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Antonio Minzoni
21 de abril de 2008

Cultura aseguradora

Es parte de la riqueza cultural de cada ser humano, pero que en ocasiones no se toma en la debida consideración, como si los peligros, que a diario nos rodean, dieran un trato particular a una parte de la humanidad

Cultura aseguradora que va pari passu (de la mano) con la cultura financiera y afiliadas, y que debería aprenderse desde la primera juventud conociendo los instrumentos que las instituciones de seguros ponen a nuestro alcance para brindarnos protección física y financiera contra los daños que pueden afectarnos esos peligros si logran dañarnos de alguna manera; en otras palabras el sentido de la “protección” se convierte en parte indivisible de los seres humanos.

Hace algún tiempo en un espacio de este medio de comunicación especializado, comenté con usted algunos aspectos de la mencionada cultura, pero las situaciones cambiantes de la vida actual son fuentes de nuevos riesgos, por lo tanto peligros; me invitan a conversar de nuevo con usted sobre un tema tan interesante como lo es el de la “cultura aseguradora” sobre la cual, en general, muy poco se escribe y poca literatura existe a disposición del público.

La cultura. Cabe recordar que, por un lado, las instituciones de seguros tienen siempre presente que las imágenes de confianza que proyectan en el público consumidor de sus productos no debe sufrir deterioro alguno por eventuales controversias entre las dos partes, las que deben componerse sin recurrir a tribunales y organismos parecidos, y, por otro, con el fin de que esta forma operandi opere cabalmente, se requiere una forma de cultura sobre el tema seguros por parte del mencionado público, la cual se adquiere, como se dijo, a lo largo de la vida empezando, pero, desde la juventud.

Para adquirirla se requieren “medios” escritos, televisivos, de internet, de presencia física de las instituciones en el país en que operan en combinación con la valiosa labor diaria de los intermediarios, o sea de los agentes de seguros que ofrecen los diferentes productos de las instituciones para las cuales operan.

Con referencia a los medios mencionados, el primero es la familia, donde el joven vive su vida, familia que, por obvias razones, ya debería ser vinculada al sector por algún producto que compró como protección joven de los que conviven en la misma.

Esta actuación hará que hijos e hijas empiecen a valorar la importancia de la “protección”; una vez que la familia cumplió con esta tarea, el joven adulto deberá interesarse sobre el tema y profundizar en el mismo, con los medios a disposición, el segundo de los cuales será la “escuela”.

Se estima que la escuela, en sus distintos grados, debe disponer, en sus programas de estudio y adecuados a las edades de los alumnos (as), de una parte apta a proporcionar una semblanza de la necesidad y utilidad del seguro como medio para las protección contra los eventuales eventos desfavorables que puedan afectarlos; por otro lado, dar una semblanza de la utilidad del seguro al país permitiendo que los afectados por algún siniestro continúen operando al reponer, la institución, el bien destruido y, al mismo tiempo, contribuyendo a la economía del país donde operan las instituciones.

Revistas especializadas en los seguros y libros sobre el tema se consideran como un valioso apoyo para aumentar la mencionada cultura; asimismo, la presencia física de las aseguradoras en el país donde operan, a través de su edificios donde se encuentra su sede social y, especialmente, de oficinas de servicios ubicadas aquí y allá con el fin de que los futuros usuarios vayan conociendo el mercado; los bancos son un ejemplo en este sentido con su extensa red de sucursales, sin importarles si varios las tengan una cerca de la otra; un estímulo para la competencia.

Lo mencionado en esta nota sobre los medios para adquirir una cierta cultura aseguradora tendrá éxito siempre y cuando las posibilidades económicas del interesado le permitan comprar lo que necesitaría para estar bien protegido acorde con sus necesidades; en caso contrario, no lo hará, y de ser posible recurrirá a los sistemas protectivos de las instituciones sociales gubernamentales.

En países cuya población goza de ingresos adecuados y de una cultura aseguradora avanzada, el índice de penetración del seguro será elevado (5-7% del PIB total del país); en otros, dichos porcentajes serán menores (entre 1 o menos y 2-3%).

Concluyendo. Cultura aseguradora acompañada por ingresos adecuados se estima serán los dos grandes factores para hacer desarrollar los seguros en el mundo.

Y terminaré con un “Gracias para usted” que tuvo la paciencia de leer esta nota.

 
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Como su nombre lo indica, este espacio está dedicado a recoger los cuidadosos exámenes que nuestros especialistas en finanzas llevan a cabo de la situación global en el ámbito del intercambio económico. Colaboran aquí Antonio Minzoni y Marcos Shemaría, entre otros más.
 
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