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Explosión mundial “inseguridad alimentaria”
En 1798 un clérigo british, vicario de la parroquia de Albury, de nombre Thomas Malthus, publicó un libro polémico: Ensayo sobre el principio de la población. Su tesis central era simple: la población crecía geométricamente (2-4-8-16, etcétera) y los alimentos, a su vez, aritméticamente: 1-2-3-4-5-6 y etcétera. La consecuencia era el hambre. El clérigo, hijo de una familia ilustrada y felizmente casado, estudió en Cambridge y no en Oxford como hicieran los suyos. En el siglo XIX, Karl Marx y Engels dijeron, sin más, que el maltusianismo era reaccionario. No consideraba las correcciones de la ciencia y de un Estado fundado en las leyes del interés general. Ese Estado no existe, hoy, en la mayor parte del mundo. Ha sido privatizado y la ciencia ha sido integrada en un proyecto transnacional. En suma, los menos de 900 millones de habitantes en tiempos de Malthus fueron ya 6 mil 438 millones en 2006, de los cuales (2007 World Development Indicators) 2 mil 352 millones tenían un ingreso per cápita anual de 585 dólares. Los ricos, mil 11 millones 35 mil 264 dólares por persona. ¿El resto? En los intermedios del “quiero y no puedo”. El siglo XX vivió bajo el debate entre la pobreza y los Objetivos del fin del milenio… que no se cumplieron y lo dejaron, como en México, “para cuando se agotase el petróleo”. Ahora, con décadas de retraso, se anuncia a una sociedad que creía en el poder del petróleo (aunque no obtuviera los beneficios adecuados) que éste se acaba cuando México es ya en un importante importador de petróleo. Malthus no vivió para saberlo. Murió en las navidades de 1834 mientras su esposa e hijos encendían las velas. El obispo Otter hizo, en su funeral, esta reflexión: “Una vida tranquila y feliz sostenida por la serena convicción en la utilidad de sus trabajos”. En sus últimos años Malthus fue profesor de Historia Moderna y Economía Política en el Colegio de la Compañía de Indias, que era el portavoz del Imperio. Ironías. Lo cierto es que en la segunda mitad del siglo XX el tema del hambre y la pobreza se convirtió en un estandarte político. Enriqueció a una clase política que controlaba los recursos para terminar con la pobreza. Lo cierto es que, en el inicio de 2008 el Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola (Agencia de la ONU) anuncia “una explosión de inseguridad alimentaria” y el aumento de los precios. Advierte que, por cada 1% de incremento, 16 millones de personas serán incorporadas a la “inseguridad alimentaria”. Perspectiva “maltusiana” en la ONU: “Esto significa que mil 200 millones de personas podrán vivir en el hambre crónica, es decir, 600 millones más de lo calculado previamente para 2025”. En suma, África será la primera víctima “universal” del aumento de los precios agrarios. En Pakistán el 56% de la población es considerada en “inseguridad alimentaria”. Dice la ONU que la producción agrícola aumenta, “pero menos rápidamente que la demanda”. Varios cientos de millones de chinos, por ejemplo, quieren pan y carne de verdad. Al mismo tiempo un informe del secretario de la Cepal (del 18 de abril de 2008), números en ristre, nos dice “que más de 10 millones de personas en América Latina y el Caribe aumentarán, por lo mismo, la pobreza e indigencia”. Menos mal que, en México, el del petróleo, INEGI nos anuncia que el Censo Ejidal (el IX) indica que “el 54.1% de la superficie del país, esto es, 105.9 millones de hectáreas son propiedad social y que el número de ejidos y comunidades agrarias creció 4%, es decir, pasó de 30 mil 305 en 2001 a 31 mil 518 en 2007”. En otras palabras, 5.7 millones de mexicanos ejidatarios, comuneros o posesionarios (un millón 165 son mujeres) estarán en las estadísticas de la Cepal (Malthus) esperando el regadío, el nuevo petróleo y la revolución tecnológica. alponte@prodigy.net.mx
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