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Doris Lessing: ¡escuchen todos!
No cabe duda que la ciudadana del mundo, la zimbabuana-inglesa Doriss Lessing, es una voz templada que documenta a fondo sus trabajos. Ello puede advertirse en un libro poco citado al recibir el Premio Nobel de Literatura 2007, pero que es un reportaje muy agudo, aunque con una pluma muy afinada logrando que de lo común se pase a lo poético. Nos referimos a: “El viento se llevará nuestras palabras” (Bruguera). La autora viaja a Pakistán y Afganistán con varios motivos: documentar la invasión soviética de 1978 al segundo país citado, descubrir cómo en las peores condiciones (sin armas, siete partidos en competencia, muertos de frío o calor, lejos de sus familias y auténticamente con las uñas, un pueblo es capaz de luchar), destaca el valor de los afganos que han vencido desde Alejandro Magno hasta los soldados de Gorbachov pasando por los ingleses. Pero sobre todo, a Doriss le interesa el papel de las mujeres, quienes van al combate o mantienen la resistencia no obstante los sacrificios que hagan. Al final de su periplo, Lessing consigue entrevistar a Taywar Kakar, una maestra que luego de un año en prisión resistiendo las peores vejaciones, se convierte en un símbolo porque hace todo para que la batalla en muchos frentes pueda desarrollarse y ganarse. No aparece en escena, nunca, la comandante Razia, que luego del asesinato a su padre y hermano, se sumó a la lucha para formar una brigada de féminas que empuñaron las armas. Algo insólito en un país donde la burla y el machismo van de la mano. Antes de lograr su hallazgo, la escritora nos relata como incluso en la vestimenta que impide cualquier asomo a la figura femenina, las damas muestran sus encantos, agitan las neuronas del descubrimiento y hasta son una interrogante maravillosa por sus movimientos o el vislumbre de la vista. Pero también entre las señoras hay una agresión latente que estalla en el instante menos esperado. A una que no llevaba la vestimenta tradicional, “le arañaban la boca, le tiraban del cabello, la abofeteaban y pegaban, le gritaban ‘puta’. Por desgracia, no sólo los hombres oprimen a las mujeres”. Y si uno cree que la situación actual ha sido siempre igual, la ganadora lo refuta: “Las mujeres disfrutaban de una buena vida antes de la Catástrofe (invasión soviética), muy pocas llevaban velo, no estaban obligadas a llevarlo, el poder de los mulás (sacerdotes) no era nada comparado con lo que es ahora”. Es decir, ante un hecho terrible, otras fuerzas oscuras aparecen con nuevas moralinas para imponer restricciones y calamidades. Tantas que sin datos plantea la reportera que una clase intelectual fue masacrada por los “rusos”. De 10 refugiados en el mundo, la mitad son afganos, muchos de ellos en Pakistán, donde la situación de hacinamiento, insalubridad, hambre, analfabetismo y mayores restricciones a las niñas y adolescentes es increíble. Y Doriss se pregunta: ¿Por qué a otras naciones se les ayuda y no a Afganistán? Parte de la respuesta quizás esté en una película reciente: La guerra de Charlie War, con Julia Roberts y Tom Hancks. Aunque hoy el asunto es: ya fuera los soviéticos, cómo hacer salir a Estados Unidos que apoyó con armas a los rebeldes y ahora quiere aniquilarlos ya que muchos siguen a Osama Bin Laden. Religión, guerra, armas, miseria, represiones, etcétera, un coctel mortal. Por cierto, en Afganistán existen los muristaníes: de nariz recta, ojos verdes o azules y cabello claro; quienes vagaron debido a la presión demográfica y llegaron a Inglaterra. Uno no sabe, realmente, de dónde vienen. * Periodista jamelendez@prodigy.net.mx jamelendez44@gmail.com
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