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Desorden mundial
Desde la mitad de 2007, el mundo financiero está transitando por una crisis que ha afectado particularmente a Estados Unidos y a Gran Bretaña, motivada por los problemas originados por las hipotecas de alto riesgo (subprime) Todavía se desconoce cómo podrá arreglarse ese desorden; economistas y empresarios, en particular de Estados Unidos, ofrecen sus recetas para una eventual solución. Así por ejemplo, según la revista News Week de finales de marzo pasado, Joseph Stiglitz, ex economista del Banco Mundial y premio Nobel de Economía, una solución podría ser la de cambiar en créditos fiscales los subsidios mediante deducciones fiscales; el crédito fiscal sería convertible en dinero que podría ayudar a los estadounidenses pobres y, de paso, al sistema financiero. A su vez Robert Rubin, ex ministro de finanzas de Estados Unidos y presidente del Comité Ejecutivo del Consejo de Citigroup, enfoca la atención hacia los múltiples productos de la ingeniería moderna financiera que ofrecen a los inversionistas un abanico muy amplio de opciones, pero que invitan a asumir riesgos en forma un tanto excesiva. Por esto se deben tomar en consideración requerimientos más elevados de capital para los bancos en general y aquellos de inversión. Según otros analistas financieros, un “condimento” de la crisis es una falta de confianza en Wall Street y un ejemplo lo ofrece lo ocurrido hace pocos días, con el quinto banco de inversión de ese país, al Bear Stearns, el cual colapsó, podría decirse, un día para otro y tuvo que intervenir la Reserva Federal (Fed) a través de una operación estructurada con el JP Morgan Chase, que debía comprarlo por 236 millones de dólares (dos dólares por acción), cuando en enero de 2007 el valor de ese banco era de unos 20 mil millones de dólares; la operación tuvo otro final entre Fed y JP Morgan Basilea I y II. Han transcurrido dos décadas desde 1988 cuando el Comité de Basilea Suiza (se trata de G-10, integrado por los gobernadores de los 10 bancos centrales de los países más industrializados, establecido a finales de 1974 en esa ciudad suiza) emitió el primer acuerdo en relación con el capital de los bancos, el muy conocido “factor de capitalización de 8%”, consistente en la obligación de crear un fondo de 8% del capital erogado a un cliente, y denominado Basilea I. Siguió un segundo acuerdo del mismo comité en 2001 sobre la capitalización de los bancos: el Basilea II, que debía entrar en vigor en 2006 o a principios de 2007. En breve el acuerdo descansaba en tres pilares: 1) un capital mínimo, 2) un control prudencial por parte de las supervisores bancarios de cada país; 3) disciplina de mercado y transparencia hacia inversionistas, ahorradores y otros involucrados en la operación, con la obligación de ir monitoreando los perfiles de capitalización. El acuerdo buscaba fortalecer la estabilidad global del sector bancario, pero según informó el Financial Times de ese entonces, las reglas fueron criticadas por el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), representante de más de 300 organizaciones financieras a nivel mundial; según el instituto las nuevas reglas se presentaban demasiado complejas sin ofrecer incentivos adecuados; por su parte, críticas similares expresaron la Asociación de Banqueros Ingleses, la Federación Bancaria Europea y la Asociación de la Industria de Valores con sede en Estados Unidos; la banca central de China fue todavía más enérgica en rechazar dichas reglas. Reglas de crédito de la Fed. El tiempo no pasa en balde; y después de lo ocurrido con el mencionado desorden, la Reserva Federal, a través de su presidente, informó sobre las nuevas medidas para proteger a los propietarios de vivienda de préstamos concedidos en forma sui géneris: 1) prohibir a los prestamistas conceder créditos antes de haber obtenido la documentación suficiente sobre la capacidad financiera de poder pagar el préstamo; verificando los ingresos de los bienes del deudor; 2) asegurarse que los que solicitan préstamos considerados de alto riesgo tengan lo suficiente para los costos fiscales y del seguro; 3) otras medidas de carácter fiscal considerando que en todo el país aumentaron los embargos relacionados con viviendas. El secretario del Tesoro, obviamente de Estados Unidos, en días pasado salió en defensa de una reforma financiera apta a regular una mayor supervisión de la Reserva Federal; y presentó el borrador de dicha reforma (A Blueprint to Regulatory Reform); un modelo financiero más flexible y que responde mejor a las cambiantes situaciones económico-financieras del momento, permitiendo a los ejecutivos funcionarios de cada banco tomar las medidas pertinentes para prevenir eventuales desórdenes financieros futuros. Al final: crisis bancarias se han presentado con una cierta frecuencia; entre las más recientes mencionaré las ocurridas en Estados Unidos en 1984 y 10 años después; la de México en 1994-96; costaron las dos primeras en escaso 3% del PIB de esos momentos; y la de México fue todavía más cara (superó 10% del PIB). El costo de la actual crisis para Estados Unidos se estima entre 2-2.5% pero algunos analistas piensan en hasta 4%. Los desórdenes financieros, a la vista de lo ocurrido ayer y hoy, pueden atribuirse, en gran parte, a una falta de regulación adecuada y supervisión correspondientes, considerando además el efecto multiplicador de la globalización. Además, en el caso actual, no hay que dejar de un lado el uso de un producto financiero denominado securitization por medio del cual activos financieros de baja liquidez pueden convertirse en otros de mayor liquidez y bursátiles. ¿Cuánto de esto hubo en la actual crisis? La moraleja podría ser la siguiente: “No hay mal que por bien no venga” y de este desorden se aprenda algo para el futuro.
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