|
El poder destructor de la opinión
Numerosos autores han destacado el increíble poder que ejercen los analistas políticos y económicos en las decisiones de los empresarios, los políticos, los administradores públicos y las personas en general El destacado economista Robert Shiller en Exhuberancia irracional “un libro que se ha hecho un clásico, destaca el rol de la prensa en la famosa crisis de internet, cuando mediante artículos, libros y entrevistas los medios inflaron el mercado de valores hace casi 10 años ignorando los síntomas de una burbuja cuya ruptura trajo pérdidas millonarias para su auditorio. Desafortunadamente las lecciones de los 90 no han sido debidamente asimiladas y los “especialistas” en Wall Street continúan haciendo predicciones fallidas, basadas en información incompleta y muchas veces subjetiva, como lo muestra la actual crisis de las hipotecas. Hace unos días varios analistas consideraban subvaluadas las acciones de la malograda empresa de correduría Bear Sterns y pronosticaban que subirían por encima de $50.00. Desafortunadamente para quienes siguieron sus consejos la empresa, para evitar la quiebra, tuvo que ser adquirida por JPMorgan por solo $10.00 por acción, cuando se cotizaban en $35.00. El impacto de la opinión en política no es fácilmente cuantificable como en las finanzas, donde una opinión equivocada se traduce en pérdidas para quien la acepta y la sigue. En política, los medios tienden a confundir información con opinión, induciendo en muchos casos a los consumidores de “noticias” a suscribir sin razonar las ideas de los comentaristas. En ocasiones el presentador apoya sus notas en una selección parcial de referencias y acontecimientos que fuera de contexto transmiten una realidad distorsionada. Entre los ejemplos del uso ilegítimo de la opinión tenemos los repetidos reportajes sobre inmigración de comentaristas como Lou Dobbs de CNN y Sean Hannity de la cadena Fox quienes convenientemente dejan fuera la enorme contribución económica de los inmigrantes en los EUA para destacar supuestos costos que para el fisco tiene el fenómeno migratorio, creando así una imagen muy negativa que apoya la agenda política de quienes con éxito se opusieron hace unos meses a una ley migratoria que pretendía resolver los problemas de millones de personas que trabajan sin una adecuada protección jurídica en ese país. La campaña electoral en EUA nos permite destacar otros ejemplos del uso indebido de la opinión para “asesinar” o “acreditar” políticamente a los candidatos. Llama la atención el tiempo dedicado a repetir los muy negativos e incendiarios discursos sobre EUA del Reverendo negro Jerimiah Wright, quien ha sido el pastor del puntero Barak Obama. Los discursos se presentan como si el candidato los suscribiera, lo cual ha sido explotado por su contrincante. Otro ejemplo del uso de la opinión para “acreditar” o “glorificar” personalidades es la forma como es presentado por los comentaristas el ex presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan al transformarlo en “gurú”, no obstante que EUA y la economía mundial sufren serias crisis, incluida la de las hipotecas, como resultado de acciones equivocadas del Fed durante su gestión. Los contextos descritos no son nuevos y fueron objeto de análisis por visionario periodista Walter Lippmann quien hace casi 90 años escribe “La Opinión Pública”, un clásico recientemente reeditado. La actualidad de los conceptos de Lippmann es asombrosa tomando en cuenta que su libro fue escrito cuando la prensa y la radio eran los únicos medios y la transmisión de noticias era limitada. El libro destaca la tendencia de los periodistas de hacer generalizaciones sobre personas sustentados en ideas fijas, creando estereotipos que distorsionan la realidad. Otro aspecto de gran actualidad son las referencias a la construcción de personalidades ficticias, principalmente los políticos, lo que provoca una dualidad de individualidades distintas; la pública y la privada. Los ejemplos mencionados y las ideas de Lippmann muestran como la influencia de la opinión en los medios hace deseable que el público tenga un mayor conocimiento de las preferencias y de ser el caso la filiación de los comentaristas y de los propios medios. En alguna medida esto sucede con la opinión financiera donde los conflictos de interés suelen ser ilícitos. jpinto@pintobooks.com LECTURAS Walter Lippmann Public Opinion. NuVision Publications (Septiembre 16, 2007)
|