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Inestabilidad para no cambiar
La inestabilidad, como se ha experimentado en muchas ocasiones, no propicia el cambio, sino que preserva el estado de cosas, es la amiga de los conservadores y no de los que promueven la revolución de cambio El incremento en la incertidumbre económica y financiera internacional en los últimos meses es, desgraciadamente, territorio familiar para los mexicanos. Aquí, durante cerca de tres décadas las fluctuaciones y crisis recurrentes fueron la norma más que la excepción. La inestabilidad resultó muy costosa para el país y el crecimiento por muchas razones: en primer lugar, redujo el horizonte de planeación y penalizó las inversiones de largo plazo. Esto tuvo como consecuencia perversa que no se llevaran a cabo las obras de infraestructura que detonan el crecimiento acelerado y sostenido, y que se dejara de invertir en el incremento en la productividad. Una de las razones que explican el crecimiento insuficiente que ahora se observa es, sin duda, ese corto horizonte de planeación. En segundo lugar, el alto riesgo derivado de la inestabilidad incrementaba el rendimiento demandado por inversionistas y que, por lo tanto, muchas inversiones que en condiciones de estabilidad hubieran generado un valor presente neto esperado positivo no lo tuvieran. Esto implicó que muchas inversiones potenciales nunca se llevarán a cabo. En tercer lugar, la inestabilidad provocó una asignación ineficiente de recursos: el área más importante de las empresas era la tesorería en donde se arbitraban las fluctuaciones de precios de insumos, productos finales e instrumentos financieros. Como consecuencia, se despreció la generación de valor en el diseño, la línea de ensamble, la logística y la venta que es donde en realidad reside. Más aún, las mentes más brillantes con frecuencia optaban por carreras en finanzas y no en ingeniería. Por último, las crisis provocaban que no se atacaran los problemas realmente estructurales del país, privilegiando lo urgente sobre lo importante. Hoy México tiene más de diez años de estabilidad macroeconómica, ha conseguido una cierta, aunque caótica, estabilidad política en una democracia aún por consolidarse e invierte en reformas para la estabilidad jurídica a través de la lucha contra el crimen organizado y para la impartición de justicia. Estos esfuerzos deben resultar, si tienen éxito, en una mejoría significativa del perfil de riesgo de la economía para que en cinco años se tenga uno similar al de Corea de Sur o la República Checa y no se esté muy lejos del de Italia. Los beneficios de mejorar el perfil de riesgo son una mayor competitividad, un mayor atractivo a la inversión productiva de largo plazo y un crecimiento sostenido. México tiene la oportunidad de convertir a su perfil de riesgo y estabilidad en la ventaja comparativa fundamental que lo diferencia de competidores tales como China. La principal ventaja de esta estabilidad, tan costosamente obtenida, es que permite el cambio. Se invierte en ella sólo para cambiar, no para preservar el estatus quo. En una economía de mercado, la competitividad es dinámica y la fortaleza de la economía depende de su flexibilidad, de su capacidad de adaptación y cambio para producir bienes y servicios de mayor valor agregado. México necesita aumentar la productividad promedio cinco veces en 20 años y esto sólo se puede lograr si, con el mismo nivel de esfuerzo, se cambia para producir otras cosas, con mayor valor agregado. Por el contrario, la inestabilidad, como se ha experimentado en muchas ocasiones, no propicia el cambio sino que preserva el estado de cosas, es la amiga de los conservadores y no de los que promueven la revolución de cambio. Los acontecimientos de las últimas semanas apuntan exactamente en esta dirección: se promueve la inestabilidad para frenar el cambio, se añora la incertidumbre para preservar privilegios obtenidos, se da la bienvenida a las fluctuaciones que retrasan las reformas, se privilegia la movilización en las calles sobre el debate parlamentario para no enfrentar las posibilidades de reforma. Esta es la estrategia detrás de la huelga de la Universidad Autónoma Metropolitana, de las movilizaciones anunciadas para impedir la discusión de las reformas al sector energético que ya han logrado que el gobierno no presente la iniciativa, de la radicalización permanente del Sindicato Mexicano de Electricistas, de la oposición de grupos con rentas a la modernización de las relaciones económicas y a la competencia, de las tribus dentro del Partido de la Revolución Democrática que se niegan a reconocer la supremacía del voto ciudadano, aún en sus propias elecciones internas, de los carteles del narcotráfico. En esta época, probablemente prolongada, de turbulencia económica y financiera en el ámbito internacional, México tiene una oportunidad histórica de posicionarse como una economía con estabilidad económica, política y jurídica y hacer de la certidumbre, aunque suene extraño, su principal ventaja comparativa. buzon@cmmsc.com.mx PANORAMA es la presencia que se tiene en la región de la penetración de ese tipo de televisión para 2013 de paga se ofrece por vía satélite en latinoamérica
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