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Germán, el rudo
Uy, uy, uy, pajarracos, ¿vieron el espectáculo de lodo en que terminó convertido la primera sesión del debate petrolero en el Congreso? Que bárbaros nuestros congresistas, ¿y así se atreven a llamarse políticos? Porque la política, hasta donde yo entiendo —y miren que conocí al mismísimo Maquiavelo—, es el arte de negociar, de ponerse de acuerdo para buscar el bien común. Pero, ¿que hicieron los representantes de los partidos en el primer debate: todo lo contrario, sacaron sus posiciones más radicales y se dedicaron a tirarse unos con otros.
Lo primero que habría que criticar es la ausencia de Andrés Manuel López Obrador en ese primer debate. ¿Qué no fue El Peje el que armó todo el escándalo de la toma de las tribunas del Congreso para exigir un debate sobre la iniciativa petrolera del presidente Calderón y que no se aprobara al vapor una reforma tan importante para los mexicanos?
¿Para qué entonces tanto escándalo si cuando lo invitan a debatir se pone sus moños y se niega a asistir? ¿Ya se le olvidó a AMLO cómo le fue cuando, por soberbia, se negó a acudir al primer debate en las pasadas campañas presidenciales?
Otra cosa que me parece increíble es la posición golpeadora y de buscapleitos en la que llegó el presidente del PAN, Germán Martínez Cázares. Acostumbrado a la tribuna y a sus discursos incendiarios cuando era diputado, a Germán se le olvidó que ahora ya es presidente de su partido, y que su partido está en el gobierno, y que fue el gobierno el que presentó la iniciativa de reforma petrolera, que para aprobarse necesita del voto de la oposición.
No´mbre, pajaritos, el Germencito fue el más rudo de la reunión. Agarró parejo y en su afán por criticar y desacreditar a López Obrador se cegó e incurrió en las peligrosas generalizaciones. Llamó a todos los que cuestionan la iniciativa petrolera “falsos nacionalistas”, “pontífices del petróleo”, “verdadera amenaza privatizadora”, “traidores de Pemex”, “resentidos que se agandallan el debate y que quieren desestabilizar”.
¡Tómala barbón! Todos esos adjetivos apasionados les dedicó el panista a los opositores a la reforma. Se le olvidó que además de Obrador —al que nunca tuvo el valor de mencionar por su nombre— hay muchos otros sectores: académicos, intelectuales, analistas, expertos y una parte importante de la sociedad que cuestionan la iniciativa. Entre esos críticos está un buen número de priístas, mismos que el Presidente necesita convencer y que le den su voto para que pase la reforma.
¿Qué intentaba entonces Germán, “el rudo”?, ¿a quién quería apantallar con su conocida habilidad retórica y su capacidad discursiva? Si intentaba ayudar a su jefe y amigo, Calderón, bien podrían decirle en Los Pinos “no me ayudes, compadre”. O si lo que quería era decir que el PAN no se va a dejar amedrentar por la oposición, pues tal vez lo logró, pero el papel del líder de un partido oficial, como ahora es Germán, debe más bien buscar puntos de acuerdo y de entendimiento con la oposición, en lugar de atizar las diferencias.
Así que pajarracos, si alguno de ustedes pasa por el ostentoso edificio que hoy es la sede nacional del PAN, déjenle un mensajito a mi buen amigo Germán Martínez: “Menos hígado y más razón”, eso es lo que necesita nuestra política. Si no, acabará convertido en una versión rejuvenecida de su polémico antecesor.
EL BAÚL DEL DUENDE…Los partidos están a punto de concretar otro golpe a la ciudadanización de los órganos electorales. Ayer salió la convocatoria que dice que en dos semanas, cuatro consejeros del IEDF serán removidos porque así lo aprobó el Congreso federal en las recientes reformas al Estatuto de Gobierno de la ciudad, que fueron aprobadas en face track y con negociaciones ocultas entre PRI, PAN y PRD. Cierto que políticamente el cambio le pega a Marcelo Ebrard, porque remueven al consejero presidente Isidro Cisneros, pero la verdad es que el golpe es para los ciudadanos porque otra vez, como con el IFE, los partidos toman por asalto un órgano que por ley es ciudadano y controlan a la autoridad que debiera controlarlos a ellos…Me voy pajarracos, pero ¡regresaré! Ja, ja, ja…
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