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José Carreño Carlón
22 de mayo de 2008

Gobierno minimalista;reclamos maximalistas

Cambio educativo: los límites dictados por el sindicato y el Congreso

Tras los monólogos, en el mejor de los casos habrá minirreforma petrolera

A casi año y medio de su accidentado despegue, el gobierno del presidente Felipe Calderón parece encontrar su velocidad de crucero a la baja y a poca altura.

No cuenta con los elementos necesarios para emprender proyectos de altos vuelos ni de mayor velocidad. Los límites están en su equipo, en su partido y en sus alianzas con sindicatos (como el magisterial, el petrolero o el electricista) o con partidos (como el PRI y sus apéndices, más los del PAN). A ello hay que agregar los frenos activados por el activismo antisistema de una parte de la oposición y el lastre de la guerra frontal con las bandas criminales.

En otras palabras, ni los recursos que tiene a su alcance en el tablero de control, ni el servicio meteorológico-político, le reportan al piloto condiciones para un tránsito sexenal de mayores alcances y con mayor autonomía de vuelo.

Sin embargo Calderón no parece dispuesto a forzar los lindes que lo cercan, como tampoco se ve resignado a aceptar calladamente los límites de lo posible. Se advierte, en cambio, una disposición a hacer del defecto virtud.

Así, el gobierno ha encontrado un discurso enaltecedor de cada pequeño avance, entre incómodas e incluso peligrosas turbulencias. Esto podría ubicar su sexenio en una tendencia minimalista: la que en el arte y la gramática busca la máxima expresión con los mínimos medios y elementos.

Acaso con la salvedad de la nueva Ley del ISSSTE, los efectos de las reformas de estos meses no parecen espectaculares. La fiscal difícilmente alcanzó el rango minimalista. La electoral tiene algunas rutas despejadas pero interrumpidas por pantanos que quizás no le permitan cruzar las elecciones de 2009, a juzgar por las decenas —o ya centenares— de impugnaciones que se acumulan en el Poder Judicial, antes del arranque formal de ese proceso en octubre.

Con ese mínimo de elementos —algunos discutibles y obtenidos a altos costos con sus controvertibles aliados— Calderón sostiene un discurso de máxima expresión de aciertos sexenales y reconocimientos a la capacidad de diálogo y negociación de los actores.

El problema es que los rezagos acumulados exigen otro orden de velocidades, y la mediocridad y el estancamiento del país en casi todos los campos reclama proyectos de mayores alturas.

Los riesgos maximalistas

Hay que agregar además que el discurso minimalista del gobierno enfrenta una creciente crítica maximalista, promotora de soluciones de mayor aliento para alcanzar metas más ambiciosas o simplemente para detener los procesos de deterioro social y el creciente rezago del país frente a las transformaciones globales.

Por ejemplo, los acuerdos anunciados el día del maestro se cotejan hoy con el objetivo maximalista de liberar la educación y, en general, la vida pública, de un fenómeno como el que representa la anacrónica estructura del sindicato magisterial con su presidenta vitalicia Elba Esther Gordillo. Y desde esa perspectiva es obvio que tales acuerdos no sólo no representaron un avance político para el México del presidente Felipe Calderón, sino que habrían atraído nuevos costos para el país y el gobierno, agudizados por el protagonismo de la líder magisterial. Los hechos más destacables de aquella jornada fueron opacados, en efecto, por la extravagante visibilidad personal de la líder de los maestros, como lo registra un saldo del debate al cumplirse hoy una semana de los anuncios hechos en Palacio Nacional.

Sin embargo, lo anunciado hace una semana cobra sentido si se toma en cuenta que no es posible desaparecer aquí y ahora esa estructura sindical ni prescindir de su líder. De hecho lo más que realistamente podría estar hoy al alcance del gobierno en esa dirección sería, si acaso, entregar ese elefantiásico aparato de poder y de control a alguno de los hasta hoy secuaces de la jefa del SNTE (para que todo siga igual) o dejar el sindicato en manos de sus enemigos, sean de la CNTE, la APPO o las adelitas de AMLO (para acabar con toda posibilidad de avance educativo).

De allí los riesgos de un maximalismo que en este caso exigiría esperar este cambio de manos en el control sindical para empezar a actuar a favor de las urgentes transformaciones requeridas en el campo educativo, lo cual no parece siquiera programable.

Y de allí también las ventajas de un posibilismo que, con sus propios riesgos, incomodidades y escenas esperpénticas, puede abrir —de manera gradual— la posibilidad de romper la inmovilidad que condena al país, a sus niños y jóvenes y a su aparato productivo, a un sistema atado a programas y métodos de enseñanza de varias décadas atrás y a una estructura de control al margen de la menor transparencia.

Los riesgos minimalistas

Es cierto que en el papel, como lo sugiere otro saldo del debate, el anuncio no resulta rigurosamente minimalista, sino al contrario. Tres grandes rescates se han destacado: se trataría de rescatar de aquella estructura de poder sindical el sistema de estímulos salariales a los maestros, hasta hoy basado en la compra-venta de favores y lealtades operada desde las cúpulas del sindicato; de rescatar la llamada carrera magisterial, en la que hasta hoy el aparato sindical ofrece o dice ofrecer cursos y evalúa o dice evaluar a los maestros para cumplir un trámite de reparto discrecional de ascensos, y, entre otros más, de rescatar la contratación de los profesores del tráfico sindical de plazas para establecer en cambio un sistema de concursos de oposición organizado y supervisado de manera independiente.

Lo minimalista puede resultar más bien de la instrumentación del proyecto. Esto es así por los límites impuestos, desde un frente, por un Congreso congestionado por los intereses inmediatos de sus líderes e inhabilitado para gestionar una nueva Ley Federal de Educación capaz de asegurar el cumplimiento de estos acuerdos, y, en el otro frente, por un aparato sindical que tiene en sus manos la oportunidad de aprovechar estas lagunas legales para invalidar buena parte de estos anuncios.

Algo parecido le espera previsiblemente a la iniciativa petrolera, sometida a una guerra sin cuartel de monólogos de los que el bando maximalista antirreforma sale cada día a proclamar que supuestamente ganó un supuesto debate. En el mejor de los casos dejará espacio a una minirreforma, sin que el gobierno, su partido y sus aliados muestren ni claridad, ni contundencia, ni estrategia para que esa minirreforma alcance siquiera un rango minimalista, mientras los excedentes mexicanos del alza del crudo son devorados hoy por el subsidio a la gasolina que importamos por no tener aquí condiciones para invertir en instalar las refinerías faltantes.

Trascender el cerco minimalista y los espejismos maximalistas, he allí el reto.

jose.carreno@uia.mx

 
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PERFIL
 
José Carreño Carlón: Premio Nacional de Periodismo por artículo de fondo, director de la oficina presidencial de comunicación, son algunos datos de una trayectoria de décadas en la comunicación pública.

Profesor de derecho de la información de la UNAM y coordinador de periodismo de la Universidad Iberoamericana, realizó sus estudios de licenciatura en la Universidad Nacional y los de pos-grado en Leiden (Países Bajos) y Navarra (España)

 
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