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Maru Ruiz de Icaza
13 de abril de 2008

Esta semana estuve en uno de los lugares más bellos de cuantos he estado en mi vida. Un sitio lleno de encanto, magia, e historia, y de gente trabajadora.

Reconozco con vergüenza, que fue hasta hace seis meses que visité por primera vez el estado de Chiapas, pero con esa visita relámpago me bastó para darme cuenta de que lo que vi no era mas que la punta del iceberg, así que prometí volver.

De aquel primer viaje todavía quedan en mi memoria la visita a la iglesia de San Juan Chamula, repleta de figuras de santos que son venerados por los indígenas chamula, y a veces, también, “castigados” contra la pared si no salen “cumplidores”. Y qué decir de la fiesta del pueblo tzotzil de Zinacatán, en la que tuve oportunidad de admirar, a todo un pueblo, ataviado con la misma vestimenta, bordada a mano por las mujeres del lugar.

Recorrí también algunas minas de ámbar en Simojovel, y di un paseo en lancha por el Cañón del Sumidero, cuya majestuosidad y belleza deja a cualquiera sin habla. Todavía guardo en la boca el sabor del posh, la bebida que utilizan los chamula “para entrar en contacto con la divinidad” (más pegador que el tequila); de la sopa de pan (riquísima), del café, y del rambután, una de esas frutas de las que no puedes comer solo una. Pero es increíble lo poco que los mexicanos sabemos de los demás mexicanos.

No tenía idea, por ejemplo, que en Chiapas poseen una rica variedad de frutas como kaimiko, guaya, cupapé, pomarrosa, marañón, papaúsa y anona. Fue Isabel Aguilera de Sabines, la esposa del gobernador de Chiapas, Juan Sabines, quien me comentó esto durante la cena que ofreció el anticuario Mario Uvence Rojas en su casa de San Cristóbal de las Casas, en su honor y el de Verónica Castro, quien poco después sería coronada como Reina de las Artesanías de México.

La velada fue inolvidable por muchas razones, comenzando por la vieja casona, ubicada en el centro de San Cristóbal, que Mario remodeló y decoró con un gusto exquisito. Dignos de destacar resultan el cuadro de grandes proporciones, de Ángel Zárraga, que adorna el salón principal de la casa; un enorme jarrón de barro de Tonalá del siglo XVII, y un espectacular mueble poblano del siglo XVIII, hecho con incrustaciones de marfil, concha y hueso. De la cena ni les cuento, porque había tal variedad de ricos platillos, que probé casi todos, y digo casi, porque quise guardar espacio para los postres: un “bocado de rey”, según una antigua receta de su mamá, y el mejor pay de limón que recuerde.

Entre bocado y bocado, escuché con interés lo que nos contaba la esposa del gobernador, una mujer joven, guapa, trabajadora y preparada (tiene, entre otros, estudios de economía y electrónica), que conoció a su marido, Juan Sabines, siendo Miss Tlaxcala. Por coincidencias de la vida, resultó que Verónica —según me contó ella misma—, ya conocía a Isabel de Sabines, pues trabajaron juntas en una telenovela.

Pero siguiendo con el relato de mi viaje a Chiapas, les cuento que en esta ocasión visité Las Nubes, un lugar de ensueño en el corazón de la selva lacandona, en el que por cierto tuvimos un percance en el helicóptero, al rozar con el rotor de cola la copa de un árbol, por suerte llegamos a tierra sanas y salvas, y con una anécdota más para contar a nuestros hijos.

De Palenque, qué quieren que les diga (¡sólo que hay que ir!). Y por último sobrevolé los lagos de Montebello y las cascadas de Aguazul, que es quizá el espectáculo más hermoso de cuantos yo haya tenido oportunidad de ver (junto con las Barrancas del Cobre, en Chihuahua). Me quedé con las ganas de visitar Bonampak, Yaxchilán (en la frontera con Guatemala), la Cima de las Cotorras, que me han dicho que es todo un espectáculo cuando miles de estas aves salen y entran a una especie de cenote profundo, y también Puerto Arista, donde están haciendo un gran desarrollo turístico junto al mar. Sin duda, Chiapas es un lugar al que hay que volver.

 
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PERFIL
 
Inició su labor como periodista hace doce años en la revista Actual, donde aún colabora. A lo largo de su carrera, ha entrevistado a personalidades como Bertín Osborne, Fernando Allende, Claudia Schiffer, Eva Herzigova, Nicola Bvlgari, Tonino Lamborghini, Guadalupe Loaeza, Juan Soriano, José Luis Cuevas; deportistas como Gabriela Sabatini, Gustavo ?Guga? Kuerten, así como a la alpinista mexicana Karla Wheelock.

Es corresponsal en México para la revista ¡Hola! desde hace cuatro años. Desde entonces ha realizado diversos reportajes para la conocida revista española del corazón, como el que hizo al magnate Peter Loftin en su residencia Casa Casuarina de Miami, que fuera propiedad de Gianni Versace; a Ana Cristina Fox, en su cabaña de Los Pinos; o más recientemente, al empresario Carlos Peralta, en su increíble barco ?Princess Mariana?, en la isla de Capri.

Recientemente recibió la invitación para colaborar en la revista Élite, que saldrá a la luz en abril o mayo de este año.

 
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