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Ricardo Alemán
15 de junio de 2008
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España: filias y fobias

Desde el primer día de la visita de Estado de Felipe Calderón a España sorprendió no sólo a la comitiva del mandatario mexicano, sino a observadores de los dos países, la efusividad, calidez y sobriedad mostrada al presidente mexicano por los jefes del estado y el gobierno español: el rey Juan Carlos de Borbón y el presidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero

Ante el enojo “legítimo”, España aclama a Calderón

Izquieda mexicana de AMLO critica todo lo español

Desde el primer día de la visita de Estado de Felipe Calderón a España sorprendió no sólo a la comitiva del mandatario mexicano, sino a observadores de los dos países, la efusividad, calidez y sobriedad mostrada al presidente mexicano por los jefes del estado y el gobierno español: el rey Juan Carlos de Borbón y el presidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero.

Y es que ante los rostros atónitos de propios y extraños el mandatario mexicano recibió un prolongado y casi general aplauso de la pluralidad partidista española en la sede de Las Cortes, una cena de Estado en El Pardo, la casa de la monarquía que reserva esas galas para las grandes ocasiones, y calurosas palabras del gobierno socialista en el símbolo de la democracia española, La Moncloa.

Todo ello: reconocimientos, elogios y largos aplausos —que parecen desmedidos en un México aún polarizado y donde los odios están a flor de piel— confirman la regla muy a la mexicana; el presidente Calderón es un mandatario que, por la razón que se quiera, no parece y no es profeta en su tierra. Un presidente repudiado por casi un tercio de mexicanos envenenados de odio, y que es respetado y reconocido en España.

Odio y xenofobia latentes

Sin duda que el contraste entre insultos y hasta bajezas discursivas —que han caracterizado la esgrima verbal lanzada contra Calderón desde julio de 2006— y la abundancia de elogios y aplausos dispensados al Presidente mexicano por los representantes del estado y el gobierno españoles, hablan de mucho más que una identificación química entre un mandatario latino, de derecha, y sus pares ibéricos, uno de ellos socialista. ¿Frente a que fenómeno político, diplomático, global estamos?

Y las preguntas flotan y permanecen en espera de una explicación: ¿Qué pasó? ¿Qué hay detrás? ¿Por qué desde los tiempos del oriundo de Caparroso —sedicente intelectual y presidente que terminó en un farsante motejado por todos como “el perro” o “Jolopo”—, un mandatario mexicano no era tratado de esa manera por la democracia española? ¿Por qué un gobierno socialista, como el de Rodríguez Zapatero, arropa y elogia de esa forma a un gobernante de derecha como Felipe Calderón? ¿Qué hizo posible ese amor repentino e impensable por el México del nuevo siglo y por un gobernante como Calderón?

El primero en acusar un recibo biliar es nada menos que el resorte que desencadenó la euforia española por Calderón. Sí, resulta que “el calor” que arropó en España a Felipe Calderón, fue recibido por el señor Andrés Manuel López Obrador a trasmano, y a manera de golpazo al hígado. ¿Cómo es posible que un gobierno que se dice socialista reciba de esa manera a un gobernante de derecha, que encima es espurio, que despojó a la izquierda mexicana? Eso y más se cuestiona entre la claque de “el movimiento soy yo”.

Acaso por eso “el legítimo” respondió al “gancho al hígado” con una de sus ocurrencias biliares que, por cierto, ya no extrañan a nadie: “Si al espurio Calderón le han puesto alfombra roja y dado muchos aplausos y abrazos en España se debe a que es como el virrey que llega a informarle al rey. Es como un vasallo de la corona, por eso lo tratan bien, porque les ha dado muchos beneficios”. En el extremo del delirio, del odio y a xenofobia sólo faltó que “el movimiento soy yo” dijera que Juan Camilo Mouriño es “el hombre del gobierno y el estado españoles” en el gobierno de Calderón.

Calderón: ¿un héroe?

