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Claudia Pérez
09 de junio de 2008

Dejarse afectar sin salir herido

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Con ellos podemos demostrar inclinación especial por alguien; reaccionar al cariño y ser vulnerable ante manifestaciones sentimentales.

Para dejarnos afectar, necesitamos estar abiertos al cambio; cerrados, nuestra sensibilidad se verá atrofiada lentamente hasta que nadie pueda hacernos daño, pero tampoco podremos sentirnos queridos.

Afecto proviene del latín affectare, que significa “tener efecto sobre algo”. Lo que nos afecta también nos importa, conmueve a nuestro ser y se vuelve extraordinario. A través de los sentidos percibimos sensaciones que impactan nuestra mente, alteran nuestras emociones y transforman nuestro espíritu.

Cuando alguien nos inspira confianza, cerramos los ojos y abrimos el corazón para dejarnos tocar emocionalmente, permitiendo que se manifieste nuestra sensibilidad.

El riesgo de tener una permanente estabilidad emocional es quedar estancados en la inmadurez. No se trata de ser voluble, pero sí de conservar un estado de ánimo flexible, precavido, más no protegido.

Clausurar una ventana para que no entren moscas es impedir también que pase la luz. Si tenemos miedo de que nos lastimen, estamos bloqueando una extensa gama de sentimientos previos al amor.

Inevitablemente, nuestros pensamientos y acciones repercuten en el ambiente; estamos destinados a ser afectados hasta la muerte, aunque la aceptación o rechazo del entorno sea absolutamente voluntaria.

No siempre quien hace daño, la paga; ni quien da afecto, es correspondido. Mientras exista un conflicto, la vida cobra sentido; si todo fuera perfecto, no encontraríamos razones para seguir vivos.

Factus ad (hecho) en una sola palabra nos da affectus, participio de afficio (raíz etimológica de afición), convertido en sustantivo viene a ser “afecto” y su significado es “hecho en dirección a”, “dispuesto a”. Quien posee esta cualidad “se ha hecho para” la persona de su inclinación, por eso, afectar se comprende como una forma de amar o salir lastimado. Quintiliano decía que hay dos clases de afecto: el que nos retiene y el que nos corrompe.

Los amantes sufren cuando se pierde el afecto, se dañan mutuamente al dejar de pertenecerse, pero se restablecen cuando inclinan sus sentimientos hacia alguien más.

lahojaenblanco@gmail.com

 
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PERFIL
 
Es periodista, conductora y actriz egresada del Centro de Educación Artística de Televisa, su nombre artístico es Claudia Cervantes, con el que a veces publica.

Estudió periodismo en la Escuela Raúl del Campo en la Ciudad de México, así como Guionismo y Producción en la Universidad de los Angeles California. Tiene dos diplomados en Desarrollo Humano Integral que cursó en la Fundación México Unido.

Es originaria de Morelia, fue Señorita Michoacán en 1998 y La Modelo del Año en 1996. Ha sido autora de canciones y tenido participaciones en cine, teatro, radio y televisión. En el 2002 fue conferencista en la Semana de la Comunicación del Tecnológico de Monterrey Campus México. Fue conductora del programa guía de Padres y de Espacio Cine 2006 en Culiacán.

Actualmente escribe la biografía del destacado empresario mexicano Isaac Saba Raffoul, colabora para El Universal y El Provincia de Michoacán. Sus columnas profundizan temas esotéricos, de la mujer y el desarrollo humano.

 
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