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¿Quién es Medvedev?
El 2 de marzo de 2008, de cara a la finalización del segundo mandato presidencial de Vladimir Putin —la Constitución impide un tercer mandato consecutivo—, la Federación Rusa realizó elecciones. Nadie dudaba. El vicepresidente de Putin sería el candidato y Dmitri Medvedev, una vez consagrado por los votos, nombraría primer ministro a Putin. Así ha sido. Piezas de un reloj suizo. Vladimir Putin, líder del Partido Rusia Unida, obtuvo para Medvedev 70.2% de los votos. El candidato comunista contó (Ziuganov) con 17.8%; el ultranacionalista, Jirinovski, 9.4%, y el proeuropeísta, Bogdanov, 1.3%. El domingo pasado señalaba que en 1832 Uvarov, que un día fue ministro de Educación de Rusia, advertía, ya entonces, que la autocracia (samoderjavie) era el principio fundamental de Rusia, con la Iglesia ortodoxa y el nacionalismo. Putin no lo discute; otro principio del stalinismo: el zakonoernost, que es equivalente a “conforme a la ley” o la “ley absoluta del que manda”. Sería injusto decir que Putin no representa una opinión pública sostenida a su favor. Ha mejorado, sin duda, la situación económica controlando el petróleo y el gas. El “Zar del Gas”, con 10.1 millones de barriles diarios (11.5% de la producción mundial) y 21.4% del gas. Ello en la edad de los precios por las nubes. Putin los ha concentrado en el Estado, personalizado, después de eliminar y conducir a las cárceles a los “oligarcas” que a la hora de la liquidación de la economía de Estado ocuparon posiciones dominantes. En suma, la continuidad histórica de la autocracia, el acuerdo con la Iglesia ortodoxa y la defensa histórica del nacionalismo con la política de potencia y el desfile en la Plaza Roja de los tanques y los misiles. Al mismo tiempo, Putin ha eliminado toda tentación de autonomía en el sistema de información, sobremanera en la televisión y la prensa. El control mediático es un hecho. La ortodoxia, pravoslavie, ha funcionado en la Iglesia en la misma dirección. El ejército, a su vez, sigue siendo numeroso (3.7 millones) pero con un problema serio. No cabe olvidar que la URSS fue la segunda potencia nuclear del mundo, pero el arsenal no es seguro porque su presupuesto militar, 34 mil 500 millones de dólares frente a los casi 600 mil millones de EU (incluidos los presupuestos de Seguridad Nacional) conforma una cifra muy reducida que no responde al resguardo adecuado de los arsenales nucleares que siguen sin destruirse… o pueden ser objetivo del terrorismo. En ese marco, Dmitri Medveded representa la adhesión a Putin y, a la vez, una incógnita. Ha nacido en 1965 en Leningrado, en el seno de una familia universitaria (no es hijo, como Putin, del cocinero de Lenin y Stalin) ha estudiado Derecho, pero no, como Putin, para ingresar en el KGB. Al revés, Medvedev, después de su doctorado, fue profesor en la Universidad de San Petersburgo. Sus aficiones personales claras: el rock y, según sus amigos, un aficionado a los pantalones vaqueros que en el mercado negro de la ciudad de Pedro el Grande, valían unos centenares de rublos. Políticamente le subleva la burocracia y, otra vez contra Putin, nunca fue de la élite de los silovski que, en la Nomenklatura, eran los policías y agentes del Servicio Secreto. En suma, cuando Putin fue incorporado a la alcaldía de San Petersburgo (recién llegado del KGB de Alemania del Este) con el notable innovador Anatoli Sobtchak, Putin se llevó a su Comité al joven profesor y cuando, a su vez, Yeltsin, ¿un día sin alcohol?, convirtió a Putin en su sucesor, el ex teniente Coronel del KGB volvió a contratar a Medvedev. Ahora el presidente más joven que ha tenido Rusia ha nombrado a Putin su primer ministro. Nadie sabe si ese matrimonio político funcionará en el porvenir. alponte@prodigy.net.mx
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