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Precios relativos, inflación, ‘overshooting’ y política económica
Si el fenómeno de incremento en precios de granos y petróleo es sobre todo monetario, el principal actor para la política económica volvería a ser Banxico El incremento exponencial de los precios de materias primas en los últimos meses se ha convertido en, quizá, el mayor reto de política económica para los gobiernos de un buen número de países. México no está exento al impacto de estos cambios. Es claro que el incremento de precios responde a múltiples causas, que varias de ellas están relacionadas a políticas públicas y el impacto del incremento en precios en el resto de la economía dependerá en mucho de qué hagan los gobiernos. Este nuevo episodio inflacionario es también una oportunidad para consolidar la robustez macroeconómica del país si se toman las medidas adecuadas. Para saber qué hacer, es necesario primero entender la naturaleza de los aumentos y discernir si se trata de un cambio en precios relativos no transitorio, o de un incremento generalizado y sostenido en los precios, es decir, del regreso de la inflación en las economías atadas de una manera u otra al dólar. Pero la situación es más compleja, ya que se están dando ambos fenómenos al mismo tiempo: cambios en precios relativos a favor de las materias primas y un repunte de la inflación de origen monetario. El asunto es, más bien, uno de grado: ¿es más importante el cambio en precios relativos o la inflación? La mayoría de los analistas ponderan mucho más el cambio en precios relativos producto de una mayor demanda de China e India, la promoción del uso del etanol en Estados Unidos, falta de inversión en exploración petrolera, algunas sequías y medidas de gobiernos que restringen las exportaciones de materias primas. El análisis, no obstante, puede ser errado y quizá el mundo dolarizado esté en el umbral de un periodo inflacionario de tipo monetario. Si el fenómeno es de precios relativos, las medidas más adecuadas son la apertura comercial para fomentar la adquisición a precios competitivos —como anunció el presidente Calderón el domingo pasado, los subsidios a las capas de la población más pobres para compensar la caída en su capacidad de compra y políticas para fomentar la expansión competitiva de la producción agropecuaria y responder así al cambio de precios relativos a favor del campo. Sin embargo, si el fenómeno es primordialmente monetario, entonces deben tomarse medidas en ese ámbito para escoger si se adopta la inflación que viene de fuera o se opta por la reevaluación de la moneda. El principal argumento que utilizan los analistas para suponer que es un fenómeno de precios relativos es el incremento significativo en materias primas y no en otros productos. No obstante, el hecho de que hayan aumentado los precios de materias primas que cotizan en las bolsas, y que lo hayan hecho de manera desmesurada, puede ser producto de un fenómeno monetario conocido como overshooting y que fue ampliamente estudiado en los años 70. Ante una expansión considerable de la oferta monetaria por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), es necesario colocar el excedente de saldos monetarios reales. Si el nivel general de precios no puede ajustarse inmediatamente por la competencia a través de la paridad de poder de compra, o la propia inercia de contratos, o un problema de coordinación ya que las empresas temen a ser las primeras en corregir precios, el exceso de saldos tiene que encontrar una válvula de escape. En general se considera que el overshooting se da en el mercado de cambios y la moneda cuya oferta monetaria creció se devalúa más que proporcionalmente a la expansión monetaria. Esto es exactamente lo que ha sucedido: el dólar se ha devaluado al pasar de paridad con el euro a 1.60 dólares por euro. Pero no hay razón para que el mismo fenómeno no se dé en el mercado de materias primas en las bolsas. Cuando las instituciones financieras y los fondos de cobertura (hedge fonds) se encuentran con un exceso de liquidez por la expansión monetaria y no se puede expandir el crédito productivo, el exceso termina en bonos del tesoro, en otras monedas y en inversiones especulativas en los mercados de materias primas. El overshooting resulta de la falta de flexibilidad de los precios del resto de bienes y servicios de la economía en el corto plazo. En el mediano plazo, sin embargo, el resto de los precios comienza a ajustarse y el impacto del overshooting empieza a desaparecer. De ser cierta esta hipótesis monetaria, se darían las siguientes implicaciones: —Estados Unidos tendría un período inflacionario —Cuando la Reserva Federal acepte el efecto inflacionario de su política expansiva y comience a incrementar la tasa de fondos federales, el dólar se revaluaría con respecto al euro y el precio de materias primas, incluido el petróleo, bajaría de sus máximos históricos en dólares —La desaceleración de Estados Unidos sería más larga de lo que se esperaba por la necesidad de dominar la inflación —México tendría que escoger entre importar la inflación de su principal socio comercial o dejar que se revalúe el peso Aunque es correcto que el gobierno haya optado por la apertura comercial y complementar el ingreso de los más pobres y responder así al cambio en precios relativos, si el fenómeno de incremento en precios de granos y petróleo es sobre todo monetario, el principal actor para la política económica volvería a ser el Banco de México. No es imposible vislumbrar en los próximos meses el petróleo a 85 dólares por barril, un maíz más barato y el tipo de cambio no muy lejos de nueve pesos por dólar. La alternativa sería una inflación cercana a 10% de la que podría costar mucho trabajo bajarse. El tiempo y la tasa de inflación de Estados Unidos tendrán la respuesta. La dificultad política estriba en que las decisiones más importantes habrían de tomarse en pleno periodo electoral. buzon@cmmsc.com.mx |