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    La voz invitada
Varios
20 de abril de 2008

NUEVA YORK.— El Museo de Arte Moderno de esta ciudad abrió nuevamente sus salas de exhibición temporales al diseño como campo artístico y tecnológico. La muestra Design and the Elastic Mind reúne más de 200 objetos y conceptos de artistas de muchos países. El diseño es un campo que va siempre tras la innovación y el futuro. En él influyen la tecnología, las rutinas de la vida diaria, pero también el arte y puede expresar los deseos, las ilusiones y las aspiraciones de miles de personas.

Constituye una disciplina emergente porque hoy importa mucho la estética y el estilo en prácticamente todos los campos. El diseño no sólo busca la estética, sino que fija posturas frente a las relaciones de los hombres y mujeres respecto a ciertos objetos, recursos, épocas, materiales, etcétera.

Curada por Paola Antonelli y Juncosa Vecchierini, la muestra explora enfoques que cuestionan y subrayan la responsabilidad del diseño frente al futuro sustentable de las ciudades, o los vínculos entre el desarrollo científico-técnico, las matemáticas y la comunicación, y aborda la especulación en torno del futuro del cuerpo humano ante el desarrollo de la nanotecnología.

Entre las piezas está la representada por unos zapatos tenis que almacenan energía durante la acción de caminar, la cual sería suficiente para encender un foco en las noches.

Otra pieza explora al diseño del cuerpo humano y aventura la hipótesis de un mundo en el cual la nanotecnología hace posible transformar la fisonomía del cuerpo humano, desde el deseo y el erotismo, al hacerse crecer varios senos. O bien desde las condenas de la desigualdad, ya que los pobres, señala la postura de una artista, pueden producir prótesis, riñones u otros órganos en su cuerpo, mismos que los pobres podrían vender luego a los ricos.

La fascinación y el deslumbramiento por la tecnología entre los jóvenes, no permite disimulos. Así, hay una sección de la muestra en donde ellos se dejan envolver, tirados en el piso, mirando desde abajo un cielo de pixeles, una bóveda envolvente formada por una pantalla de pantallas, que transforman la experiencia del ver, por la del sentir y la del estar inmerso en el centro mismo de la obra artística.

Sorprendente resulta la inmersión en el microcosmos del DNA y la creación de patrones de diseño múltiple, infinito, al cual es posible acercarse a través de la biotecnología, o bien la creación de objetos de vida útil, pero cuyos materiales, usos y formas significan una postura frente al calentamiento global, la salud, el aprovechamiento de los recursos naturales.

Algunas piezas me hicieron recordar proyectos artísticos que en el Centro Multimedia del Cenart algunos becarios del Fonca realizaron a fines de los 90 y la primera mitad de esta década. Minerva Hernández produjo una pieza que detectaba el ritmo cardiaco y evolucionaba hacia uno u otro color al ser tocada, las exploraciones del cuerpo de Adriana Calatayud o las piezas sonoras con plantas del desierto de Ariel Guzik.

El uso de los llamados open-source plantea la posibilidad de desarrollar muchos recursos simbólicos y de entretenimiento, como son los videojuegos. Recuerdo uno que reunió los sueños de los ciudadanos de varias ciudades, o aquél artista mexicano que hizo un videojuego con el tema de los zapatistas y cuya trayectoria significaba burlar obstáculos para llegar a la tribuna del Congreso.

Pero aquí no tenemos un MOMA que dé cabida a esas expresiones, a la creación de dispositivos electrónicos y al desarrollo de escenarios autónomos, entre otros proyectos, que se desarrollaban más con entusiasmo y vocación artística y científica, que con recursos tecnológicos. Nuestros países son todavía periféricos en la aplicación de la tecnología a las artes y al diseño orientado hacia la búsqueda del bien común. Bastaría con la creación de incubadoras de empresas culturales ligadas al diseño para dejar aflorar la creatividad y el espíritu de experimentación de artistas jóvenes de México, interesados en el vínculo entre arte, ciencia y tecnología. Son esos vínculos los que pueden cambiar el mundo y hacerlo más habitable y disfrutable, y menos agresivo con el medio ambiente.

Por lo pronto, el vínculo entre diseño, arquitectura, video, foto, internet y redes neuronales está dando mucho de qué hablar en términos de arte, diseño e innovación científico-técnica.

escritoenvozalta@gmail.com

 
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