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Los monólogos de la vagina
Cumpliendo 4 mil 800 representaciones Los monólogos de la vagina, de Eve Ensler, con un reparto multiestelar en el que han alternado primeras actrices mexicanas como Susana Alexander, Adriana Roel, Lilia Aragón y jóvenes talentosas como Laura Flores, Stephanie Salas y Domenika Paleta, entre otras, es una propuesta incisiva y demoledora en sus ímpetus lúbrico-sexuales, al grado de lograr en el público una hondonada de estupefaciente clímax teatral. La puesta producida por Ocesa constituye, además, una afrenta perspicaz, por su manera de abordar sin cortapisas y con profundo sentido del humor —y del honor— una sexualidad ávida de ser asumida como una realidad que no se divorcie de la vida cotidiana, de la relación hombre/mujer, de la vinculación con la familia, la sociedad misma y, desde luego, del goce del sexo o de la llamada diversidad sexual y, sobre todo, del contrapeso de los machismos enraizados a los prejuicios. Artefacto escénico de grueso calibre, Los monólogos de la vagina es un riesgo asumido desde la misma perspectiva dramatúrgica que atiende, ante todo, a la fuerza introspectiva de las actrices que deben dar voz, fuerza y motor vivencial a los testimonios de mujeres que hablan a través de sus experiencias, diversas y contrastantes y, por lo mismo, ricas en matices y sugerencias sicológicas para llegar al corazón de la mujer de nuestro tiempo, en todos los estratos sociales, pero también al hombre (que mucho tiene que ver con la mujer) y a las relaciones intrínsecas de sus cuerpos. A través de la sencillez, de la plena austeridad formal que no impide —en ningún modo— dar rienda suelta a la creatividad, al éxtasis de la creación y a los rigores del teatro; con sólo tres sillas y un telón de fondo, tres actrices (en cada función) arman todo un espectáculo dando voz a la vagina monologando. Y será su voz sola, su sola presencia, su solo ánimo de recuperación de la esencia teatral, lo que conducirá a estas mujeres a prohijar un trabajo de altísima calidad, sin menoscabo alguno de nada. Ni siquiera de la energía que podría ser mesurada, pero que aquí se desborda hasta el infinito de la satisfacción creativa. Magnífica, sólida, deliciosa y dueña de un colmillo agudo para dar cauce a la sátira desbordada, la vagina es dueña y señora del escenario, aleccionado desde la fuerza histriónica. Exquisita, delirante, acertada e intensísima y gozosa, Los monólogos de la vagina da rienda suelta a un humorismo desbordante. Una de las mejores propuestas escénicas de los últimos tiempos, y su sola y pertinaz permanencia en cartelera avala esta opinión, Los monólogos de la vagina es una oportunidad para disfrutar de una reflexión en perpetuo orgasmo y, por cierto, para poner el dedo en la llaga: el público también quiere ver un teatro como éste, que haga reflexionar más allá de las diversiones espurias; un teatro que apunte la verdad, la diga, la manifieste y la defienda, así sea desde el mismo fragor de la vagina, dadora de vida. * Dramaturgo y crítico teatral
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