|
Minirreforma vs. golpe de Estado
PRI y PAN diseñan un “gradualismo energético”, porque, si no, los adversarios se quedan con todo No van a caer en provocación de lo que identifican como un “golpe de Estado” del legítimo Contra lo que algunos suponen sí se aprobará una reforma energética —acaso en un periodo extraordinario de sesiones—, y en sentido contrario a los agoreros del desastre esa iniciativa no propondrá cambio alguno a la letra constitucional, tampoco incluirá los llamados contratos de riesgo y menos buscará meter mano en la denominada renta petrolera. Es decir, lo que veremos en pocos días será en realidad una “minirreforma”, que buscará paliar la crisis de Pemex y en general el grave problema energético mediante enmiendas a 15 leyes reglamentarias —lo que postergará la crisis sólo algunos años—, y que por supuesto será apoyada por PAN y PRI. Tampoco es cierto que ya existe una iniciativa acabada. Lo que hay en los centros de mando del gobierno de Calderón y en el PRI de Beltrones, son proyectos que se analizan, discuten y se modifican a cada momento, sobre todo en relación con los alcances de las enmiendas a esas 15 leyes. Y como en toda negociación, la contraparte del PRI intenta quedarse con la “tajada del león”, ¡claro!, sin mancharse los bigotes. Por eso, porque se trata de una negociación de altos vuelos y en la que está en juego la imagen del gobierno, del partido en el gobierno y del viejo PRI, se dan roces frecuentes, jaloneos y amagos; presiones entre las partes. Y también es contundente que el PRI de Manlio Fabio Beltrones es el grupo de poder que marca la pauta. La reforma llegará hasta donde el pulso del PRI lo decida. Y también por eso el asunto es más político que técnico. ¿Por qué? Primero, porque todo aquel que tenga claro el tamaño de la crisis de Pemex y energética entiende que una reforma real, de fondo, en serio, debe pasar por la reforma constitucional. Acaso por esa razón algunos opinan que se debería regresar al texto expropiatorio original de Lázaro Cárdenas. Pero la realidad política manda una estratagema distinta; ni es el momento político para una enmienda constitucional, ni los partidos políticos están capacitados para asumir una responsabilidad de ese tamaño. Por esa razón PAN y PRI diseñaron un camino similar al que los panistas desarrollaron para impulsar la transición democrática. Hace por lo menos dos décadas los azules pusieron en uso el llamado “gradualismo democrático”, que no era otra cosa que la transición democrática impulsada por partes, mediante el “el aterrizaje planeado”. Bien, pues en este caso podemos hablar del “gradualismo energético”. ¿Y eso con qué se come? Pues así, en porciones pequeñas, de tanto en tanto, sin atragantarse porque de lo contrario los adversarios pueden quedarse con todo. Es decir, que ni el PRI ni el PAN van a impulsar una reforma energética que le deje en “bandeja” la candidatura presidencial al legítimo. Pero tampoco van a dejar la plaza y menos a perder la batalla energética. ¿Y entonces qué van a hacer? Cambios legales, preparatorios, para una segunda fase. Hoy sólo se reformarán leyes secundarias, para paliar los problemas energéticos. Mañana, luego de 2012, sea el PAN o el PRI promoverán los grandes cambios. ¿Es el tamaño del miedo que PRI y PAN le tienen al legítimo? No sabemos si es miedo. Y aunque mueve a risa, tampoco sabemos si es precaución. Pero lo que se sabe es que ni el PRI y menos el PAN —y tampoco el gobierno de Calderón—, van a caer en la provocación de lo que ya identifican como un “golpe de Estado” promovido por el legítimo. Y la verdad es que si no reúne todas las características clásicas de un golpe de Estado, la reacción delirante de AMLO sí se puede identificar como eso, un intento por destruir el orden constitucional. Según Carlos Barbé, “el golpe de Estado implica la instauración de un nuevo poder de hecho que impondrá a su vez su propia legalidad”. También dice que el “golpe de Estado, como método de sucesión gubernativa se ha vuelto más usual que las elecciones o la sucesión monárquica”. ¿Quiénes hacen los golpes de Estado? Los soberanos, los gobernantes, los militares o grupos políticos, casi siempre identificados con la derecha. Y en el golpe de Estado, por si faltara algo, se emplean casi siempre recursos del propio Estado. ¿Qué es lo que en materia de reforma energética está proponiendo AMLO? Propone impedir el funcionamiento del Congreso, que es uno de los tres poderes de la Unión. Pretende impedir la función normal de la democracia representativa que nos dimos los mexicanos. Vamos a suponer que el PRI y el PAN aprueban con sus diputados y senadores una reforma energética. ¿Es eso ilegal? ¿Qué no para eso elegimos todos los ciudadanos un Congreso que nos representa? ¿Qué el legítimo no reconoció la “legitimidad del Congreso”? La democracia es el gobierno del pueblo, y se expresa mediante las mayorías. Ese pueblo está representado en el Congreso gracias a elecciones que fueron aceptadas por todos. Se cuestionó la elección presidencial, pero no la del Congreso. ¿Entonces qué es lo que propone AMLO? Pues eso, desconocer al Congreso, sus facultades e imponer su propia ley. Ya lo hizo al declararse presidente legítimo, pero además, financia con dinero público un movimiento que pretende derribar al Estado. Los seguidores del legítimo que se oponen a una reforma energética inexistente, dicen estar dispuestos a impedir que la perversa alianza PRI-PAN haga la reforma que viene. Resulta lo más parecido a decir que los delirios del “legítimo” fueron aplastados a golpes de democracia. La perversa democracia que ahora conspira contra los salvadores de la patria. AMLO pretende el poder mediante un golpe de Estado. Los demócratas. aleman2@prodigy.net.mx
|