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Resuelve problemas
Si tienes más de una semana confundido y con las mismas dudas, es momento de hacer algo al respecto. Los problemas no están en aparadores para ser admirados, nadie querría comprarlos; se fabrican en nuestros pensamientos y se distribuyen rápidamente en todo nuestro cuerpo. Procura tener preparadas al menos tres alternativas de acción para que prudentemente tomes la decisión que creas más certera. Igual de culpable es quien actúa apresuradamente que aquel que se abstiene para “no equivocarse”. Más aprende quien, resignado a empezar de nuevo, acepta que no entiende la situación que está viviendo y se arriesga a descubrir nuevos horizontes. Aún en los caminos recorridos encontramos sorpresas que renuevan el sentido de lo caminado. ¿En dónde está la solución de nuestras complicaciones? Las mejores respuestas provienen de preguntas bien planteadas, por eso es muy importante que identifiquemos lo que realmente necesitamos modificar en nuestro presente. Frente a un muro, es imposible ver al otro lado, a menos que lo escales; delante de muchas puertas abiertas, es difícil entrar por la correcta, pero después de salir de una errónea, es más fácil seguir la dirección conveniente. Como todo mal, siempre hay un beneficio y para la duda, es la confirmación. ¿Por qué soportamos amanecer un día más con la misma interrogante? ¿Acaso no venimos al mundo a saber quiénes somos? Mientras más cuestionamientos se nos interpongan, más oportunidades tenemos para conocernos y evitar lo que nos disgusta. Necesitamos comprensión de quienes dicen amarnos, buscamos amigos verdaderos con quienes no tengamos que avergonzarnos por ser quienes somos. Su presencia en momentos confusos debe ser una red invisible en donde podamos sostenernos mientras recuperamos la visión y no un caparazón para escondernos de nuestros problemas. El silencio, la soledad y el sueño cumplen funciones similares cuando de reflexionar se trata. Hay que hacer un alto emocional para invocar la prudencia, desarmar el conflicto, ordenar los deseos, tener prioridades; replantearse objetivos y depurar los pensamientos negativos. La duda es un semáforo con luz amarilla, advierte los límites del peligro, sincroniza multitudes, previene accidentes; si la ignoras, procura que valga la pena. lahojaenblanco@gmail.com |