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Paul Krugman
23 de abril de 2008

Aferrándose a un estereotipo

¿La ahora famosa cita de Barack Obama de la “amargura de los trabajadores” resultará a final de cuentas un hecho de gran importancia en materia política? Francamente, no tengo la menor idea

Pero surge una cuestión diferente: ¿Obama tenía razón?

Los comentarios de Obama combinaron opiniones sobre economía, sociología y comportamiento electoral. En todos los casos, sus declaraciones fueron en gran medida o totalmente equivocadas.

Comencemos con la economía. Obama: “En esos pequeños poblados de Pennsylvania, como en muchos otros pequeños poblados del Medio Oeste, los empleos desaparecieron hace 25 años y nada los ha reemplazado. Y disminuyeron a lo largo de la administración Clinton y de la administración Bush”.

Existen efectivamente poblados donde las fábricas cerraron en la década de los 80 y nada las ha reemplazado. Pero la sugerencia de que la zona central de Estados Unidos sufrió del mismo modo con Clinton que con Bush es profundamente engañosa.

De hecho, los años de Clinton fueron bastante buenos para los trabajadores del Medio Oeste de EU, donde el ingreso medio real del hogar se había disparado antes de empezar a desplomarse después del año 2000. (Pueden ver las cifras en mi blog, krugman.blogs.nytimes.com).

El tema de qué tanto crédito se merece Bill Clinton por ese auge es discutible. Pero si yo fuera un viejo miembro del partido demócrata, exhortaría a Obama a dejar de eliminar la diferencia entre la prosperidad de la era Clinton y la zozobra económica de la era Bush.

Siguiente, la sociología: “Y por lo tanto no es sorprendente que se amarguen, se aferren a las armas o a la religión o a la antipatía hacia la gente que no es como ellos”. La palabra crucial aquí no es “amargarse” sino “aferrarse”. ¿Los problemas económicos llevan a la gente a buscar consuelo en las armas de fuego, en Dios y en la xenofobia?

Es verdad que la gente en estados pobres tiene más probabilidades de asistir a la iglesia de manera regular que los residentes de estados ricos. Esto parecería indicar que la fe es de hecho una respuesta a la adversidad económica.

Sin embargo, esta situación refleja en gran medida el hecho de que la población de los estados del sur es al mismo tiempo pobre y devota; algunos estados pobres que no están en el sur, como Maine y Montana, de hecho son menos religiosos que Connecticut. Además, dentro de los estados pobres la gente con ingresos bajos tiene menos probabilidades de asistir a la iglesia que la gente con ingresos altos. (La correlación funciona de manera contraria en estados ricos).

En general, nada de esto sugiere que la gente recurra a Dios ante la frustración económica.

Finalmente, en comentarios aclaratorios posteriores, Obama declaró que la gente a la que se refiere “no vota con base en los asuntos económicos” sino que más bien la motivan cosas como el matrimonio gay y las armas.

Esa es una teoría política que hiciera famosa Thomas Frank con su libro What’s the matter with Kansas? (¿Cuál es el problema con Kansas?). De acuerdo con esta teoría, asuntos relacionados con los “valores” llevan a la clase trabajadora de EU a actuar en contra de sus propios intereses al votar por el partido republicano. Obama aparentemente sugirió que también es por eso que apoyan a Hillary Clinton.

Me impresionó el libro de Frank cuando salió por primera vez. Pero mi colega de Princeton, Larry Bartels, quien publicó un artículo en el Times el jueves, me convenció de que Frank estaba mayormente equivocado.

En su artículo, Bartels citó datos que confirman que los estadounidenses trabajadores de poblados pequeños tienen menos probabilidades de votar basándose en la religión y los valores sociales que los residentes de las metrópolis. Tampoco los votantes de clase trabajadora se han vuelto republicanos con el tiempo; por el contrario, a los demócratas les va mejor ahora con estos votantes que en 1960.

Es verdad que los estadounidenses que asisten a la iglesia con regularidad tienen más probabilidades de votar por el partido republicano. No obstante, contrario al estereotipo, esta relación es débil entre gente con ingresos bajos pero fuerte entre los votantes con altos ingresos. Es decir, la religión ayuda a los republicanos produciendo mayorías abrumadoras entre los evangélicos adinerados, pero no convenciendo a la clase trabajadora de votar contra sus propios intereses.

Entonces, ¿por qué han ganado tantas elecciones los republicanos? En su libro Unequal democracy (Democracia desigual), Bartels muestra que “el cambio en el sur de un control demócrata a uno republicano luego del movimiento de derechos civiles”, explica toda, literalmente toda, la historia de éxito republicano.

¿Importa que Obama haya adoptado una teoría incorrecta sobre qué motiva a los votantes de clase trabajadora? Su campaña ciertamente no se ha basado en el libro de Frank, que propone concentrarse nuevamente en los asuntos económicos como una manera de recuperar a la clase trabajadora. De hecho, el libro concluye con un ataque mordaz contra los demócratas, que transigen ante “adinerados profesionales de cuello blanco con posturas liberales en asuntos sociales”, al tiempo que “dejan de utilizar el lenguaje de clase que alguna vez los distinguió marcadamente de los republicanos”. ¿No suena esto un tanto parecido a la campaña de Obama?

De cualquier manera, la cuestión importante es que los estadounidenses de clase trabajadora sí votan con base en los problemas económicos y pueden ser conquistados por un político que les ofrezca respuestas reales a sus problemas.

Y una cosa más: esperemos que cuando Obama deje de contender con alguien llamado Clinton, también deje de denigrar el historial económico positivo de la única administración demócrata recordada por la mayoría de los estadounidenses. (Traducción: Mariana Toledo)

 
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PERFIL
 
Sin duda, uno de los economistas más destacados del mundo. Autor de más de 18 libros y columnista estrella del New York Times, ha pasado toda su vida académica investigando y dando clases en Yale, Stanford, MIT y actualmente Princeton. Krugman escribe, según sus propias palabras, para incomodar a la gente. "Si una columna no genera inquietud al leerla, entonces el autor ha malgastado el espacio. Esto es particulamente cierto en economía, donde todos tienen fuertes puntos de vista, pero pocos se detienen a reflexionar sobre ellos".
 
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