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Alcocer: falsas razones
El pasado 22 de mayo titulamos así el Itinerario Político: “Alcocer: ¡va, porque va!”. Explicamos que en la segunda tanda, el talentoso Jorge Alcocer sí sería parte de los consejeros del IFE y que su retiro como aspirante a presidir el Consejo General había sido una estrategia de ese “mastodonte político” que es su patrón, Manlio Fabio Beltrones. Beltrones “se guardó a Alcocer” y al dejar pasar como presidente del IFE a Leonardo Valdés, la carta del PRD, aseguró la permanencia de Alcocer, aunque fuera en la segunda tanda y como simple consejero, porque la presidencia formal es de los amarillos. Bueno, es un decir. El tiempo y el andar “acomodarán las calabazas” en esa carreta que es el IFE. Lo curioso es que el pesado lunes, cuando muchos esperaban que Jorge Alcocer enfrentaría feroz batalla de las fieras diputadas Valentina Batres y Layda Sansores —la señora Batres es congruente con su formación de izquierda radical, pero la señora Sansores es un caso de diván, que no asumió perder el reinado tropical cuando su padre dirigía el PRI nacional—, todo terminó en una farsa más. Sí, ooootra farsa. ¿Por qué? Pues porque salió el peine. En efecto, las fieras diputadas fueron sometidas por intereses superiores. ¿Qué...? Está claro que Alcocer es el político más reconocido en la cosa electoral. Pero también un conocedor profundo de los intríngulis de la reforma electoral pactada hace meses entre PRI, PAN y PRD. ¿Y qué creen? Pues sí, Alcocer llegó a la pasarela de los diputados con una granada de mano en el pecho. Granada, ¡claro!, ya sin espoleta. Y ¡ay de aquel que lo golpeara! Más aún, cuando las señoras Batres y Sansores intentaron empujar, soltó tímidas advertencias de lo que haría estallar; la reforma también la hicieron los leales a AMLO. Al final hasta lo aplaudieron. En realidad, todo lo anterior es puro anecdotario. Lo preocupante y grave, porque viene de quien será consejero del IFE, es que Alcocer regresó al tema de la restricción a la libertad de expresión, con argumentos nada dignos de su cacareada inteligencia. Van algunas perlas. En su artículo de Reforma de ayer, Razones, dice que la reforma al 41 constitucional no es una restricción a la libertad de expresión, sino “una violación a la ley de mercado”. O sea, existe violación a garantías básicas. Pero sigue siendo peccata minuta. Luego dice que la prohibición a los particulares para comprar en tv y radio spots con propaganda políticoelectoral ya existía desde la reforma de 1993, pero que ahora esa reforma fue llevada a la Constitución “para evitar conflictos de interpretación sobre su validez”. Es decir, para que no cuestionen una ley inconstitucional, la llevamos a la Constitución. ¿Qué tal? Reveladora confesión. Acaso porque era vergonzoso, Alcocer jubiló el argumento que empleó al defender el mismo tema en su artículo de Reforma (27-II-2007) —que aquí respondimos en el Itinerario Político (29-II-07)—, pero el que emplea ahora lo revela como usuario de la carretera de la estupidez. Dice: “Si el líder de una organización empresarial o de la sociedad civil es invitado a un espacio noticioso para expresar sus opiniones y críticas, lo puede hacer sin limitación alguna. Lo que no debe hacer es pagar para que su opinión aparezca publicada. Pagar por criticar o por elogiar no es práctica democrática”. ¿Se habrá dado cuenta Alcocer de la barbaridad que escribió? ¿De veras cree Alcocer que es lo mismo pagar para que una opinión pase por los medios, radio y tv; que “pagar por criticar o por elogiar? Ya se olvidó Alcocer que en 1988 los señores Manuel J. Clouthier y Cuauhtémoc Cárdenas no entraban a la radio y a la tv ni pagando; que el primero era un líder empresarial de derecha, potentado como pocos entonces y que su lucha fue precisamente por ser escuchado; que el segundo, un líder social también con un fuerte capital económico y político, que junto con el primero se manifestaron frente a Televisa para abrir la televisión a todas las expresiones, sin necesidad de pagar. La ley que defiende Alcocer, que no es más que la cancelación de una forma de libertad de expresión, es la misma libertad que reclamaban Clouthier y Cárdenas en 1988. Pero hay más. Ponga cuidado a lo siguiente que explica Alcocer: “Contra lo que se afirma, la reforma empareja y expande el terreno para el ejercicio de la libertad de expresión. Si lo que opina cualquier ciudadano u organización resulta, a juicio de un periodista, de interés para la sociedad, tiene todo el derecho de invitarlo, sin cobrar”. ¿A poco no el futuro consejero del IFE coquetea con la estupidez? Vamos por partes. Dice Alcocer que lo que no debe hacer el líder de una empresa o sociedad civil es pagar para que su opinión sea publicada. ¿Entonces qué va a hacer para que su opinión sea conocida por radio o tv? ¿¡Qué será… qué será!? ¡Ya está…! El propio Alcocer da la respuesta. ¡Claro… el asunto está en manos de esos modernos censores: los periodistas —el periodista que sea, para que la cosa sea democrática—, ya que según Alcocer: “Si lo que opina cualquier ciudadano y organización resulta, a juicio de un periodista, de interés para la sociedad, tiene todo el derecho de invitarlo”, ¡claro...! sin cobrar. Es decir, serán los periodistas, o las cadenas de radio y tv —patrones de los periodistas—, los que decidirán qué sí y qué no es importante para la opinión pública, de lo que digan los grandes líderes de empresa o de lo que sea. Pero además, esos periodistas decidirán si la opinión del líder empresarial debe o no ser difundida. ¿Qué tal con el genio de la cosa electoral? Pero insistimos: ¿Se habrá dado cuenta Alcocer de las torpezas que escribió, de las falsas razones que defiende? Claro, lo suyo es consigna de temporada para eliminar libertades básicas en democracia, como la expresión. El 29 de noviembre de 2007 así concluimos el Itinerario Político en el que respondimos a Alcocer: “No, señores Beltrones y Alcocer, no es un asunto de ricos o pobres, sino de gobiernos autócratas o demócratas. Y ustedes están por el primero”. Van por un gobierno autócrata. Y si no, al tiempo. aleman2@parodigy.net.mx |