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Voz incómoda
Sus ocho años en la Rectoría de la Universidad Nacional Autónoma de México, producto de una sólida vida académica, profesional y política, lo colocaron como uno de los intelectuales con mayor autoridad para opinar sobre los problemas que preocupan a los mexicanos. El doctor Juan Ramón de la Fuente ubicó a la UNAM como la de mayores méritos entre las de habla española en el mundo. Al dejar su cargo atiende encomiendas de universidades japonesas y españolas que desean aprovechar su experiencia y prestigio. Ha mantenido una postura discreta en los asuntos nacionales. El martes pasado, el doctor De la Fuente pronunció un discurso en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, al recibir la Medalla al Mérito Ciudadano, en lo que viene a ser su reaparición en la vida nacional. “La joven democracia mexicana, en la que los ciudadanos tenemos cada vez mejores oportunidades de expresarnos, de organizarnos, de participar en los asuntos públicos, sobre todo aquellos que son del interés general, afronta retos formidables y tiene por delante un largo y sinuoso camino que recorrer. Por eso pienso que las luchas ciudadanas deben ser, sobre todo, para perfeccionar y fortalecer cada día nuestra democracia”, dijo para empezar y entró en materia. “Pero ocurre que, en diversos sectores de nuestra sociedad, se percibe con frecuencia un creciente malestar en nuestra democracia, un desánimo con nuestra democracia. Los mismos males de siempre, dice —con razón— la ciudadanía: la corrupción arriba y la impotencia abajo; el descrédito de la política y la devastadora desigualdad; y frente a ese desaliento —que se expresa cotidianamente de mil maneras— aparece, o más bien reaparece, la mayor amenaza a nuestra frágil democracia: la intolerancia como expresión de una autoridad hegemónica, y el autoritarismo que pretende excluir a quienes representan la oposición y reducirla hasta la insignificancia”. El doctor De la Fuente agregó: “…las sombras de la sinrazón dominan las acciones beligerantes… en medio del denuesto y la diatriba, la ideología, que es la que da sustento al verdadero debate democrático, se ahoga cada vez más en la confusión”. Al mencionar a Octavio Paz, dijo: “…ha reaparecido una troupe de acróbatas, saltimbanquis, contorsionistas, trapecistas, amazonas, magos, payasos, prestidigitadores y, claro, domadores. Transitamos, pues, entre piruetas de cuerda floja, coléricas denuncias y golpes de pecho de santurrones. Ni unos ni otros le ayudan a la democracia…”. Habló de la necesidad de recuperar el diálogo y piensa que “Quizá lo que nos falla no es sólo el modelo económico como tantas veces se ha dicho, sino también el modelo político. Alienta constatar que, frente a las descalificaciones que proliferan ante el menor atisbo de disenso, surgen algunas voces sensatas, sobre todo las que emanan de la ciudadanía…”. Subrayó la educación como el grantema del país, públicay laica. Un párrafo de los escogidos en esta síntesis: “La democracia no se consolida con súbditos, que saben ante todo obedecer, sino convenciendo, persuadiendo a los ciudadanos, en su autonomía, con su sensibilidad, que es posible darle a nuestro entorno un sentido y un significado que nos permita identificarnos mejor entre nosotros, con nuestras naturales y bienvenidas diferencias, y que es posible hacer realidad la utopía de un país mejor, mediante un modelo de desarrollo sostenible que reivindique una economía social y ecológica, con un sector privado dinámico e igualmente comprometido con esa enorme gama de problemas pendientes que están desatendidos pero no olvidados”. No quiero que el doctor De la Fuente termine de hacer mi columna, que sin duda quedaría mejor, sin manifestar preocupación por el desperdicio del talento humano en un país no sobrado de ello sino todo lo contrario. En medio de la mediocridad política que agobia a México, de la corrupción protegida o tolerada, de la ineptitud de quienes ejercen puestos claves en la administración pública, y, por otro lado, la impaciencia de los paupérrimos, los inconformes con lo que ven, sienten y padecen y el avance lento de nuestra economía frente al aumento explosivo de la población, es alentadora la voz del ex rector. Desearía uno que estuviera él en lugar de otros. Pero por lo pronto está donde debe, como una presencia del mayor respeto, contrapeso del poder establecido. En otros países son los partidos los que equilibran el juego político. En México eso no ocurre. Hay que ver quiénes destacan. El gobernador de Puebla, el de Jalisco, para sólo citar dos botones de moda. No es en ellos, ni en sus colegas o compañeros, en quienes puede uno hallar esperanza. Son los ciudadanos con credibilidad, algunos periódicos, columnas y programas de radio, los que pueden alojarse en el otro platillo. En el que ahora está Juan Ramón de la Fuente. Con él: “todos esos ciudadanos… que han sabido defender con honor y valor sus convicciones… que han luchado por una democracia en la que coincidir y discrepar siga siendo un derecho, pero sobre todo, un privilegio de la libertad”.
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