Sólo algunos despistados —y uno que otro que mal leyó la carga política del dicho de Guillermo Ortiz Mayagoitia sobre la Ley del ISSSTE— creyeron que la Corte echaría abajo la constitucionalidad de la citada ley. Y es que muy pocos saben —ya que el supuesto rechazo generalizado a la reforma se montó sobre una torre de mentiras— que la enmienda a las pensiones del ISSSTE tiene en su concepción una clara genética tricolor calca de una reforma al sistema de pensiones de la burocracia del gobierno de Nuevo León, promovida en su momento por el PRI. Pero además, muchos de los rabiosos impugnadores de una reforma de origen priísta tampoco saben —o hacen como que la virgen les habla— que la discusión que vimos apenas este martes en la Corte es la segunda ocasión que el máximo tribunal analiza las vertientes de la constitucionalidad o no de esa peculiar modalidad de cambio en el sistema pensionario. Y por supuesto, tampoco saben que seis de los actuales ministros ya habían validado la constitucionalidad del “troquel” del que salió la actual reforma al ISSSTE. Y claro que se pueden cuestionar muchos aspectos de la reforma, y hasta se puede decir que beneficia al perverso patrón, el Estado mexicano, y que afecta a los sacrificados burócratas —en tanto la ley establece nuevas reglas y plazos de jubilación—, pero nadie con un mínimo de sensatez puede argumentar contra los beneficios de la reforma para impedir la quiebra del sistema de pensiones en la burocracia nacional. Y justo en esa quiebra es donde está el corazón del asunto, el engaño colectivo que pretendió imponer a todos una oposición desleal como la de “El movimiento soy yo” —la deslealtad no es con tal o cual gobierno, ni tales o cuales ciudadanos, sino con las reglas básicas de la democracia—, que jugó con el cuento de la ilegal reforma al ISSSTE para obstaculizar el saneamiento urgente de las pensiones. Nunca se dijo que la reforma desactivó una bomba presupuestal para el gobierno federal. Es decir, que sin resolver la crisis de las pensiones del ISSSTE —y antes las del IMSS—, el sistema pensionario federal habría colapsado y vuelto inviable al gobierno, fuera del PAN, PRD o PRI. Era un asunto elemental de subsistencia del Estado. Y para los que tienen dudas, bastaría con que echaran una mirada a lo que ocurrió cuando asumió el poder en Brasil el presidente Lula da Silva, quien lo primero que hizo fue la reforma de pensiones. Pero parece que lo importante es la derrota contundente que propinó el Estado todo —la Corte en particular— a la estrategia de “El legítimo” contra las instituciones, sobre todo su intento por inducir el fracaso del gobierno de Calderón. El cuento de que la reforma del ISSSTE era inconstitucional, fuente de perversidades que generaría movilizaciones masivas y el enojo generalizado, no era más que un monumental engaño que quedó al descubierto a los pocos días de que con la ayuda del GDF se montó un grotesco espectáculo de casuchas en torno del Monumento a la Revolución, dizque para albergar a los enojados impugnadores de la reforma. Pero no fue todo. Otra parte del espectáculo fue el también grotesco diseño mediático para enviar a la Corte cientos de miles de amparos contra la ley —montaje mediático que costó mucho dinero y que quién sabe quién pagó—, en un ardid de reflectores para hacer creer a los incautos que era una ley perversa que había irritado a las multitudes de burócratas. Frente a ese grosero montaje, en la Suprema Corte decidieron el manejo político y legal. Y es que todos los ministros sabían de la constitucionalidad de la nueva Ley del ISSSTE. Pero también los pesos y contrapesos de la política y el poder. Es decir, resultaba “políticamente incorrecto” el voto unánime a favor de la reforma. Y en tanto garante de la imagen de la Corte, su presidente lanzó un anzuelo que casi todos mordieron. Y vacunó a la Corte. EN EL CAMINO Responsabilidad vital de todo gobierno es promover la producción suficiente de alimentos básicos y a precios accesibles. La falta de comida o su carestía tiran gobiernos. El de Calderón lo sabe. Por eso, al tiempo que la Sagarpa de Alberto Cárdenas promete una producción récord en 2008 de 195 millones de toneladas de alimentos —cereales, carne, pescado, frutas y legumbres—, el Presidente acuerda congelar precios de básicos procesados. Lo que nadie sabe es si será manejable la crisis de alimentos… Lo que sí conocen todos es la mitomanía y deshonestidad de Cuauhtémoc Velasco, diputado que avergüenza al Legislativo. Y claro, es de Convergencia. |