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    México y el mundo
Juan María Alponte
09 de mayo de 2008

¿Dónde está Bin Laden?

Al-Qaeda al-Askariya (la base militar) se fundó el 20 de agosto de 1988. Coincidía con el fin de una epopeya: la resistencia a las tropas soviéticas que invadieran Afganistán, en 1979, para defender un gobierno comunista. En realidad, la URSS consideraba Afganistán, en su geoestrategia, como zona fundamental en la balanza militar.

El 15 de febrero de 1989, el general soviético Boris V. Gromov, comandante en jefe de las tropas soviéticas en Afganistán, pudo decir: “No queda, detrás de mí, ni un soldado ni un oficial de la URSS”. Olvidó que durante esos 10 años hubo una “cruzada” universal en el mundo árabe para apoyar la resistencia del Afganistán islámico (Afganistán fue conquistado por los árabes e islamizado entre los años 698 y 700) contra un “régimen ateo”. Entre esos millares de voluntarios, adiestrados por la CIA que los abandonó a su suerte, irresponsablemente, después de la retirada soviética, se encontraba Osama bin Laden. Era uno de los 54 hijos que tuvo su padre (casado con varias mujeres) que pertenecía al decisivo grupo de multimillonarios de Arabia Saudita. Cabe decir que esa riqueza familiar procedía de una empresa de la construcción que, en el país del petróleo, se transformó en un imperio.

El terrible día de la destrucción de las dos torres gemelas de Nueva York, el director de la CIA, que desayunaba en Washington en un hotel próximo a la Casa Blanca, fue localizado por unos funcionarios de la CIA. Le hicieron saber lo que, en esos momentos, acontecía en Nueva York.

George J. Tenet, sin más, dijo al amigo que desayunaba con él, un viejo parlamentario, estas palabras: “Ha sido Bin Laden”. Su interlocutor se quedó estupefacto. La CIA sabía —se desprende de esa frase única— pero no sirvió de nada. Tampoco entendió la CIA el mensaje que significó, dos días antes del ataque a las dos torres gemelas, que un comando suicida, en Afganistán, se presentara, como periodistas, ante el comandante Massud (el único aliado, de Occidente en Afganistán), bajo el manto de una entrevista periodística, para asesinarle. El flash de la cámara desencadenó la explosión. Massud murió y sus ejecutores.

Una mujer, en Suiza, conducía su automóvil cuando escuchó, en la radio, que Massud había sido asesinado. La mujer, que estuvo casada con uno de los hermanos de Bin Laden y se había divorciado, se dijo a sí misma y así lo expresó: “Algo muy grande se está tramando”. Más lúcida que la CIA.

Ahora, en estos días, cuando Al-Qaeda vive en el silencio y el misterio, un hijo de Bin Laden aparece, con su esposa, en una de las grandes publicaciones europeas: Paris-Match. La revista edita un reportaje con uno de los hijos de Bin Laden. Millonario vivía en Egipto con su esposa, mucho mayor que él, y varias veces divorciada y de nacionalidad británica. Omar Bin Laden hijo, sin más, dice que aspira a vivir en Francia. “París bien vale una misa”, dijo un rey. Lo cierto es que el joven Bin Laden, con automóviles de la opulencia, regaló a los lectores de Paris-Match, una entrevista notable: “Él —su padre— no impuso nada a ningún miembro de la familia. Ni la larga barba para los hombres ni la burka para las mujeres. Mi familia es la más importante de Arabia después de la del rey. Mi abuelo tuvo 54 hijos; mi padre una ‘veintena’ con cuatro mujeres. Mi madre es siria. Ha sido su primera esposa y le ha dado 11 hijos, yo soy el cuarto”. Señala que él no es un guerrero y que aspira a la paz en el mundo. Termina la entrevista (las fotografías de Paris-Match, como siempre, magníficas) diciendo que no cree que su padre haya muerto. “Si estuviera muerto lo sabría por la prensa, como todo el mundo. Yo no tengo de él ninguna noticia; al igual mi madre”. El joven ama París. También Sarkozy. Veremos qué dice quién a quién.

alponte@prodigy.net.mx

 
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PERFIL
 
Profesor titular de la FCPyS de la UNAM, escritor y periodista. Ha colaborado en periódicos y revistas nacionales e internacionales. Ha escrito 37 libros, entre los que destacan Retrato de una Familia Babélica; las biografías de Colón y Lenin; Historias en la Tierra y Los Liberadores de la Conciencia.
 
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