Y en efecto, en el lado mexicano menudean las voces que tienen su peculiar explicación de lo ocurrido —conocedores mexicanos de la relación entre los dos países— y que sin mayor complicación justifican: “Cómo no van a tratar así a Calderón los españoles, si vienen por negocios muy jugosos”. Y enumeran empresas que van desde gaseras, petroleras, constructoras, de comunicación, publicitarias, de calzado, sin faltar los poderosos grupos del turismo que, insisten los defensores de un peculiar nacionalismo, “se han apoderado de la Riviera Maya”. Y esas mismas voces juguetean con un dejo de odio y xenofobia históricos hacia todo aquello con tufo a gachupín. Y dicen: “Vienen por el tesoro”. Claro, uno más valioso que el de Moctezuma. En realidad a los críticos y malquerientes de Calderón y su gobierno parece que nada les gusta. Si son inversiones de Estados Unidos, de Canadá, de Japón… todo es sospechoso, depredador, rapaz; lo mismo si son capitales ingleses o asiáticos... y malo si se trata de capitales españoles, porque entonces estamos ante “la otra conquista”. Y no faltan los Noroña y otros de ese bando que voz en cuello despotrican contra Mouriño al grito de “¡Mueran los gachupines... que otra vez quieren el tesorito”.

Pero que nadie se equivoque. La verdad es que algunas voces muy cercanas a López Obrador, como las de esa reputada pareja que son Claudia Sheinbaum y Carlos Imaz, aclaran a todo el que quiera escucharlos que la fobia de “el movimiento soy yo” y su grupo no es contra todos los españoles. No, no se equivoquen; algunos de ellos “son amigos” de “el movimiento soy yo”, sobre todo si tienen sangre vasca.

Por eso decidimos buscar otras versiones, en ultramar —precisamente en la península ibérica— en donde un periodista resume en pocas palabras. “Para la monarquía española, para el gobierno socialista español, para los capitales españoles, y para las inversiones españolas en América, el presidente mexicano Felipe Calderón es casi un héroe”. ¿Un héroe?, preguntamos. Y también sin complicaciones nos ofrece su propia versión.

Es decir, que con el triunfo electoral en México de Felipe Calderón —dice ese periodista hispano, corresponsal en México por décadas y testigo de julio de 2006— “se detuvo una muy peligrosa tendencia que aún está latente en América Latina; el regreso del populismo… con todas sus consecuencias, como la regresión antidemocrática, el riesgo a las inversiones, la amenaza para los capitales foráneos, y sobre todo, para los capitales españoles…”. Y claro, si a todo eso se le agrega que los españoles tienen interés manifiesto en la reforma petrolera, entonces todo parece claro.

Fobia contra lo español

Pero el asunto tiene mucho más de fondo. Todos saben que la comunidad de origen español en México es harto numerosa —sea producto del exilio que generoso recibió el gobierno de Cárdenas, sea producto de los muchos negocios españoles en México— y que al mismo tiempo esa comunidad es de los grupos sociales más dinámicos. Lo que no todos saben es que una parte de esa comunidad —sobre todo una parte del sector de origen vasco— se identificó, apoyó, promovió y hasta financió a un líder político mexicano que, igual que ellos, también tiene raíces vascas. Nos referimos al señor Andrés Manuel López Obrador, cuya sangre materna es de origen vasco.

Resulta que algunos de los más influyentes operadores, promotores, publicistas y hasta financieros de “el movimiento soy yo” durante todo el gobierno del DF —de 2000 a 2005— son profesionistas, periodistas, políticos, empresarios y, en general, ciudadanos que tienen algún vínculo con los vascos asentados en México y que se identificaron no con la izquierda mexicana, sino con un líder como AMLO. Y claro, por es razón no faltan las voces que incluso acreditan alguna relación de esos sectores —sin que esto tenga elementos de prueba— con el movimiento separatista de ETA en España.

Y en efecto, algunos quiere explicar la punta de la madeja de esa suerte de fobia que muestra un sector de la izquierda mexicana contra lo que sea o parezca español, a través de dos hechos coyunturales; que el publicista de entonces candidato presidencial, Felipe Calderón, y creador del eslogan de que AMLO “Es un peligro para México”, es el español Antonio Solá; y que el primero de los presidentes que felicitó a Calderón apenas el 6 de julio fue, precisamente, el del gobierno español, Rodríguez Zapatero.

