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¿‘Legítimo’ o paraestatal?
AMLO convirtió a su “movimiento” en una grosera empresa vividora del dinero público Pero eso parece que no le importa a nadie. Claro, a nadie de la izquierda lopezobradorista Hace por lo menos tres décadas, cuando aparecieron los primeros signos de la decadencia del PRI, los gobiernos en turno decidieron fabricar su propia oposición de izquierda y le dieron vida artificial a partidos como el PPS y el PST, en tanto que al sector militar se le dio una salida partidista con la creación del PARM. Esos tres partidos: Popular Socialista, Socialista de los Trabajadores y Auténtico de la Revolución Mexicana eran motejados por todos —pero de manera especial por la llamada izquierda mexicana— de partidos paraestatales, en alusión a que mantenían unido su cordón umbilical del dinero con los propios gobiernos priístas en turno. El PPS, el PST y el PARM eran, por allá de la segunda mitad de los 70, la burla de la izquierda que venía, por ejemplo, del Partido Comunista y del trotskista PRT. ¿Y por qué eran la burla? Casi nada, porque eran una farsa de partidos políticos que por lo bajo recibían dinero público, en tanto que también se les repartían migajas del poder, fuera en el Congreso federal, en los congresos locales o en alcaldías de pequeñas rancherías. Bueno, el contubernio de esa peculiar simbiosis entre partidos opositores y dinero público llegó a niveles de escándalo cuando en una ocasión el PPS le ganó al PRI su primer gobierno estatal, el de Nayarit. Y el entonces jefe político del PRI, Porfirio Muñoz Ledo, canjeó ese gobierno por una senaduría para el jefe del PPS, Jorge Cruickshank. De esa manera, el Senado se abrió por primera ocasión a los opositores. Eso ocurría hace casi tres décadas. En realidad, los paraestatales eran partidos que eran útiles para toda clase de “chanchullo” del poder, como fue el caso del PARM, que sirvió para amparar la primera salida de Cuauhtémoc Cárdenas y Muñoz Ledo del PRI. Y eran tan útiles que hasta Carlos Salinas decidió crear su propio partido paraestatal: el Partido del Trabajo. Al final de cuentas, el Frente Democrático Nacional (FDN) y el PRD surgieron precisamente de una mezcolanza de los paraestatales el PPS, el PARM y el PST con las corrientes de la izquierda como el PSUM, el PMT y el PRT. Y viene a cuento la historia porque en su edición del pasado domingo la revista Milenio documentó una parte del financiamiento del llamado “gobierno legítimo” de Andrés Manuel López Obrador. En realidad la publicación les puso nombres y apellidos a los perredistas que confirmaron lo que todos dentro y fuera de las fronteras amarillas sabían: que el “gobierno legítimo”, que su “presidente legítimo”, que “el movimiento soy yo” es financiado con dinero público. Dinero que lo mismo sale del Congreso federal que de los congresos estatales en donde los amarillos tienen mayoría, que de alcaldías, gobiernos estatales y del Gobierno del DF. ¿Y quién lo iba a creer? Al empezar a destaparse la cloaca del origen del dinero que aceita al “movimiento” del legítimo, perredistas que se quejan de transas, de abusos, de dinero que quién sabe a dónde va a parar; de viajes, salarios, viáticos que todos saben de dónde salen pero nadie conoce a dónde llegan. La “honestidad valiente” en su apogeo; una cloaca igual que la elección interna del PRD. El señor Andrés Manuel López Obrador convirtió a su “movimiento”, o, si se quiere, convirtió “al movimiento soy yo” en una grosera empresa paraestatal vividora del dinero público —idéntica a las que construyeron el PPS de Cruickshank, el PST de Aguilar Talamantes y el PARM— que no sólo vive de las legales aunque insultantes prerrogativas que entrega el IFE a los partidos, sino de un subsidio público que sale de congresos, gobiernos y gestiones amarillas. Aquí y en muchos otros espacios se ha cuestionado el origen y el destino del dinero con el que se financia un movimiento político electoral como el de AMLO; se han exhibido evidencias de que los gobiernos estatales del PRD sirven para ese financiamiento; se ha comprobado que existe todo un ejército de operadores en torno “al movimiento soy yo”, cuyas nóminas se pagan en dependencias del GDF y que trabajan para la organización, la logística, los viajes y los viáticos del líder del movimiento. Pero eso parece que no le importa a nadie. Claro, a nadie de la llamada izquierda lopezobradorista. ¿Se imaginan si el escándalo de gobiernos y congresos que financian a un líder político fuera comprobado en la derecha panista o en la derecha del tricolor? Los amarillos y sus intelectuales orgánicos, sus medios panfletarios, sus fieles ya habrían puesto el grito en el cielo, igual que pusieron el grito en el cielo cuando el gobierno de Jalisco financió a los cristeros, pero se hicieron guajes cuando AMLO le regaló a Norberto Rivera los terrenos de la plaza Mariana, para tenerlo de su lado. Lo que estamos viendo al comprobar que el liderazgo de AMLO, que su “movimiento” y su presidencia “legítima” no son más que groseras expresiones paraestatales, uso de dinero público y es una muestra más de que ese sector del PRD no es más que una copia del viejo PRI. Y claro, aún existen despistados que le llaman izquierda. En el camino Por cierto, el PRD aplicó un delicado control de daños a la comparecencia de Jorge Alcocer en la pasarela para seleccionar a los nuevos consejeros del IFE. Y sabedor de las cartas que manejaba, Alcocer mostró la punta, la puntita de la madeja. Les dijo a las fieras, que sólo enseñaron los dientes que la ley electoral y la caída del IFE fueron elaboradas por reputados lopezobradoristas. ¿No que no? ¿Y qué creen? Santo remedio. Lo dejaron pasar. De risa la complicidad. ¿O no?... Por cierto, todos debemos estar de fiesta. Por fin, Notimex ya es la agencia de noticias del Estado mexicano. Ya no más la empresa informativa del gobierno en turno. Felicidades a Sergio Uzeta y colaboradores. aleman2@prodigy.net.mx |