En mi entrega de la semana pasada realicé una reflexión sobre el “debate” que se estaba produciendo entre el Ejecutivo y la autoridad monetaria respecto al manejo de la tasa de interés y el conflicto normal entre crecimiento e inflación que se produce en el corto plazo en muchos casos. Algunos amables lectores me han pedido abundar un poco más en el tema, por lo que a continuación elaboro un poco más. En la teoría macroeconómica existe un planteamiento desde hace muchas décadas que sugiere, que en el corto plazo, puede presentarse una relación inversa entre inflación y desempleo, conocida como la Curva de Phillips, y en consecuencia una relación positiva entre precios y producción. Lo importante es que este postulado ha servido de fundamento para que muchos gobiernos intenten explotarlo de tal forma que se puedan alcanzar mayores niveles de producción y empleo acompañados de mayores tasas de inflación. La historia ha mostrado que en la mayoría de los casos esto llevó a situaciones desastrosas para muchas economías, sobre lo cual existe una amplia literatura teórica y empírica. Lo que quiero enfatizar es el hecho de la existencia bajo ciertas condiciones de una contraposición entre el objetivo de mayor crecimiento y el de menor inflación en el corto plazo, tal y como parece estaría sucediendo en este momento en nuestro país y otras economías del mundo. Para entender un poco más este asunto valdría la pena señalar que cuando se explican los componentes que afectan el proceso inflacionario de una economía, un enfoque simple nos sugiere a tres. El primero trata de capturar las expectativas inflacionarias de los agentes. Esto es, dada cierta información con la que cuentan, cómo piensan que evolucionará la inflación en el futuro. El segundo captura los desequilibrios en el mercado por el lado de la demanda. Cuando la producción actual esta por debajo o por arriba del potencial de la economía, ya que, por ejemplo, en el segundo caso se generarían presiones inflacionarias. Finalmente, el tercero captura los choques por el lado de la oferta. Por ejemplo, un aumento en el precio internacional de un insumo importado fundamental provoca aumento de costos internos y por ende, aumento de precios. Estos choques de demanda o de oferta pueden ser de origen interno o externo. Por ejemplo, actualmente nuestro país esta enfrentando un importante choque externo negativo representado por el aumento en los precios internacionales de alimentos claves que son bienes de consumo intermedio y final. Pero también está enfrentando un choque de demanda externo negativo debido a una (aún) ligera contracción en la demanda externa por nuestros productos (exportaciones). La teoría sugiere (no sin debate), que ante un choque de demanda puede recurrirse a una política de estabilización (contra cíclica), pero en el caso de un choque de oferta la situación es mucho más compleja y las políticas de estabilización tienden a exacerbar las presiones inflacionarias. Esta es una recomendación generalizada para los bancos centrales. Estos choques afectan negativamente al producto y empleo, y son los temas que preocupan al ejecutivo. Pero en particular, el choque de oferta es el que explicaría el recelo del banco central de reducir sus tasas, pues ve muy serio el problema inflacionario. A esto hay que agregar el primer componente referido arriba, las expectativas inflacionarias, que podría ser el más complicado y sobre el cual en realidad no estamos seguros de qué sabemos. Es probable que aún no podemos estar completamente seguros si estas expectativas son totalmente “racionales” y van delante de la inflación o si se adaptan a ésta y la siguen. El problema es que éste componente puede incorporar un elemento explosivo en el proceso inflacionario de carácter inercial, como se ha observado en el pasado. En este sentido, eso que algunos refieren como el permitir aumentar la inflación para soportar mayor crecimiento en un proceso de “inflación controlada” no es tan claro. Como señalé la semana pasada, existe evidencia empírica de que algunos países han tenido éxito en esta tarea, pero muchos otros se han visto desbordados y sumergidos en una espiral inflacionaria, que a la larga conduce a menor crecimiento. Este es el dilema en que se encuentran nuestras autoridades fiscal y monetaria, conflicto que no tiene solución sencilla y que conduce a posicionamientos curiosos como que los primeros sugieran disminuir la tasa de interés en el marco de un choque negativo de oferta o que los segundos defiendan los subsidios a las gasolinas. Este es el centro del debate. |