Vieja historia

Pero quienes creen que todo se reduce a esos dos eventos coyunturales se equivocan de cabo a rabo. La fobia de AMLO y de su grupo contra todo lo español —o por lo menos contra lo español que no sea vasco— viene de lejos. Y el que tenga dudas puede revisar el quinquenio 2000-2005, sobre la inversión española en el DF, y descubrirá la cantidad de quejas y trabas de empresas que no sólo fueron obstaculizadas, sino perseguidas. Ese dato contrasta con las empresas que sin licitación y casi en secreto fueron seleccionadas para la construcción de los “segundos pisos del Periférico”; empresas que como todos saben, al mismo tiempo fueron las que patrocinaron una buena parte de la campaña de AMLO rumbo al 2006. Y esas empresas tienen capitales españoles, vascos para mayores señas. ¿Y saben quién las seleccionó? En efecto, la jefa de ese equipo, la señora Claudia Sheinbaum. Un ejemplo patético. Entre 2000 y 2005, la empresa española Eumex —especializada en equipamiento vial y publicitario— fue perseguida con una ferocidad sin límite por el gobierno de AMLO, a pesar de que desde años atrás había obtenido una concesión con el GDF. La persecución fue demencial y se sumó a otras quejas de empresas constructoras españolas que denunciaron públicamente que la mayor obra vial del GDF fue realizada sin licitación y favoreciendo a grupos amigos del gobierno. El diario La Crónica, del 24 de febrero de 2005, da cuenta de la manera ofensiva, arbitraria, en que fue detenido y humillado el presidente de la empresa Eumex.

En febrero, ahora de 2004, AMLO criticó con severidad la venta de Bancomer al grupo español BBV, y algo similar hizo cuando otro banco fue vendido a otro grupo español, ahora Santander. La crítica era que les habían regalado los bancos a los capitales españoles, y peor aún, sin pagar impuestos. Esa mima postura la mantuvo AMLO con las empresas españolas de ramo turístico, del gas, del petróleo y la electricidad.

Durante toda la campaña presidencial de AMLO previa al 2 de julio de 2006, se negó a recibir a directivos de empresas españolas que quería saber su posición sobre la inversión española y escuchar sus propuestas. Pero fue especialmente llamativo el caso de la empresa editora del diario El País. Resulta que los dueños de Prisa —la familia Polanco—, que además son poderosos empresarios de la televisión, la radio española y editores exitosos en todo el mundo de habla hispana, buscaron de manera insistente a AMLO, sin éxito, hasta que finamente fueron recibidos unos minutos por un arrogante candidato presidencial que, según algunas versiones, literalmente los mandó al diablo. Luego del 2 de julio de 2006, el diario El País, fue severamente crítico contra AMLO, al que llamaron a respetar los básicos de la democracia; saber perder, en tanto que el ex presidente español, el también socialista Felipe González, llamó a la cordura a AMLO. En ese ambiente, el 6 de julio, el presidente español Rodríguez Zapatero, felicitó a Calderón por su triunfo.

La venganza

Desde el 3 de julio un objetivo central en los discursos de AMLO, en su guerra personalísima contra Felipe Calderón, ha sido precisamente el empresariado español. Los empresarios españoles, sobre todo los dedicados a la energía y el turismo, son lo más parecido a la peste. Son, dice la gente cercana a AMLO, “los nuevos conquistadores”. Por eso esa especial xenofobia tabasqueña contra todo lo que huela o parezca ibérico. Y claro, todo menos los vascos. Pero un mexicano de origen español fue el blanco favorito de AMLO a partir de 2007; Juan Camilo Mouriño. Todos recuerdan la ferocidad lanzada por “el movimiento soy yo” contra Mouriño, a quien con mentiras se hizo ver como el depredador español del petróleo mexicano. Y quieran o no, les guste o no, todo ese odio lanzado por AMLO contra lo que parezca, huela, sea o no español, vacunó al gobierno y al estado españoles, al grado de convertir a Calderón en una suerte de héroe frente al peligro “legítimo”.

aleman2@prodigy.net.mx

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PERFIL
 
Apasionado del periodismo, así explica el autor su dedicación de más de 10 años a este espacio donde se afana en traducir, aclarar y revelar los entretelones de críptico ámbito que es la política. Su trabajo requiere análisis, conocimiento y paciencia para poner en su lugar las piezas del acertijo. Le intriga también la literatura, aunque asegura que ninguna novela es más interesante que la realidad política.
 
 
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