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Maru Ruiz de Icaza
11 de mayo de 2008

¿Qué quieres de regalo el día de las madres?, fue la pregunta que me lanzaron mis hijos el viernes pasado.

Como buenos mexicanos, habían dejado la solución del “problema” hasta un día antes de que llegara la fecha señalada.

Mientras ellos esperaban una respuesta, que nunca llegó (pienso que los regalos, para quien quiera darlos y festejar a alguien, deben de ser asunto único y exclusivo de quien los da), me puse a pensar en lo poco que sabemos de los deseos de nuestros seres queridos.

Convivimos día y noche con ellos, y sin embargo, desconocemos sus sueños y deseos más íntimos. ¿Usted sabe, por ejemplo, cuáles son las tres cosas que volverían locos a sus hijos, a su marido, a su mamá, o cualquier otro miembro de su familia? Me refiero a cosas más específicas y personales, y no a lo ya consabido y trillado, como puede ser un día de compras, dinero, una joya, un coche, etcétera. No, no me refiero a ese tipo de regalos, con los que de seguro acertaremos, entre otras cosas, ¡porque nos gustan prácticamente a todos los seres mortales!

Yo hablo de esas cosas de las que habla Ana Cirré en su canción: “Yo quiero conocer/ las tierras del reggae/ pasearme por París/ llevar un aro en la nariz/ viajar a Tombuctú/ mi espacio ver crecer/ no quiero perecer sin antes ver, el cielo del Tibet”. Y no porque espere que mis hijos sean quienes conviertan mis sueños en realidad, sino simplemente por saber qué es lo que ambicionan nuestros amores más cercanos.

En cuanto a los regalos, ¡qué le puedo decir! Las madres dependemos de la creatividad de los hijos, y del bolsillo del padre. Claro que hay casos como el de una tía mía, a la que su esposo, agricultor, le regalaba en su día llantas nuevas para el tractor de su rancho. Una por cada uno de sus hijos. ¡Qué esplendidez!

Lo más seguro, dígame si no, es que el día de ayer los centros comerciales se hayan quedado sin perfumes, flores, chocolates, vestidos, suéteres, y bisutería. Todo ello estará hoy en el armario de las madres más “afortunadas”; aquellas cuyos hijos no tuvieron la triste idea de regalarles una plancha, una escoba, una aspiradora o un hornito eléctrico, pero que tampoco le echaron más ingenio al asunto, mandando poner a alguna estrella el nombre de la mujer que los trajo a este mundo; consiguiéndole un enlace telefónico con George Clooney o David Beckham; invitándola a dar un paseo en globo o a lanzarse en paracaídas; a pasar un día de encierro en algún spa, de esos que tienen alberca de agua tan salada como el Mar Muerto, en la que puedes flotar y relajarte; o a tomar algún curso de su interés.

Poniéndonos en plan materialista, las posibilidades son tan ilimitadas, como los gustos de cada progenitora. Lo que es un hecho, es que a todas las madres lo que más nos gusta es sentirnos necesitadas, respetadas y amadas por nuestros hijos. Ni un viaje a Europa, ni un collar de diamantes, ni el traje de seda más espectacular, ni una comida en el restaurante más caro de la ciudad, puede sustituir esa sensación en nuestros corazones.

Eso me quedé pensando mientras mis hijos, dos adolescentes, salían corriendo rumbo al centro comercial más cercano para hacer sus compras de “pánico”. Me los imaginé eligiendo entre un suéter, un perfume o unos zapatos, y haciendo una larga cola para pagar, junto con otros “hijos desesperados”.

Después llegarían a casa, corriendo, para escribirme una cartita de amor. No pude evitar sonreír ante la idea. Si tan sólo supieran que con la carta y un beso grande y tronador, hubiera bastado… y sobrado.

Desde estas líneas, mando un beso enorme, y un largo e inmenso abrazo a mi adorada madre (la carta ya se la di ayer).

 
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PERFIL
 
Inició su labor como periodista hace doce años en la revista Actual, donde aún colabora. A lo largo de su carrera, ha entrevistado a personalidades como Bertín Osborne, Fernando Allende, Claudia Schiffer, Eva Herzigova, Nicola Bvlgari, Tonino Lamborghini, Guadalupe Loaeza, Juan Soriano, José Luis Cuevas; deportistas como Gabriela Sabatini, Gustavo ?Guga? Kuerten, así como a la alpinista mexicana Karla Wheelock.

Es corresponsal en México para la revista ¡Hola! desde hace cuatro años. Desde entonces ha realizado diversos reportajes para la conocida revista española del corazón, como el que hizo al magnate Peter Loftin en su residencia Casa Casuarina de Miami, que fuera propiedad de Gianni Versace; a Ana Cristina Fox, en su cabaña de Los Pinos; o más recientemente, al empresario Carlos Peralta, en su increíble barco ?Princess Mariana?, en la isla de Capri.

Recientemente recibió la invitación para colaborar en la revista Élite, que saldrá a la luz en abril o mayo de este año.

 
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