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PRI y PAN: la fractura
Está muerto el acuerdo que hizo posible la reforma Los reales ganadores, el PRI de Paredes, y Cárdenas Al final de cuentas en el Senado de la República arrancó el cantado debate sobre la reforma petrolera, esa que en la primera semana de abril propuso el Presidente al Congreso y que quiso ser reventada mediante un grosero asalto a las tribunas camarales por parte del lopezobradorismo. Y en efecto, hubo y habrá de todo; intercambio y confrontación de ideas, argumentos, visiones e intereses de grupo, pero también exhibición de ambiciones personalísimas. En poco más de 70 días, en el desahogo de 23 temas propuestos, hemos visto y veremos “cuellos de ganso” lo mismo del legítimo que del Presidente, las posturas serviles de los de siempre y el paseíllo del intelecto orgánico de uno y otro bandos. Son muchos los que coinciden con “el movimiento soy yo” en torno a que el debate petrolero que organizó el Congreso terminará en una mera “vacilada”. Y es que abundan las evidencias de que el debate empieza a caminar por un sendero de deslegitimación, ya que paralelamente el FAP organizó su propio foro, al que convocó sólo a su claque de intelectos orgánicos, periodísticos y universitarios, en tanto que en el Senado de la República el PRD no tuvo representación formal durante el acto inaugural. Así, por ejemplo, ayer martes en el patio central del Senado se presentaron las dirigencias de todos los partidos, pero ni siquiera una representación formal del PRD. ¿Por qué razón? Porque a la jefatura formal de los amarillos que ostenta el Chucho Guadalupe Acosta Navarro los lopezobradoristas la consideran “espuria”. Claro, asistió Cuauhtémoc Cárdenas, el líder histórico, quien sin embargo se deslindó del PRD y dijo que asistía a título personal. Bueno, hasta “el movimiento soy yo” estuvo representado por su fiel escudero, el siempre dócil José Agustín Ortiz Pinchetti, que simpático gritó: “Andrés sí tiene propuesta”. Y, claro, tampoco la presentó. En pocas palabras, que un sector fundamental del perredismo fue borrado y barrido de la discusión por la reforma petrolera. Pero decíamos que son muchos los que aventuran, con razones suficientes, que el debate no servirá de nada —porque las posturas ya están perfiladas, los acuerdos amarrados y planchados los términos de la reforma—, en tanto que otros con un candor propio de bisoños creen que estará en juego la habilidad de tirios y troyanos para vencer y convencer a los adversarios. Lo cierto, sin embargo, es que ganaría todas las apuestas quien ponga sus fichas en la ruta crítica que ya ha trazado de manera pública “el movimiento soy yo”. Es decir, que pase lo que pase, se acuerde lo que se acuerde, el legítimo siempre dirá que no sirvió de nada el debate y que lo siguiente es una consulta nacional. “Ganar tiempo” es el nombre del juego; “reventar a Calderón”, el de la estrategia. Para “el movimiento soy yo”, el debate es “una payasada”, y por eso mandó a Ortiz Pinchetti en su nombre. Bueno, ya en el extremo, si diputados y senadores llegaran a la conclusión de que la propuesta del PRD es la mejor de todas, con toda seguridad esa propuesta sería impugnada por “el movimiento soy yo”. ¿Por qué? Porque la reforma petrolera no es más que vagón para llegar con vida al 2012. Lo demás, en efecto, “es una payasada”. Pero lo que muchos no saben y pocos quieren creer es que existen indicios claros, evidentes, y a los ojos de todos, de que ya no está vivo el acuerdo inicial pactado entre PRI y PAN, y que hizo posible que finalmente se presentara al Congreso la reforma propuesta por el presidente Calderón. Si ya no existe ese acuerdo, lo primero es preguntar: ¿Qué fue lo que pasó? ¿Qué fue lo que quedó en su lugar? Es muy fácil. Resulta que cuando el “movimiento soy yo” lanzó a sus hordas contra la tribuna del Congreso, en efecto, derribó un esquema de reforma que favorecía al gobierno de Calderón, pero también es cierto que le entregó al PRI las llaves para elevar el costo del “tesorito”. La condición de un “debate nacional” le dio al PRI la posibilidad de meter otros temas, de recuperar algunos que tenía perdidos en la negociación inicial, de elevar el costo de los de más allá y, en el extremo, hasta de garantizar para el PRI todo el beneficio mediático de la reforma. Otra vez, no sabemos si de manera deliberada o por pura casualidad —con la salvedad de que en política no existen las casualidades, sino las causalidades—, el lopezobradorismo reventó la eventual negociación del PRD en un tema fundamental, como el petrolero, y arrojó a manos del PRI todas las ganancias en una eventual negociación con el PAN. Todos saben que el “debate nacional” petrolero es una válvula de escape a un asunto que parecía reventado desde la toma de tribunas. Todos saben que en esa negociación resultó fundamental el PRI de Beatriz Paredes, Manlio Fabio Beltrones, Emilio Gamboa y Enrique Peña Nieto, entre otros. Y por eso, al final de cuentas, la reforma posible será la del PRI, la que los tricolores logren empujar frente a un partido azul debilitado y a un presidente Calderón disminuido. Por lo pronto, el signo distintivo del inicio de “debate nacional” petrolero, es que no existe nada planchado entre PRI y PAN, fuerzas que más bien llegan fracturadas, lo que quedó claro en esas dos expresiones del PRI presentes en la primera sesión del debate; la de Cuauhtémoc Cárdenas y la de Beatriz Paredes. “La reforma de Calderón es privatizadora”, dijeron. Y en esa lucha se dará la nueva reforma, en una combinación de intereses entre el cardenismo de profundo origen priísta, más que de izquierda —representado por Cuauhtémoc Cárdenas y Beatriz Paredes—, y el otro PRI, el de Manlio, que es el mismo que el de Diódoro Carrasco, que el de Labastida y el de Jesús Reyes Heroles. Esas dos corrientes del PRI serán las verdaderas tendencias ganadoras de la contienda por el petróleo, en tanto que los grandes excluidos serán el presidente Calderón, el PAN, y las corrientes de la izquierda mexicana. Y sí, nadie sabe para quién trabaja. aleman2@prodigy.net.mx |