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Disfunción eréctil
Algunos pueden creer que con la llegada de medicamentos para la disfunción eréctil el problema quedó atrás, pero no es así. No es un episodio aislado en la vida de los varones, sino un problema que puede convertirse en una constante si no se atiende adecuadamente. En esta cultura de la rapidez, donde cocinamos en horno de microondas y hacemos sopas instantáneas y todo es rápido, rápido, en muchas ocasiones atendemos nuestra salud con la misma óptica, es decir, con velocidad. Entonces, un varón que sabe de la presencia de esta disfunción sexual, se limita a tomar la “pastilla mágica” y resuelve aparentemente su problema y ya. Incluso, cuando se habla de “regalar a los viejitos su pastillita azul”, se está fomentando de manera directa la evasión de un problema que puede tomar dimensiones de salud pública. Se habla de que en México existen alrededor de 6 millones de hombres con disfunción eréctil, se afirma que uno de cada dos varones mayores de 40 años la padece, y que esta puede ser el síntoma de enfermedades que de no ser atendidas pueden tener graves consecuencias en quien la padece. Esto se ha comentado en numerosas ocasiones, pero no ha tenido la atención necesaria. Si un hombre presenta de manera constante la incapacidad para sostener una erección que le permita tener una relación sexual satisfactoria, puede ser producto de una diabetes, de sus altos niveles de colesterol, de su hipertensión arterial u otros padecimientos cardiovasculares. Aquí podríamos incluir también a la depresión. La pastillita, en cualquiera de sus tres presentaciones en México, le dará la erección temporal, pero no le impedirá que el verdadero mal avance. Acto irresponsable Cuando leía hace unas semanas que un diputado proponía pastillitas para todos los viejos, lo único que podía pensar era en su irresponsabilidad. Si bien estas nuevas sustancias presentan un buen margen de seguridad, tienen contraindicaciones que deberán analizarse con cada caso en particular. Además, la sexualidad de los varones no puede limitarse a una simple erección, la riqueza del encuentro va más allá. Las personas de la tercera edad tienen derecho a vivir con una mayor calidad de vida integral y su felicidad no puede dárselas una simple sustancia química. Antes de repartir pastillas, es necesario crear una cultura de la salud, y particularmente de la sexual. Hay que crear conciencia en los hombres para que acudan al médico cuando sospechen de un mal funcionamiento, cuando noten que el rigor de sus erecciones y el tiempo de permanencia disminuye. Deben estar seguros que no son los únicos en padecerla y que no es motivo para guardar silencio. La mejor compañera En estudios recientes se encontró que la pareja juega un papel muy importante para que el varón con disfunción eréctil asista a la consulta médica. Ella es quien puede facilitar el camino para evitar la automedicación y encontrar una mejor solución. Esta disfunción sexual se vive con mucha vergüenza, un buen número de hombres sienten que su identidad está en juego, sienten que su masculinidad puede estar en cuestionamiento, llegan incluso a expresar que “ya no se sienten hombres”, o que “fallan como varones”. Un negocio Es curioso ver cómo cuando apareció el primer intento para la solución de la disfunción eréctil, aparentemente nadie padecía nada, pero las ventas fueron muy altas, alcanzaron niveles casi inesperados. Y el negocio sigue, pero lo que en verdad se requiere es impulsar la cultura de la consulta médica, la comunicación con la pareja, el tomar la responsabilidad de un problema sexual que requiere de atención, y no de un milagro. |