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Monsiváis
Hace ocho años le pedí a Carlos Monsiváis su opinión sobre el borrador de mis memorias. A solicitud de una editorial había hecho el intento, alrededor de 400 páginas, de poner en orden cronológico los recuerdos de mi vida. Las tres cuartillas manuscritas por Carlos me llevaron a meditar con calma, a pensar dos veces, si mi trabajo merecía llegar a manos de un lector. No creo que lo mío valga la pena. Pena sería que el análisis cariñoso se perdiera en el mismo cajón donde guardo su causa. Estoy seguro que Carlos no se molestará si publico, sin su autorización, los comentarios. En su 70 cumpleaños es un homenaje a la cultura, inteligencia y amistad del intelectual contemporáneo que más respeto y admiro. “Querido Jacobo: Las memorias, o como quieras llamarlas, son muy disfrutables pero tienen algunos problemas, según mi leal saber y etcétera. Te los planteo en desorden y sin jerarquía. a) Hay una serie de errores que no tienen importancia. La primera película mexicana no es Santa sino Más fuerte que el deber, y cuando se estrenó Santa, tú tenías cuatro años de edad, así que la viste después. El verbo “obsceno” no es pear sino peer. Cuando Vasconcelos publicó Timón, tú tenías 11 años, así que el descubrimiento de ese horror fue posterior, etcétera, pero todo esto es enmendable. b) No me convence la estructura de las memorias (si son memorias). El arranque es formidable, con las ratas y el juego con Televisa, pero luego se detiene en minucias de un programa, y pierde vitalidad. Lo de los cantantes españoles, por ejemplo, sobra. Sé que es importante dar la atmósfera del trabajo, pero se necesitan escenas más vivas y únicas. El libro, podemos llamarlo así, mejora considerablemente cuando los testimonios sólo tú los puedes proporcionar. (El “Cuídame mucho a Camacho”, de Salinas), pero se debilitan cuando la experiencia la pudo tener otro periodista. c) Oscilar entre lo autobiográfico y lo social. Creo que debe establecerse un criterio único. Lo autobiográfico tiene mucho sentido en lo referente al arraigo de una familia judía, a las sensaciones de extrañeza, a los amigos como Aurelio Pérez y el refugiado español, pero pierde su estilo cuando son recuentos de la rutina. Si me permites el comentario, creo que debes exigirte más y extraer de tu riquísima experiencia anécdotas y atmósferas significativas para reemplazar las “zonas muertas”. Lo de Dalí es interesante y está bien contado (creo haber leído una versión con la entrevista, en Siempre!), pero entrevistas a Dalí hay muchísimas, y en cambio tú has visto a muchos otros menos previsibles. En ocasiones, siento que te gobierna el respeto a las personas. Eso te honra, pero no es falta de respeto contar hechos que o son del dominio público o pertenecen al personaje de modo esencial, de manera que no los agredes en lo mínimo al contarlo. Tu memoria es excelente, así que el problema es la discreción. d) Lo de los toros no te lo comento, porque es un espectáculo que —ni hablar— aborrezco por la crueldad. Con todo creo que le sacaste muy buen provecho a Carlos Arruza, pero te falta un retrato amplio de Lorenzo Garza. Lo de María Félix creo que merece ampliarse, y la viñeta de Carlos Denegri con Gloria Marín es magnífica. Creo que hacen falta más viñetas, en ese tono no de estremecimiento sino de cercanía. El retrato de Cantinflas debe vigorizarse. e) En varias ocasiones te refieres a los inconvenientes de la fama, a la necesidad de equipo de protección, etcétera. Pero te falta, si se me permite la opinión, lo principal: el asedio al hombre no sólo famoso sino poderoso. Entiendo la razón de tu estrategia, no envanecerte de algo que en buena medida era la fuerza del medio. Pero ¿cómo se distingue a estas alturas la importancia del estilo profesional y personal de Jacobo Zabludovsky en la influencia de los noticieros de Televisa? En alguna medida debe estar de manera más franca, hasta donde tu estilo reticente lo permita, el asedio del poder, no sólo características externas de los presidentes y los altos funcionarios. f) Falta el público, las reacciones ante tu trabajo, tu percepción de las transformaciones que la televisión, y las noticias por televisión, han traído a México. Sin necesidad de protagonismo, tú has sido un protagonista. ¿Por qué no acercarse a este hecho irrebatible, sin vanidad (que no la hay en el texto) pero con el deseo de dar testimonio? En ese sentido, creo que falta también la bronca del PAN contigo en 1988. La superaste pero me gustaría como lector saber tus reacciones. En fin. El libro es un compromiso tuyo, como afirmas en la página final, pero exige más trabajo y más excavaciones de tu feliz memoria. Estoy convencido que será un testimonio ameno y aleccionador. No eres un testigo de la historia tan claramente como un atestiguador y actor (en la medida en que información es destino) de los procesos de una sociedad en crisis. Seguiremos conversando. Un abrazo. Carlos” Antes de enfundar el fusil disparo como mía una de tus numerosas dedicatorias: “Ha pasado tanto tiempo desde que nos conocemos, que tendríamos que conocernos de nuevo sin olvidar en lo mínimo lo acumulado. Con el afecto de” Sarita y Jacobo
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