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Bolivia, viejos males o ¿nuevos remedios?
Bolivia, según el Informe del Banco Mundial 2007 (World Development Indicators, datos de 2005), es la economía, en tamaño, 105 del mundo, y en términos per cápita la nación 148 del mundo. Su primer presidente, en 1826, fue Antonio José de Sucre, es decir, el famoso mariscal que el 9 de diciembre de 1824 ganara en nombre de Bolívar la histórica batalla de Ayacucho. Celebrada después de la batalla de Junin (6 de agosto de 1824) ganada por Bolívar. Los dos pudieron decir que con esas dos victorias se terminaban las guerras de independencia en América Latina. No las guerras sociales. En aquellas dos batallas Bolívar y sucre tuvieron enfrente verdaderos ejércitos españoles. Después de Ayacucho, prisionero el mismo virrey De la Serna y su Estado Mayor, Sucre firmó la paz generosa. Ofreció a los vencidos que se incorporaran a los nuevos ejércitos de la región con sus galones y, añadió, los que desearan regresar a España serían embarcados dignamente. Los españoles que regresaron a su patria fueron conocidos allá como los “ayacuchos”, y en España, por la complejidad de las cosas, fueron la vanguardia liberal en el ejército español del siglo XIX. Sucre proclamó la independencia de Bolivia en 1825. Bolívar otorgó al nuevo país una constitución en 1826 y Sucre fue su primer presidente. Avatares y crisis condujeron a Sucre —venezolano—, en 1829, a la renuncia al poder. Bolivia había sido invadida por generales peruanos, y por ello comenzó el drama histórico de la formación de la nueva nación. Sucre fue asesinado (crimen impune) el 4 de junio de 1830. Bolívar tuvo tiempo para saberlo. Devolvió la espada que Sucre le había regalado (la espada que llevara en Ayacucho) a su viuda. Él mismo, Bolívar, viviría el drama del poder. Desposeído de todos sus cargos, moriría, también, en 1830, cuando se dirigía hacia Caracas con un pequeño grupo de hombres. Ya se había inventado la “cargada” y, por tanto, sus aliados se trasladaban a los nuevos poderes oligárquicos. Muchos de ellos efímeros y lamentables. Bolivia sufrió en el siglo XIX las guerras sucesorias y en el siglo XX el país (con mayoría autóctona) pudo contar como hecho habitual los golpes de Estado. En los años 50 del siglo XX el Movimiento Nacional Revolucionario (MNR) pareció superar el conflicto de poder entre conservadores y liberales con el proyecto novedoso de Paz Estensoro, que, como se sabe, nacionalizó las minas de estaño y planteó la reforma agraria. El periodo del MNR se terminó en los años 60 con golpes militares y escisiones en el partido. Los militares regresaron como poder con sus generales. Conocí a Paz Estensoro en su exilio en Lima. Me impresionó su serenidad y su dolor. El viaje a Lima no fue para verlo a él en el exilio, sino para una entrevista con Víctor Raúl Haya de la Torre, el fundador del APRA y del “aprismo” (por cierto que la creación de ese partido se hizo en México bajo la ayuda y protección de José Vasconcelos), por lo que por muchas razones es poco separable de este país. Paz Estensoro y Haya de la Torre, caudillos civiles, me causaron gran impresión. Tomo el libro de Raúl Haya de la Torre para saber el año (el libro lo tengo dedicado por Raúl Haya de la Torre) y veo que fue en 1974. Han pasado las décadas y el gobierno de Evo Morales tiene que remontar de nuevo la historia. El gran episodio inaugurado en 1951 con las elecciones de aquel año (que terminaron con un golpe militar) se repite ahora bajo el gobierno de Evo Morales que intenta rescatar la mayoría indígena, pero al ignorar la férrea connotación de las clases en pugna, vuelve a vivir la crisis social y la crisis de las regiones. La lección de la historia es indispensable asumirla para no regresar al pasado. alponte@prodigy.net.mx
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