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    Economía Informal
Macario Schettino
01 de mayo de 2008

¡Aleluya!

Hace más de una década, cuando pude hablar con el presidente de INEGI de entonces, Carlos Jarque, le pedí que hicieran la matriz de insumo-producto

No tuve mucho éxito, así que a la llegada de Gilberto Calvillo, actual presidente de la institución, también se lo pedí a la primera oportunidad. Siete años después, mis plegarias han obtenido respuesta. El martes se anunció la publicación de la matriz, así como el cambio de base para el cálculo de las cuentas nacionales, y de pasadita, algo que no sé todavía si agradecer o no, el cambio del sistema de clasificación de las actividades económicas.

Antes de comentar con usted acerca de estos asuntos, que no son tan atractivos pero que son de inmensa importancia, permítame hacer público mi reconocimiento al INEGI por este trabajo (que, por cierto, no sólo pedía este columnista, también lo hacía la OCDE con cierta frecuencia). En particular, creo que debemos agradecer al Dr. Calvillo su voluntad de sacar adelante este esfuerzo, enorme. Sin embargo, hay que hacer un reconocimiento especial a Jorge Daudé, quien se hizo cargo de resolver el gran entuerto que era la Matriz de Insumo-Producto. Para quienes sabemos lo que es trabajar en grandes organizaciones, es claro que si no se cuenta con la persona adecuada para dirigir un proyecto, éste nunca llega a buen puerto. Si hoy tenemos este gran avance en la estadística económica de México, se lo debemos a Gilberto Calvillo y a Jorge Daudé, y sin duda a sus equipos. Honor a quien honor merece.

Bueno, ahora permítame explicarle el por qué de tantas alabanzas. Resulta que la Matriz de Insumo-Producto es un instrumento que permite saber cuál es la relación entre todas las actividades económicas. A partir de esta matriz, podemos saber cuánto de la producción del campo sirve para la producción de alimentos, y de ahí cuánto transporte se utiliza, y cuántos fertilizantes, y para la producción de éstos, cuántos químicos, y para todos ellos cuántos servicios financieros o profesionales. Es decir, la matriz es una fotografía de las actividades económicas y sus relaciones. Sin esta matriz, no podemos saber con cierto grado de certeza cómo es la estructura económica del país. Y si somos rigurosos, no se puede establecer bien un año base de cálculo para las cuentas nacionales sin tener esta matriz.

Pues resulta que la última matriz que tuvimos en México se construyó en 1980, aquel fatídico año para las estadísticas en que no pudimos ni siquiera sacar el censo de población, así que podrá usted imaginarse que la matriz de ese año no era particularmente confiable. No se había construido una nueva matriz desde entonces. La que hoy se publica establece como año base de cálculo el 2003, por lo que nos pasamos un cuarto de siglo en la oscuridad total, adivinándole a la estructura económica del país.

Ahora no sólo tenemos esta matriz, sino que además se establece como año base de cálculo el 2003, que ahora será la referencia para todas las estimaciones de comportamiento económico. Con esta nueva base de cálculo, por poner un ejemplo, en 2007 no crecimos 3.3%, sino 3.2%. Una pequeña diferencia, dirá usted, pero cambiará de opinión al saber que, con la nueva base, el PIB es hoy poco más de 10% mayor que el calculado con base 1993. Al modificar el peso de cada actividad, el crecimiento se modifica. Con esta nueva base, la posición de México como economía mundial cambia, y pasamos del lugar 14 al 12. No crea que al cambiar de base se hace trampa para parecer mayor, al contrario, lo que ocurre es que se reconoce de manera más adecuada el tamaño de la economía.

Sin embargo, aprovechando este cambio, INEGI ha decidido aplicar ahora el sistema de clasificación industrial de América del Norte, y abandonar el que habíamos utilizado desde los años setenta (que era una derivación del utilizado en años previos). Este cambio nos borra la manera en que nos habíamos acostumbrado a entender la estructura económica, y como todos los cambios, va a costar un poco de trabajo entenderlo bien. No cabe duda de que el nuevo sistema de clasificación será de mucha mayor utilidad, pero ya nos puso a trabajar INEGI.

Hoy, con este avance en la estadística, tenemos mucho mejores herramientas para entender lo que pasa en la economía mexicana. Aunque nos tardemos unas semanas en analizar con detalle estos cambios, creo que valdrá la pena, porque usted podrá aquilatar no sólo la aportación de INEGI, sino que podrá imaginar mucho más fácilmente el entorno en que se mueve. Para quienes pensamos que la información es la base del éxito, es un momento de gran felicidad. Muchas gracias a Gilberto Calvillo, Jorge Daudé y su equipo. Gracias al INEGI. Y a trabajar, que hay que entender bien las nuevas cifras.

www.macario.com.mx

 
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PERFIL
 
Doctor en Administración, candidato a doctor en Historia. Ha sido profesor investigador en El Colegio de México y el Tecnológico de Monterrey. Es director de Investigación y Programas Doctorales del Tec de Monterrey, campus Ciudad de México. Ha publicado 12 libros. Su columna consiste en análisis sencillos de fenómenos económicos y financieros.
 
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