Todos los días recibo, a veces desde extraños lugares del mundo, algún correo. Éste, del que hablo, me llega de Ucrania. Por su interés me permito transmitirlo: “Le escribo desde Kharkov, Ucrania, únicamente para felicitarle por su artículo de hoy: ‘El Pantheon de las letras doradas’. Leo siempre sus artículos por internet, la verdad es que aprendo muchas cosas, y comparto sus puntos de vista en la mayoría de los casos. Me llama la atención que entre sus obras escritas tiene usted una biografía de Lenin. Actualmente me encuentro en un país que solía ser parte de la Unión Soviética y veo a Lenin (literalmente) cuatro veces al día, en el metro, en la plaza principal de la ciudad, en paredes y edificios. Quizá usted que ha viajado tanto haya estado anteriormente en Ucrania”. Añade, punto y aparte: “Qué pena que nuestros legisladores no reconozcan a Octavio Paz (pero francamente no espero gran cosa de los políticos de nuestro país) a mí, Voltaire me gusta mucho, también he leído a Zola y muchos escritores franceses, y no me sorprende que los tengan en su panteón nacional, aquí en Ucrania también celebran a sus escritores, muchas plazas y parques tienen nombres de Shevshenko, Gorki, Bulgakov. Pero en fin, algún día las generaciones que venimos detrás de la suya pondremos a Octavio Paz donde debe de ir. Su poema que dice: ‘Si tú eres la yegua de ámbar, yo soy el camino de la sangre…’. Va a la par de los mejores del mun do. Saludos cordiales. Mario Siordia”. (Nota: envío al periódico el correo, para el archivo, de tan interesante compatriota). Bello el poema elegido de Paz desde Ucrania. Le completo, desde el ánfora de la memoria: “Si tú eres la primera nevada. / Yo soy el que enciende el brasero del alba. / Si tú eres la torre de la noche. / Yo soy el clavo ardiendo en tu frente. / Si tú eres la marea matutina. / Yo soy el grito del primer pájaro…”. El poema, de título “Movimiento”, termina así y no más: “Yo soy los brazos rojos del liquen. / Si tú eres el sol que se levanta. / Yo soy el camino de la sangre”. Poema apasionante. Fuego. Máximo Gorki, citado por Mario Siordia, fue amigo personal de Lenin y lo tuvo de invitado en su casa de Capri. Desde lo alto del acantilado se mira el mar con la tentación de ser pájaro de los cielos. Gorki conocía muy bien Rusia. No así Lenin. Le dijo un día, Lenin a Gorki, suspirando —dice— con envidia: “Y yo, yo, que conozco mal Rusia: Simbirsk, Kazan, Petersburgo y el exilio. Eso es todo”. Desde luego no Ucrania. Le recuerdo, amigo Siordia, —permítame decirle así— que en 1965 un joven escritor ucraniano, Iván Dziuba, se dirigió a Chelest, entonces primer secretario del Partido Comunista de Ucrania y, a la vez, a Vladimir Chtchersbitski, presidente del Consejo de Ministros de Ucrania y suplente del Presidium del C.C., para presentarles un texto, largo, que titulaba así: “Internacionalismo o Rusificación”. Dziuba examinaba la situación de Ucrania en los últimos 40 años y llegaba a una conclusión herética: “Que la nación ucraniana estaba en trance de desaparición en beneficio de una Rusia que, en nombre del internacionalismo, liquidaba Ucrania”. Un año después un periodista ucraniano llamado Chornovil, mantuvo tesis parecidas ante el Procurador Supremo. Yo seguí con mucho interés el problema. Se llevó por delante a Chelest acusado de intentar “reukranizar” el aparato político aunque en una obra titulada Nuestra Ucrania Soviética admitía que Ucrania formaba parte de la URSS. Gran batalla que ahí sigue viva. El propio Gorbachov, acorralado en la primera Conferencia de las Nacionalidades, no tuvo otra cosa que decir que su famoso “edinyi sovetskii narod”. En suma, spasiba, dasvidan’iia. Gracias y hasta más ver. Perdón, mi máquina no tiene, todavía, el abecedario ruski. |