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Canto a la libertad: Lessing
Frente a la humanidad que avanza en muchos terrenos, pero retrocede en otros, siempre resultan importantes las reflexiones de quienes han vivido en un sistema dictatorial y aprendido de sus errores juveniles. Tal es el caso de Doris Lessing, quien en cinco pláticas hace el balance de las dificultades que enfrentamos, donde en ocasiones el desánimo es evidente, pero la esperanza presente. Ello en: Las cárceles elegidas (FCE). En la última de sus charlas, la premio Nobel recuerda al soberano egipcio, Akenatón, quien subió al trono mil 400 años antes de Cristo. Su virtud, no obstante que reinó pocos años, fue sustituir la religión de la muerte (lo que muestra las raíces nazis y de quienes erigieron un templo en Tepito) por algo gozoso, basado “en el amor y un solo Dios”. No obstante, los años y las pocas informaciones al respecto, el personaje fue rescatado por Thomas Mann “en su gran novela, José y sus hermanos”, inspiró a Philip Glass para componer una ópera y el maestro Freud creyó que “Moisés recibió la idea del monoteísmo de Atón, la religión de Akenatón”. Pareciera que exagera, pero es verdad que los grandes pensadores, no obstante que en ocasiones pasen inadvertidos para millones, cuando deja una semilla bien cimentada, la misma germina a la larga y mueve a quien menos se espera. Insistiendo la señora en la posición de Karl Popper y las sociedades abiertas, llama sobre todo a los jóvenes a entrarle en serio a estudiar la historia y ver en la literatura el descubrimiento de la humanidad. Dos herramientas que en estos tiempos de primacía tecnológica, más que científica, están muy descuidadas. Sobre todo la primera, de la cual podemos aprender realmente lo que no se debe hacer. Y aporta un dato escalofriante: “en Gran Bretaña” únicamente “7% vio en ella algún valor”. Doris señala cómo los disidentes son vitales para los cambios de un país. El poder: gobiernos, iglesias, grupos diversos, etc., lejos de posibilitar la multiplicidad de ideas, van por un rumbo definido. Es casi imposible salirse de los cauces que marcan. Ello lleva, muchas veces, a que incluso quienes no querían hacer actos criminales los realicen. Eso se mostró con Hitler y sus hordas y en países comunistas, donde los intelectuales se acostumbraron a la represión, “constituye lo que los psicólogos llaman internalizar una presión exterior”, algo que “no es fácil que sus propias víctimas se den cuenta de ello”. En Cambio de canal para ver Dallas, hace un recuento de los lavados de cerebro a que son sometidos los más diversos individuos. Lo mismo quienes han estado en guerras que aquellos manipulados por las nuevas herramientas mediáticas, aunque en este último asunto no avanza demasiado. Aunque pone el acento como muchos políticos son votados por su manejo de la popularidad y el bombardeo en las pantallas. Incluso de Reagan, a quien le dijeron que era el presidente estadounidense más popular del siglo pasado (¿?), dice que “fue elegido desde antes en la taquilla”. A pesar de las imperfecciones democráticas, llama a profundizar en este sistema y a flexibilizar el pensamiento, únicas maneras de ir adelante en la creación de una sociedad abierta y vigilante. Pone énfasis en la educación. La base del cambio de fondo. jamelendez@prodigy.net.mx jamelendez44@gmail.com
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