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    Detrás de la Noticia
Ricardo Rocha
10 de abril de 2008

Lecciones de Oriente

El viaje por esas tierras me trae recuerdos encontrados: otro mundo, a veces otro planeta: Bangkok y sus mitos, el alucinante Hong Kong y su reintegración de medio siglo, Beijing y el dolor inolvidable de Tiananmen, el nerviosismo de unos juegos marcados por la protesta tibetana, el recuerdo imperecedero de Mao, la nueva adoración a Deng y la vieja maravilla de la muralla, Xian y la nueva maravilla de sus guerreros. De todo, sin embargo, se quedan en la cabeza y el corazón dos ciudades-estado-nación que, por lo menos en mí, concitaron a la vez el asombro, la admiración y la rabia: Singapur y Shangai. Y que conste que, más que el periodista, habla el viajero.

Asombro porque sólo viéndolo se puede creer que, en un territorio minúsculo, de la dosmilésima parte del nuestro, se hayan concentrado tanta prosperidad y eficacia: el mejor puerto del mundo que maneja millones de contenedores de carga, más del doble que todos los puertos mexicanos juntos; con una línea aérea —también la mejor del planeta— que es la envidia de las ya añejas grandes compañías internacionales; 125 mil nuevos magnates de más de 10 millones de dólares cada uno, en una envidiable riqueza democrática; “y es que en lugar de lo que impone el Consenso de Washington le apostamos todo a una gran revolución educativa y nos trajimos a los mejores maestros del mundo”; “sabe, aquí por ley cada ministro del gabinete debe tener por lo menos un posgrado de su especialidad y el presidente dos”; “no, aquí no hay crimen organizado porque hay pena de muerte ipso facto para los narcotraficantes, tampoco corrupción porque se considera alta traición a la patria y también implica penas inconmutables”. Y cuando uno pregunta si no es exagerada tanta severidad draconiana, la respuesta es demoledora: “¿Hay justificación moral o legal para quienes envenenan y matan a sus semejantes o para quienes se roban el patrimonio común?”. Y con la misma determinación orgullosa me muestran su máxima satisfacción: las fotografías de los arrozales y villorrios anegados que eran hace apenas 30 años. Ahora miden la eficacia de sus gobiernos en un Índice de Felicidad que contempla salud, educación, recreación y calidad de vida.

En otro ámbito, Shangai es el deslumbramiento total: una urbanización que aprovecha cada centímetro de espacio lo mismo en las alturas que en la superficie y que en una inimaginable vida subterránea; 3 mil rascacielos de más de 40 pisos de altura; pero lo más impresionante es que mil 500 de ellos son de los últimos 20 años y más de la mitad fueron construidos en tan sólo los cinco años recientes; así que de pronto estás en el piso 88 —cabalístico para los chinos, que por eso iniciarán sus juegos el octavo día del octavo mes de 2008 a las ocho— cuando tienes enfrente otra bellísima mole de acero y cristal de 108 pisos que será el nuevo más alto; vamos, escoja los 100 edificios más espectaculares y dígale al señor Lucas que ahí está su escenario de la ciudad del futuro.

Sin embargo, me traje también la rabia: qué han hecho ellos que no hubiéramos podido hacer nosotros, por qué ellos sí y nosotros no; por qué allá modificaron tan dramáticamente el rumbo de su destino y aquí pareciéramos habernos congelado.

Las respuestas son múltiples, pero baste una: en ambos casos es el rompimiento con las ataduras que nos son tan propias a quienes seguimos sujetos a la correa falderilla del Fondo y del Banco. Se trata de modelos económicos nuevos y propios desarrollados por ellos mismos para sus necesidades y desde su realidad. Por eso sus problemas son los del futuro, cuando aquí ni siquiera hemos podido ponernos de acuerdo para resolver el presente. Vaya, hasta en la filosofía salimos perdiendo: allá es Confucio, acá el tío Lolo.

P.D. Al momento de escribir estas líneas se presenta la iniciativa presidencial de la llamada reforma energética Y ya sobre la propuesta concreta, comienza la segunda fase de una polémica que divide y desgasta al país. Pero no por ello debe haber prisa. Me adhiero con absoluta convicción a quienes proponen la apertura de un amplio debate nacional sobre el Pemex que queremos. La trascendencia de este capítulo histórico no sólo lo justifica sino que lo hace indispensable.

ddn_rocha@hotmail.com

 
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PERFIL
 
Ricardo Rocha ha sido redactor, reportero, corresponsal de guerra, productor y conductor de programas. En 1977 cubrió por dos meses la Revolución Sandinista en Nicaragua, lo que le valió el premio nacional de periodismo. Diseñó y condujo los programas "Para Gente Grande" y "En Vivo". Es co-autor de "Yo Corresponsal de Guerra" y autor de "Conversaciones para Gente Grande". En el 97 creó el concepto "Detrás de la Noticia" y en 1999, al separarse de Televisa, lo consolidó con la agencia informativa.
 
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