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Financiamiento del desarrollo
De acuerdo a como lo estipula la Constitución y la Ley de Planeación, el gobierno ha dado a conocer su Programa Nacional de Financiamiento del Desarrollo (Pronafide) 2008-2012. De manera sencilla, este documento es el que establece las políticas y mecanismos que harán posible financiar, de manera sustentable, el programa de gobierno para la administración en curso plasmado en el Plan Nacional de Desarrollo y que deberá reflejarse en un crecimiento para nuestra economía en los próximos años. En términos muy generales, lo que ha propuesto esta administración es realizar las acciones necesarias que permitan que nuestro país registre tasas de crecimiento real entre 5% y 6% anual hacia finales de este periodo, esto es, hacia 2012. Dos son las vertientes centrales en las que descansa el Pronafide: a) mantener finanzas públicas saludables y estables, y b) generar el entorno y condiciones adecuadas para lograr un aumento en el ahorro de nuestra economía. Independientemente de los problemas estructurales que enfrentan las finanzas públicas y que las últimas modificaciones fiscales no han logrado resolver como se quisiera, todo parece indicar que el objetivo de mantenerlas estables no será problema en los próximos años, en buena parte gracias a los mayores ingresos petroleros que seguramente se mantendrán en el corto y mediano plazo. El punto más complicado es el referido al ahorro, pues la experiencia en los últimos años relativa a las políticas para promoverlo no han arrojado los resultados esperados. De acuerdo a la teoría, el ahorro son los recursos generados por los agentes económicos para financiar la inversión, lo que permitirá un mayor crecimiento. En una economía abierta, como la nuestra y la de la mayoría de los países, estos recursos pueden ser mayores a los requeridos o insuficientes. En este último caso (que es el nuestro), el ahorro generado por la economía se complementa con recursos externos (ahorro externo). La suma del ahorro externo y del ahorro interno constituye el ahorro total de una economía. Por cierto, hay que mencionar que en la teoría no existe un consenso en la causalidad entre ahorro-inversión-crecimiento. Algunos planteamientos señalan que es necesario aumentar al primero para provocar mayores tasas de los otros dos, mientras que otros planteamientos sugieren que una mayor inversión generará su propio financiamiento. En todo caso, existe suficiente evidencia empírica sobre un círculo virtuoso entre estas tres variables que se ha presentado en diversos países con magníficos resultados, por lo que independientemente del debate teórico, queda claro que muchos países quisieran formar parte de este círculo virtuoso, por lo que hay que considerar ambas variables. En esta nota hago referencia al ahorro. Regresando al ahorro interno, este se compone del ahorro generado por el sector público (ahorro público) y por el sector privado (ahorro privado), el cual por cierto es el componente de mayor peso en el ahorro total. En la medida que se mantienen finanzas públicas sanas se atiende el problema del ahorro público. Pero las políticas públicas no pueden afectar directamente al ahorro privado, sino sólo estimularlo o incentivarlo. Y es en este punto donde los resultados no han sido los deseados. Recordemos que este objetivo ha estado presente en los programas de administraciones pasadas, pero incluso en el caso del gobierno de Zedillo fue un aspecto al cual se le dio especial énfasis. El punto es que el ahorro total de nuestro país en 2007, de acuerdo a cifras oficiales, representó 22.5% del Producto Interno Bruto (PIB). El ahorro externo se ubicó en 0.8% del PIB, mientras que el ahorro público lo hizo en 3.3% y el privado en 18.4% del PIB. Estas cifras son muy similares a los promedios observados en los últimos 15 años, aunque obviamente han existido fluctuaciones. Por ejemplo, a principios de los 90 el ahorro externo llegó a representar 5% del PIB, mientras que el privado disminuyó por debajo de 15% del PIB. Lo que está planteando el Pronafide es alcanzar para 2012 una tasa de ahorro total de 25.5%, aumentando el ahorro privado a 19.6%, el público a 4.1% y el externo a 1.7%. Aun en este caso las tasas no resultan muy altas. Sólo como ejemplo hay que ver que países como Corea o Singapur mantuvieron un ahorro superior al 30% del PIB entre 1980 y 1995 para crecer a una tasa promedio anual superior a 6%. También resulta interesante ver que se espera un aumento moderado en el ahorro privado, reconociendo las limitaciones de nuestra economía en este sentido. Resulta preocupante que en todos estos años no se haya logrado encontrar los mecanismos adecuados que permitan incentivar una mayor frugalidad en nuestra población. Este seguirá siendo un tema pendiente en la agenda de investigación académica y en la discusión y elaboración de políticas públicas adecuadas que permitan dar en el blanco. alejandro.villagomez@cide.edu |