Buscar en:
  
   
    México y el mundo
Juan María Alponte
14 de mayo de 2008

Meditación electoral sobre EU

Al iniciarse las primarias en Estados Unidos no dudé en señalar que, entre los tres candidatos fundamentales, yo votaba, sin duda, por Barack Obama. Por el candidato republicano —héroe de la guerra del Vietnam— tenía una reacción primaria doble: su pertenencia al partido de George Bush y una instintiva proposición contra una personalidad que era eliminada por sus antecedentes “heroicos” en Vietnam. En suma, la biografía de McCain posee un componente exaltante que impide tener, de él, una idea que no sea legendaria y, por tanto, su episodio, como prisionero en Vietnam, paraliza un juicio objetivo.

A su vez, en el caso de la senadora Clinton era ostensible su pertenencia al establishment; es decir, al sistema. Transportaba consigo, además, un elemento notablemente perturbador: la continuidad de una dinastía presidencial, con todos los supuestos, lamentables, de una “asociación” de pareja que tuvo connotaciones sensacionalistas que implicaron una complicidad, no siempre ética, que alteraba una visión, mesurada, del esposo y la esposa. Era tradición, aceptada, que la senadora, tuvo mucho que ver con objetivos de negocios y acuerdos económicos, desde el inicio, que generaron un poder económico notable a la pareja. Sus declaraciones fiscales lo prueban. Al menos, han sido explícitas y contundentes. Con todas las consecuencias de la vida esclarecida por las instituciones.

En el curso de la campaña —además de la obscenidad de las recaudaciones de dinero en términos que afrentan a una sociedad normal— la senadora ha demostrado su peor dimensión: la obcecación manipuladora por el poder y, ello, hasta extremos que colocan, a su partido, en dimensiones obsesivas que son ya plenamente, “antiejemplares”, en América Latina. En suma, su decisión de continuar la pelea fratricida, cuando personas importantes de su partido la aconsejan aceptar la derrota, merece atención freudiana. Se ve que no ha leído a Oscar Wilde y su ironía alborozada: “Mis gustos son muy simples; elijo siempre lo mejor”. Ella elige la Casa Blanca.

Mi voto por Obama no era simple. Era optar por el enlace histórico con Lincoln, el liberador de los esclavos —lo pagó con su asesinato y supo asumir, con dignidad, que no pertenecía a ninguna religión cuando decirlo no era fácil— y, a la vez, con Martin Luther King cuyo proyecto convivencial ha sido tan profundo como su discurso Yo he tenido un sueño. Su asesinato, como el de Lincoln o el de los Kennedy, prueba la dimensión, aún, del problema cultural y racial.

Mi voto por Obama se ratificó con su advertencia de que, pese a todo, el problema racial —e hispánico que ya no es menos ostensible— era, aún, un fenómeno real y que era preciso asumirlo desde el logos, es decir, desde la racionalidad. Su alejamiento del pastor que fuera su amigo reveló que no podía aceptarse, en nombre de ese reconocimiento, la desmesura del pastor al plantear el dilema racial en términos prehistóricos, es decir, como si Lincoln, Martin Luther King y los Derechos Civiles no fueran el escenario de una lucha real hacia delante. En suma, su crítica radical de su ex mentor ha sido, también, un acto de coraje.

Sin embargo, Obama –nada digamos de la senadora o McCain- no ha proporcionado una crítica histórica de un sistema económico que se expresa, militarmente, no sólo en una guerra trágica, pero que no ha servido para analizar las estructuras económicas y morales de un modelo que, desde Greenspan, ha eludido establecer las causas materiales de la crisis histórica presente. Crisis que no se resolverá inyectando “papel” en favor de los “consumidores” sin resolver, analizar y asumir las causas materiales del problema. En ese sentido, Obama, como Clinton y McCain, ha demostrado su lejanía analítica de la crisis contemporánea.

alponte@prodigy.net.mx

 
BÚSQUEDA
Autor:  
Columna:
 

PERFIL
 
Profesor titular de la FCPyS de la UNAM, escritor y periodista. Ha colaborado en periódicos y revistas nacionales e internacionales. Ha escrito 37 libros, entre los que destacan Retrato de una Familia Babélica; las biografías de Colón y Lenin; Historias en la Tierra y Los Liberadores de la Conciencia.
 
Columnas anteriores
 
¿Quién es Medvedev? 2008-05-13
 
Rusia cambia: Putin se sucede 2008-05-11
 
¿Dónde está Bin Laden? 2008-05-09
 
El ciclón ‘Nargis’ y Aung San Suu Kyi 2008-05-08
 
Bolivia, viejos males o ¿nuevos remedios? 2008-05-07
 
 
- A   A   A +
El UNIVERSAL | Directorio | Contáctanos | Código de Ética | Avisos Legales | Publicidad | Mapa de sitio
© Queda expresamente prohibida la republicación, parcial o total, de todos los contenidos de EL UNIVERSAL