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De pinta en la feria
Femaco, la Feria México Arte Contemporáneo que se llevó a cabo la semana pasada en el Centro Banamex, es un espacio de reunión. Se congregan los coleccionistas, quienes además de comprar obra, tienen amplia oportunidad de comparar notas durante el nutrido programa de actividades que les organizan que incluye comidas, visitas a museos y fiestas. Se junta la comunidad artística, incluyendo creadores, curadores, críticos, aficionados al arte y funcionarios. Todos van a ver o a dejarse ver, a chacharear novedades y a hacer negocios con las galerías. También jala a quienes buscan algo para decorar su casa y al público que ve programas como Ventaneando o La Oreja, en donde se anuncia la feria y que asiste a ver si de casualidad aparece Paulina Rubio porque es hermana de uno de los directores de Femaco o Jaime Camil, hermano de una galera. La feria es entretenimiento. Sin embargo, aunque seguramente siempre ha sido igual, este año me llamó la atención la gran cantidad de estudiantes y maestros de arte que rondaban los pasillos. Venían de toda la República. En este sentido, Femaco también es un importante espacio de formación. Uno puede aprovechar cualquier situación para aprender, pero la feria no siempre es el mejor formato para formarse artísticamente, aunque tiene beneficios. Una ventaja de las ferias es que reúnen mucha obra, lo cual es estimulante. Algunas, como ésta, tienen un proceso de selección de galerías para asegurar la calidad de lo expuesto, pero siempre se cuelan piezas chafas. También es un proceso democrático en el que las obras de artistas conocidos y desconocidos, por lo menos de un grupo de galerías, compiten sin distinción. Pero, hay desventajas. A diferencia de los museos, en las ferias no hay un discurso curatorial que contextualice las obras para entender su relevancia histórica o social. Y como además carecen de la teatralidad de los museos, es fácil que las obras de calidad pasen inadveridas. Más que contenedores de conocimiento, las obras se convierten en productos. Otro aspecto negativo es que, en este contexto, un ojo que no está bien formado no logra distinguir las obras que aportan algo, de las que son clones tontos que repiten recetas. Además están los vicios de la mercadotecnia: muchas galerías incluyeron obras de neón o con colores estridentes para tratar de atrapar las miradas de los visitantes. Algunas eran infames, otras muy vistas. Pero lo que más me preocupa es que los estudiantes crean que el arte es sólo lo que se presenta en las ferias o que su única meta sea insertarse en este mercado que si bien es interesante, es una minúscula parte de lo que sucede en el vasto campo de la creación artística. En los años 90, cuando Guadalajara tenía su importantísima feria de arte, siempre hubo un foro de arte de primer nivel. Este sirvió para matizar la feria y fue fundamental para proyectar internacionalmente al arte contemporáneo mexicano, puesto que atrajo a importantes curadores y teóricos que pudieron conocerlo. Femaco evidentemente se interesa por la educación, como lo demuestra el hecho de que en otros años hayan tratado de incluir un aspecto teórico a la feria organizando algunas mesas redondas, aunque sin éxito. En esta ocasión había recorridos guiados y un espacio para talleres infantiles. Además de que sea importante fortalecer la educación artística para que a futuro no sólo haya más artistas, sino también más compradores, me parece que incluir programas educativos en la feria podría abrir una buena ventana de oportunidades. Ahí están los clientes, sólo hay que proponerles productos. pintomiraya@yahoo.com
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