja Obama, en su última declaración fiscal pagó, a Hacienda, casi un millón 400 mil dólares descontados los 240 mil 370 dólares dedicados a various charities… Una gran batalla. |