El gobierno de Calderón entró ya en su segundo cuarto y muchas cosas parecen no moverse y, peor aún, podrían descomponerse. En uno de los temas más sensibles para la sociedad —la seguridad pública—, los narcotraficantes ponen las balas y los policías, los muertos. En otros temas mayúsculos, la economía y el empleo, el estancamiento estabilizador deja mal parado a quien se propuso ser “el presidente del empleo”: en los primeros 17 meses del sexenio se crearon 476 mil 760 nuevos empleos formales, pero la demanda adicional es de alrededor de 900 mil empleos por año. Y mientras la mayoría de los países en América Latina crece a tasas superiores a 5% (con casos extraordinarios como el de Argentina, que desde 2003 ha crecido a una tasa promedio de 8.8%), en 2007 el crecimiento del Producto Interno Bruto en México fue de sólo 3.3% y para este año se prevé que tendremos el menor dinamismo productivo de la región. El Presidente se muestra preocupado y no le faltan razones. Los resultados de su gobierno distan de responder a las necesidades del país y a los propósitos del titular del Poder Ejecutivo. El gran programa de infraestructura anunciado para este año, por ejemplo, no aparece, y es inadmisible pretender suplir la falta de acciones con mercadotecnia. La inercia, la inexperiencia y el tortuguismo de algunos de sus colaboradores juegan en contra. Calderón necesita sacudir a su equipo —algunos de sus mejores hombres alcanzaron muy pronto su nivel de incompetencia—, pero no tiene cuadros para el recambio. Y, mientras tanto, en apenas tres meses arranca oficialmente la elección para renovar la Cámara de Diputados y las señales son adversas para el partido del Presidente: 1) dos encuestas recientes sobre preferencias electorales ubican al PRI tres o cuatro puntos por encima del PAN, mientras el PRD regresa a sus porcentajes marginales; 2) la operación política de los gobernadores priístas —que sí saben cómo hacerlo, como ya se vio en Puebla y Oaxaca— anticipa malas cuentas para el PAN; 3) la clase política panista, sobre todo los gobernadores, hace de las suyas y alienta el voto de repudio o en defensa propia; 4) los desafectos del PRD se van hacia el PRI, no al PAN, y 5) Germán Martínez —uno de los calderonistas “puros”— es ya el jefe nacional del PAN, pero su operación está resultando decepcionante. Todo esto y más explica el discurso del pasado viernes 6, al reunirse con los altos mandos de su administración, en el que Calderón refrescó la memoria de sus colaboradores y, sobre todo, les demandó soluciones ante los problemas de la gente. El regaño fue un reclamo público a sus colaboradores para que dejen la apatía, se asuman como equipo y entiendan que el servicio público reclama sensibilidad social y no es una chamba más. El Presidente tiene razón: algo —o mucho— no está funcionando en su equipo de gobierno. Algo tendrá que hacer y pronto. |