|
El Principito, una obra trascendente
La Escuela de Escritores de España celebró el Día Internacional del Libro, el 23 de abril, con una encuesta en la que se recogieron las opiniones de los lectores de España e Hispanoamérica para determinar cuál era el libro que mejor los definiese como personas y como lectores y de qué modo ese libro había influido en su existencia. Fue una encuesta a través de internet, con el lema “Tu Vida en un Libro”, y la mayoría de los lectores votó por El Principito, del escritor francés Antoine de Saint-Exupéry. No es la primera vez que El Principito resulta uno de los libros más trascendentes para los lectores desde que se publicó, en su idioma original, en 1943. El Principito, que cumple 65 años en 2008, ha conocido más de 600 ediciones diferentes en todo el mundo y ha sido traducido a unas 170 lenguas, con un tiraje total de más de 80 millones de ejemplares. Es uno de los libros emblemáticos de la literatura universal y representa, sin duda, uno de los momentos decisivos para muchos lectores que se iniciaron con este breve y bello libro del gran escritor francés nacido en Lyon el 29 de junio de 1900 y desaparecido en 1944, durante un vuelo de reconocimiento en la Segunda Guerra Mundial, pues Saint-Exupéry era también un apasionado de la aviación cuyo tema está en muchos de sus libros, incluido El Principito, cuyo narrador es un piloto. Charles E. Pierce, Jr., director de The Pierpont Morgan Library, biblioteca que en 1968 adquirió los manuscritos de esta obra maestra, refiere: “La escritura garabateada y menuda de Saint-Exupéry es la de un autor que compone velozmente, con trazos rápidos y livianos de su lápiz o pluma. La prosa de El Principito fluye aparentemente sin esfuerzo. El borrador, sin embargo, revela que ese efecto fue logrado sólo después de numerosos intentos fallidos y extensas revisiones”. Pocos libros tan “sencillos”, tan sinceros y vitales como El Principito, tienen la capacidad de revelarnos el gran amor por la existencia y la sabiduría de aprender a vivir de la manera más gozosa, aceptando el dolor y aun la perspectiva de la partida definitiva, de la muerte. El Principito es, sobre todo, una lección de vida, y a lo largo de sus pocas páginas ilustradas (menos de un centenar), el lector debe detenerse siempre, a cada momento, para releer una y otra vez las frases: no porque sean crípticas o difíciles de comprender, sino porque son precisamente todo lo contrario: luminosas, diáfanas, llenas de sabiduría y sincero lirismo. “Cuando el misterio es demasiado impresionante uno no se atreve a desobedecer”, dice el narrador, y esto es lo que nos pasa con la lectura del libro: su misterio de sencillez es tan impresionante que uno no puede dejar de leer sino hasta que llega a la última página. Comprendemos la trascendencia de este libro en la medida en que ha mejorado nuestra existencia o algo ha introducido en ella, que nos hace menos pesimistas, menos desdichados y más tolerantes. Por eso no es sorprendente que los lectores de la lengua española lo hayan elegido como el más influyente de todos. Uno de los personajes (el rey sin súbditos) le advierte a nuestro protagonista algo que nos dejará a los lectores marcados para siempre: “Es mucho más difícil juzgarse a uno mismo que juzgar a otro. Si consigues juzgarte bien, es que eres un verdadero sabio”. Para Saint-Exupéry, “cuando uno quiere ser ingenioso acaba mintiendo un poco”. Por eso El Principito no es, jamás, un libro ingenioso: es un libro extraordinariamente bello porque su verdad es más fuerte que su artificio. Es el pequeño gran libro que nunca podemos olvidar.
|