Buscar en:
  
   
    México y el mundo
Juan María Alponte
12 de junio de 2008

Las guerrillas colombianas sin ‘Marulanda’

En 1948 se celebró en Bogotá la Conferencia de los Estados Americanos y, a la vez, la Conferencia de los Estudiantes Latinoamericanos. En la delegación cubana figuraba un joven universitario llamado Fidel Castro. Decidieron visitar al más famoso líder colombiano: el liberal de izquierda Jorge Eliécer Gaitán. Orador extraordinario, Gaitán, representaba una opción popular. El 7 de febrero había presidido una manifestación —se dijo que la más grande que recordaba Bogotá— pidiendo al presidente Ospina (conservador) que cesara la violencia ciega que se apoderaba del país… y que continuaba, trágicamente, las terribles guerras civiles del siglo XIX. El discurso de Gaitán fue relevante. Lo tituló así: “Oración por la paz”. Cuando los estudiantes cubanos le vieron en su despacho entregó, a Fidel Castro, ese texto histórico. Primer encuentro. Gaitán aceptó verlos dos días después: el 9 de abril.

En aquella jornada los cubanos recorrieron pronto la ciudad y a la hora prevista se dirigieron a la cita. Cuando llegaron la ciudad era un grito: Gaitán acababa de ser asesinado. Así se produjo el bogotazo. Una rebelión violenta que salió a las calles no con la Oración de la paz, sino la guerra. Se repetían, como testimonio, unas palabras de Gaitán que parecían, en aquel momento, proféticas: “Si avanzo, seguidme; si retrocedo, empujadme; si os traiciono, matadme; si muero, seguidme”. Así fue. Un gigantesco frenesí. Castro diría a Franqui que, por vez primera, tomó un fusil y salió a las calles.

Se inició una nueva guerra civil. Las elecciones de 1949, polarizadas, fueron, sin más, una confrontación implacable entre conservadores y liberales. La sangre de los hombres se elimina con mangueras de las banquetas; queda, perdurable, en las conciencias. Eso pasó en Colombia que conocía esa historia. La elección del conservador Laureano Gómez se consideró ilegítima. Fue un callejón sin salida. La crueldad y la violencia de las dos partes reeditó el pasado. Los años 50 harían de la violencia una institución. Jean-Aimé Stoll, director adjunto del Programa de Desarrollo de la ONU para Colombia explicaría, en su ensayo L’étiologie de la violencia colombienne, la magnitud del fenómeno. Señala: “El Partido Conservador y el Liberal se han confrontado, salvo algunos periodos, desde la liberación de Colombia”. Pero, añade: “El asesinato de Gaitán provocó un levantamiento general. Bogotá ardió y no dudó que por una lluvia torrencial se ahorró (a la ciudad) una destrucción total… El país entero fue amenazado por la guerra civil…”. Al margen de las exageraciones lo que no hay duda es que se generaron, con el “narco” en la retaguardia o la vanguardia, los movimientos guerrilleros que como el Ejército de Liberación Popular, el M-19 y las FARC (1964) plantearon al país choques inmensos. Hicieron posible la muerte de más de 350 mil colombianos.

Finalmente, el movimiento guerrillero más fuerte, el dirigido por Manuel Marulanda, Tirofijo (Pedro Antonio Marín) se encuentra en el trance histórico de tener que asumir una nueva realidad. El fallecimiento, en marzo, de Marulanda (ataque cardiaco a los 78 años) con la muerte de Reyes en el bombardeo de Ecuador y la defección de guerrilleros importantes y de la base, replantean —con la mirada dramática en los secuestros desde años— una imperiosa necesidad de encuentro: el fin de las armas y la paz. Ojalá que no ocurra como con la Oración de la paz de Gaitán. El gobierno de Uribe tiene que encontrar un modelo de negociación que, al contrario de las veces que se intentó sin soluciones, recondicione la vida de la nación, como Estado, y de la sociedad civil como columna vertebral del Estado. La memoria de Jorge Eliécer Gaitán y los secuestrados vive en la historia. Nunca más.

alponte@prodigy.net.mx

 
BÚSQUEDA
Autor:  
Columna:
 

PERFIL
 
Profesor titular de la FCPyS de la UNAM, escritor y periodista. Ha colaborado en periódicos y revistas nacionales e internacionales. Ha escrito 37 libros, entre los que destacan Retrato de una Familia Babélica; las biografías de Colón y Lenin; Historias en la Tierra y Los Liberadores de la Conciencia.
 
Columnas anteriores
 
El Pantheon de las letras doradas 2008-06-11
 
Bob Kennedy en el silencio de la memoria 2008-06-10
 
La violencia es indisociable del silencio 2008-06-08
 
La FAO: ¿puertas abiertas a Malthus? 2008-06-06
 
Obama: urge cauterizar el drama 2008-06-05
 
 
- A   A   A +
El UNIVERSAL | Directorio | Contáctanos | Código de Ética | Avisos Legales | Publicidad | Mapa de sitio
© Queda expresamente prohibida la republicación, parcial o total, de todos los contenidos de EL UNIVERSAL