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La FAO: ¿puertas abiertas a Malthus?
En 1798 un clérigo de familia ilustrada, competente universitario, rico por su casa y casado con familia feliz, escribió un libro polémico (“pólemos” en griego tiene una acepción de “guerra”) en tanto que el segundo nombre de Octavio Paz fue Ireneo. En griego, pacífico. Nuestro Paz es dos veces paz. El clérigo, Malthus, observó que las familias pobres crecían más rápidamente que las ricas y llevó a su libro una hipótesis que, científicamente, no se cumpliría, pero que ha golpeado la conciencia universal: que la población crece geométricamente (2-4-8-etcétera) y que los alimentos se incrementan aritméticamente, esto es, 1-2-3-4 y sus etcéteras. En suma, estábamos condenados al hambre. En el siglo XIX, Karl Marx coincidió con Malthus, pero más duramente que el clérigo, en algo incendiario: que “el lecho de la miseria es el lecho de la procreación”. Todavía no se conocía el preservativo. La Iglesia ha sido incapaz de asumirlo. Marx afirmó que la ciencia y el Estado, juntos, liquidarían el “maltusianismo reaccionario”. La verdad es que la ciencia fabricó las transnacionales y el Estado fue privatizado (hace años que escribí el libro La privatización del Estado-nación) por lo cual es una fantasía teológica la idea de que el petróleo puede ser “privatizado” cuando, antes, fue privatizado el Estado y los precios son decisiones del sistema financiero. Se descubrirá con el retraso habitual. Como se descubre ahora que Greenspan es el responsable del caos. La inmensa carga publicitaria sobre el “mago” Greenspan ha terminado en el cuarto de los trastes y los más grandes directores de los bancos mundiales han salido por la puerta de servicio, pero enriquecidos en términos inauditos. Los agujeros negros que dejan detrás son impresionantes. Nadie, en la puerta de servicio, les exigió cuentas. Hubiera sido encarcelar al sistema. Ante la crisis alimentaria y la elevación, paralela, de los precios el fantasma maltusiano del hambre está en escena. En consecuencia, la FAO abre sus grandes aranceles de Roma —su sede y recién llegado Berlusconi al poder— con una Conferencia Internacional. Le correspondió abrirla, solemne, al estadounidense Robert Zoellick, que es el director del Banco Mundial, agradeciendo al secretario general de la ONU, al director de la FAO y al primer ministro de Italia la puntualidad de la Conferencia para resolver los problemas alimentarios. Lo curioso es que, Zoellick, como todos los grandes funcionarios (su estado natural es la ceguera) olvida que alguno de los miembros de la ONU, como es el caso de Olivier de Schutter, ponente especial de la ONU para el Derecho a la Alimentación, no ha dudado en señalar la responsabilidad del Banco Mundial. Confío en que los colaboradores de Mr. Zoellick le hayan pasado las declaraciones de Schutter a Le Monde (3 de mayo): “Mr. De Schutter prédit la fin de la nourriture a bas prix”, “Predice el fin de la alimentación a precios bajos”). El ponente del Derecho a la Alimentación señalaba: “La responsabilidad (traduzco a la letra) es de las instituciones financieras internacionales que durante 20 años han subestimado, gravemente, la necesidad de invertir en la agricultura, como el Banco Mundial ha reconocido en 2007”. Añadía que “los planes de ajuste del Fondo Monetario han lanzado a los países más endeudados, netamente del África subsahariana, a desarrollar culturas de la exportación y a importar los alimentos que ellos consumen. Esa ‘liberalisation’ les ha hecho vulnerables a la volatilidad de los precios…”. Helos inaugurando las conferencias para “resolver” los problemas que ellos mismos crearon desde los sillones, de cuero repujado, instalados en una burbuja de aire. La misma en que vivió, olímpico, pero sin Atenea, diosa de la sabiduría, Greenspan. alponte@prodigy.net.mx |