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    Artes Visuales
Mónica Mayer
06 de junio de 2008

La madre pródiga

La exposición La madre pródiga de Daniel Lezama (México, 1968) me redujo a mi nivel de espectadora elemental:

Me conmovió y me dejó sin palabras. Me sedujo y me aterrorizó. Me desarmó. Me sentí incapaz de escribir sobre su obra.

Curada por Erick Castillo, esta muestra incluye 40 obras de quien es, a todas luces, un gran artista:

Su virtuosismo como pintor y la composición de sus cuadros me dejaron boquiabierta y con el ojo cuadrado.

Me deslumbró su inteligencia. Sus cuadros están tan llenos de referencias sobre las cosmogonías prehispánicas, la historia nacional, la realidad política y social del país, la cultura popular, la literatura, las relaciones familiares, la mitología, la fotografía, la religión, los rituales, el poder, el dolor, las diversas representaciones de lo mexicano, al medio artístico, al arte y a tanto más, que mi cerebro se pasmó. Alegorías, narraciones, intuiciones y esencias.

No sé cómo le hizo. Egresado de la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM, Lezama estudió en los 90 cuando la pintura y su enseñanza ya enfrentaban una crisis monumental. Aún así es evidente que conoce a fondo a grandes pintores como Rembrandt, Caravaggio, Goya, Courbet, Ingres, Hopper, Freud y Orozco. En su obra están todos y ninguno.

La sensualidad de algunas de sus pinturas me hizo sonreír. La genitalidad directa de muchas otras me hizo soltar varias carcajadas. La violencia sexual implícita y explícita a lo largo de la exposición me dolió.

La carnalidad es una constante en su obra. Quizá a algunos los espante. A mí no. Lo que me pareció casi impúdico es la manera que tiene de desnudar lo humano. Eso que algunos llamarían el alma.

Inocencia y perversión. La noche y el día.

Lezama es una voz independiente en un medio artístico que está padeciendo los embates de la homogeneización global. Es una voz crítica en un país de verdades a medias, ahogado en maniqueísmos. Es un artista que no sabe ser complaciente.

· Me sacudió la patria.

· Me sorprendió la respuesta del público en la exposición: solos o acompañados, los visitantes hablaban sobre lo que entendían de la obra. Le preguntaban a los custodios sobre el artista. Expresaban su admiración. Descubrían. No se sentían intimidados por la obra, que es impactante, sino maravillados. Se regresaban para a volver a ver los cuadros una segunda y tercera vez.

· Su humor corrosivo me encanta.

· La forma en la que juega con la monumentalidad en sus obras me deslumbra, pero la monumentalidad de su propuesta hace que se me corte el aliento.

La madre pródiga estará abierta al público hasta el próximo 29 de junio en el Museo de la Ciudad de México (Pino Suárez esquina con República del Salvador). Los miércoles la entrada es gratuita.

Si no la ha visto todavía, realmente le recomiendo que no se la pierda. Quizá sea la mejor exposición del año.

Si de plano le es imposible asistir, hay una página sobre la exposición muy bien diseñada en la que puede darse idea de lo que infructuosamente estoy tratando de expresar:

http://www.lamadreprodiga.com.

pintomiraya@yahoo.com

 
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PERFIL
 
Mónica Mayer quiere seducir al público para que se acerque a las artes visuales, que dice, han sido relegadas a nivel educativo y en los medios de comunicación. En contraste con esa necesidad de llamar la atención, la autora confiesa que cuando escribe nunca piensa en sus lectores, pues "me pondría muy nerviosa de saber que alguien la está leyendo". Lleva más de 15 años con esta tarea.
 
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