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    Tintero económico
Alejandro Villagómez
14 de mayo de 2008

Ensalada de notas

Nuestra vida cotidiana está plagada de sucesos que con el tiempo los vemos como situaciones normales, pero que termina por aumentar sensiblemente nuestro costo económico y reducir nuestro bienestar

La cultura del secuestro Los mexicanos nos hemos acostumbrado a vivir con el fenómeno delictivo del secuestro y lo vemos como un elemento más de nuestra normalidad cotidiana, esperando no ser el siguiente en la lista.

La gravedad de este asunto se ha diluido ante la ferocidad de la guerra del narcotráfico que estamos presenciando, pero el asunto sigue presente a pesar de lo que digan las autoridades responsables de combatirlo.

Pero el concepto del secuestro es mucho más amplio. Hace tan sólo algunas semanas, el ex secretario Gil Díaz acusaba a Telmex de tener secuestrado al regulador en la materia, la Cofetel, y que esto evitaba promover una mayor competencia en el sector y un mayor beneficio para el consumidor. Durante esos mismos días, los medios informativos estuvieron difundiendo ampliamente “el secuestro” de las tribunas legislativas por parte del FAP.

El punto es que el secuestro, en un sentido extenso, como mecanismos para alcanzar un fin, sea el que fuere, parece formar ya parte de nuestra cultura. Esto es extremadamente grave ya que constituyen el tipo de “instituciones” que son muy difíciles de erradicar y que conllevan, entre otras cosas, a un importante aumento en costos económicos para la sociedad (en particular costos de transacción), reducen nuestra competitividad, pero sobre todo, reducen nuestro bienestar. ¿Estamos concientes de esto?

Ausencia de luz

Con el inicio (tal vez adelantado) de la temporada de tormentas eólicas y lluvias torrenciales, se pone nuevamente al descubierto nuestra triste realidad en cuanto al servicio de energía eléctrica en la ciudad de México.

Los capitalinos, en diversas zonas, hemos sufrido desde hace ya unas semanas continuos apagones y cortes intermitentes en el suministro de energía eléctrica debido a las deficientes instalaciones de Luz y Fuerza del Centro que existen en distintos puntos de la ciudad.

Considerando la calidad del servicio proporcionado, esta constituye una empresa demasiado cara para los contribuyentes. Pero adicionalmente hay que incluir los enormes costos (no registrados) que esto significa en términos de horas-hombre perdidas, laborales y de esparcimiento, de pérdidas comerciales, de aparatos electrodomésticos, equipos de cómputo, etc. descompuestos, y hasta productos alimenticios perecederos desperdiciados.

¿Por cuánto tiempo más deberemos los capitalinos soportar este tipo de servicio? ¿O posiblemente éste también es otro de los elementos que han pasado a formar de nuestra normalidad cotidiana? De todos modos este problema también abona a incrementar nuestros costos, reducir nuestra competitividad y, desde luego nuestro bienestar. ¿Podría ser ésta información útil para el debate sobre Pemex?

Arranca el debate petrolero

Esta semana ha iniciado el debate petrolero que se prolongará hasta julio y del cual se espera salgan los consensos necesarios para lograr la aprobación de una reforma a Pemex. Sin embargo, hay que enfatizar (y no olvidar) que éste responde en primera instancia a una demanda política e ideológica, como lo demuestra la lista de los “abridores”.

Con algunas excepciones, no se trata de expertos en los temas centrales de la reforma como serían aspectos de gobierno corporativo, administración y gestión, finanzas, transparencia, tecnología geológica y petrolera, etcétera.

Los “abridores” son personalidades que deberán presentar y poner sobre la mesa los posicionamientos políticos e ideológicos que enmarcan la discusión y debate de esta reforma, y que obviamente son necesarios e inneludibles. Esperemos que conforme avance el debate se de paso también a las opiniones técnicas de los expertos ya que si bien en cualquier reforma de este tipo no se puede evitar el proceso propio de economía política, el futuro de esta reforma, de Pemex y del sector dependerá más del diseño y los alcances técnicos y de gestión de la reforma.

Si este aspecto no se atiende responsable y adecuadamente, habremos perdido nuevamente el tiempo con el consiguiente costo, obviamente para la mayoría de los mexicanos y el país.

alejandro.villagomez@cide.edu

 
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PERFIL
 
Doctor en Economía por la Universidad de Washington. Especialista en macroeconomía, política monetaria y fiscal, ahorro y pensiones. Profesor investigador de la División de Economía del CIDE, de la cual fue su director del 2000 al 2003. Ha sido consultor y asesor del gobierno mexicano, organismos privados y organismos internacionales. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores.
 
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