|
Aprender a manejar el resentimiento
. El simple hecho de pensar que alguien recibirá un castigo por haber obrado mal en contra de una entidad individual o colectiva, nos brinda una sensación de justicia. “Sacrificarnos por el bien ajeno es una actitud humillante, pasada de moda, porque este mundo es de los vencedores”, ese es el mensaje que circula en los medios. Los valores han cambiado, pero la esencia humana sigue siendo la misma y creo que hasta los asesinos sienten pena por el mundo que hemos construido. El odio crea una cadena hasta que alguien lo despersonaliza, cuestionándose si merece desgastarse por algo que pertenece al pasado, y lo disuelve. Historias románticas y trágicas, llenas de personajes pasionales, reflejan el sentir de cada época. La obra de Romeo y Julieta no tiene fecha de caducidad, sino adaptaciones en la realidad a distintos apellidos de familias, como continentes en el planeta. Nos sentimos decepcionados cuando un ser querido nos defrauda, confronta o abandona; sin embargo, tratamos de comprender y perdonar para sanar la relación. Personas más racionales que impulsivas se toman un tiempo antes de reaccionar al daño. Podemos evaluar qué tanto queremos a esa persona en nuestras vidas y según la reflexión, sabremos como reaccionar en defensa ante el dolor. Pero quienes son más impulsivos, buscarán la forma de vengarse al no lograr manejar el resentimiento. Supongamos que el padre de tus hijos te maltrata, pero ellos viven con él, ¿serías capaz de quemar su casa? Muchas veces las demandas legales no proceden porque alguien goza negativamente de poder. Herimos porque vivimos con la conciencia alterada, viciados por la incomunicación que destruye la armonía. Si alguien te lastima deliberadamente, seguramente se activarán tus reflejos para defenderte. Quedarte inmune, reflejaría una insensible debilidad porque ante todo está tu seguridad y el honor. Podemos desafiar a un rival para desquitar alguna derrota, pero esta batalla es frontal y abierta; de lo contrario, estamos siendo maquiavélicos y buscamos sanar el ego dañando al otro. En algunos casos, la mesa está puesta para ajusticiar al enemigo, pero no se tiene el suficiente coraje para ejecutar en su contra, con todas las de la ley, por temor a futuros desencuentros y muchas veces por protección de aquellos quienes están cerca de nosotros, pues se vuelven puntos vulnerables de ataque. “La venganza eterniza los odios” dijo Confucio. Antes de llevar a cabo el plan que tienes en mente pa-ra desquitarte de quien te hizo pasar un mal momen-to, piensa en la frase de Tertuliano: “¿Quieres ser feliz por un instante?, ¡véngate!, ¿quieres ser feliz siempre? ¡perdona!”. lahojaenblanco@gmail.com |