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Alejandro Villagómez
02 de abril de 2008

Diagnóstico petrolero

La fotografía “oficial” no hace más que corroborar el terrible estado en que se encuentra nuestra industria petrolera, y que se ha venido señalando desde hace ya mucho tiempo

Sin duda, uno de los grandes temas de esta semana (y probablemente varias más) será sobre el diagnóstico de la industria petrolera presentado por las autoridades el domingo pasado, y con el cual se da el banderazo oficial a las discusiones sobre la futura propuesta de reforma al sector petrolero (y energética en general). Aún no queda claro quién será su principal creador y todo parece indicar que la estrategia del Ejecutivo es abrir la discusión en el Congreso para ir capturando las principales líneas que debería contener dicha propuesta, pero habrá que ver el futuro rumbo de los acontecimientos.

Por lo pronto valdría la pena realizar algunos comentarios sobre este documento, el cual, en términos generales, me parece bien elaborado y relativamente completo.

Estrictamente lo que se hace (y que en sí es valioso) es sistematizar y presentar en un solo documento una serie de hechos que ya conocíamos la mayoría y que se han venido mencionando, denunciando y documentando en diversos foros desde hace ya mucho tiempo.

En pocas palabras, lo que hace la fotografía “oficial” no es más que corroborar que una de nuestras “joyas de la corona”, aquella por la que muchos se desgarran las vestiduras en una cruzada patriótica, y de la cual la mayoría de los mexicanos (supuestos propietarios) han recibido sólo una parte menor de los frutos que ha generado, se encuentra en condiciones terribles, probablemente en terapia intensiva, esperando a que los “doctores” terminen por deliberar cual será el camino y estrategia a seguir para poder recuperarla.

Si no se cristalizó la esperada “administración de la abundancia” prevista por López Portillo hace muchos años al cambiar las condiciones mundiales de este sector, lo que sí queda claro es que no fuimos capaces de administrar adecuadamente la “fuente” de esta posible abundancia, que paradójicamente estamos viviendo actualmente, al menos coyunturalmente, y que dadas las condiciones del sector no estamos aprovechando al potencial que se podría haber hecho en otras condiciones. El documento presenta con toda claridad las tendencias de nuestra industria petrolera, y que con excepción del precio internacional y de los pasivos laborales, todas se mueven a la baja. Menores reservas probadas (para menos de 10 años), producción en declive, menor capacidad en refinación; menor capacidad para satisfacer el consumo interno de gasolina con producción interna; (el gas parece que se salva aunque los ritmos pueden ser menores a los requeridos por nuestro consumo interno).

El diagnóstico sobre la situación de la infraestructura es realmente aterrador, destacando la obsolescencia tecnológica en prácticamente todos los rubros, el manejo de equipos altamente desgastados, oleoductos y poliductos con más de 20 años de edad en promedio y múltiples fugas; buques que no reúnen los estándares internacionales y varios fuera de operación, como sucede con varias plantas productoras por falta de competitividad o suministros (por ejemplo 16 de petroquímicos); procesos de mantenimiento deficientes que provocan paros por arriba de las referencias internacionales.

Pero también resulta preocupante la situación de Pemex respecto a sus pasivos laborales.

Según el documento estamos hablando de más de 500 mil millones de pesos, cifra que representaría 5.4% del Producto Interno Bruto (PIB).

Sólo en 2007 se destinaron más de 16 mil millones de pesos para cubrir obligaciones derivadas de 75 mil pensionados, 60% superior a lo erogado en el 2000. Cabe mencionar que por la propia estructura demográfica de la planta laboral de esta empresa, el crecimiento en este gasto deberá ser acelerado en los próximos años.

Estos son sólo algunos de los puntos principales presentados en el documento, pero que ilustran de manera precisa la situación de nuestra industria petrolera. Tal vez habría que criticar al documento el que haya excluido una sección que intentara ir más allá del diagnóstico descriptivo, que definitivamente es útil, y que presentara una evaluación sobre las principales causas de esta situación, que aunque seguramente ya las conocemos, sería útil tenerlas sistematizadas en el mismo documento, en particular si se considera que este material será un insumo fundamental para las próximas discusiones en la materia, pero sobre todo para derivar las estrategias y alternativas que se seguirán en la propuesta de reforma.

Se tipifica bien a la enfermedad, pero no sus causas. Podría contribuir a evitar caer en errores del pasado. Y por cierto, también sería útil que los legisladores contaran con algún documento que sistematizara otro tipo de errores derivados de la participación del sector privado en algunos sectores en el pasado y que habría que tratar de evitar repetir. Si no existe un proceso de concientización y aprendizaje, lo que vendrá para el futuro difícilmente será muy bueno.

 
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PERFIL
 
Doctor en Economía por la Universidad de Washington. Especialista en macroeconomía, política monetaria y fiscal, ahorro y pensiones. Profesor investigador de la División de Economía del CIDE, de la cual fue su director del 2000 al 2003. Ha sido consultor y asesor del gobierno mexicano, organismos privados y organismos internacionales. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores.
 
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