A los números de la nota principal de EL UNIVERSAL de ayer hay que agregar los temas que definirán la contienda de 2009. Y en el tema de la reforma petrolera, el presidente Calderón y el PAN encuentran su mayor debilidad. En ningún momento han podido tomar la iniciativa. Se mantienen a la defensiva y con defensas —en general— vacilantes, carentes de contundencia Así ha sido desde que López Obrador se anticipó por meses a colocar en la agenda su giro de descalificación a una no propuesta presidencial que el gobierno no había podido concluir y mucho menos presentado. Y así, hasta el golpe de esta semana, con la acusación de que el gobierno estaría fraguando sobornar a los legisladores para que voten por la reforma. Sin salir de la defensiva, al menos en este caso la negación del cargo por los funcionarios del Ejecutivo ha sido más oportuna. El problema con este proyecto es que, por sus modestos alcances, no despierta mayores expectativas para la atracción de capitales, uno de sus propósitos básicos. Y todo indica que esos alcances se verán más acotados para sumar al PRI a la aprobación del paquete legislativo. DOBLE TRAMPA Y CUERDA FLOJA Todo ello podría conducir a Calderón a una doble trampa: en el mejor de los escenarios obtendría una reforma casi inoperante en cuanto a su objetivo inicial de multiplicar las inversiones en el sector. Pero lo lograría al costo de darle nuevas armas a López Obrador para prolongar indefinidamente su campaña de desgaste contra el gobierno. Mientras que en el peor de los escenarios, si el bloque antirreforma logra descarrilar el proceso legislativo, los costos mayores se expresarían en percepciones de incapacidad que pudieran afectar incluso la gobernabilidad. En eso anda este bloque antirreforma con su movimiento a favor de aprobar, antes que la legislación petrolera, la institución del referendo, a fin de meter después al país en una interminable disputa sobre la organización, los procedimientos y los resultados del referendo petrolero: un debate a perpetuidad, como el postelectoral de 2006 y el de la todavía inconclusa elección interna del PRD. Calderón llega a la evaluación de la elección intermedia de 2009 con un programa que camina en la cuerda floja. Con las huestes de AMLO junto a las huestes ultraderechistas del PAN apostando, por sus respectivos intereses, al fracaso del programa de gobierno. Y con un PRI encareciendo a cada paso sus alianzas como otra vía de condicionar el proyecto de Calderón a fin de seguir construyendo la alternativa del regreso del predominio priísta. CADA QUIEN SU PATETISMO El estratega político estadounidense Dick Morris afirma en su reporte de ayer que los precios petroleros definirán la elección presidencial de este año en su país, pero enseguida advierte sobre los riesgos derivados del patetismo de las posiciones de los candidatos en este tema. Aquí podríamos afirmar que las cruciales elecciones del año próximo para renovar la Cámara de Diputados y elegir seis gobiernos estatales serán definidas por el destino de la reforma petrolera, el estado de la guerra contra el narco y el deterioro previsible de la economía familiar. Y aquí también quizá lo más preocupante es el patetismo de la debilidad de la propuesta y la estrategia petroleras del gobierno y de algunas de las acciones del bloque antirreforma para descarrilarla. Es en la guerra contra el narco donde se concentra la fortaleza del gobierno de Calderón. Y en su buena condición para mantenerse en pie sobre la banda sinfín de los problemas nacionales. El discurso contra las altas tasas de interés de la semana pasada y la congelación de precios de alimentos anunciada ayer son los nuevos pasajes de la prédica del evangelio estos días desde el púlpito presidencial. |