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    Detrás de la Noticia
Ricardo Rocha
27 de marzo de 2008

Ninguno de los gobiernos ni la mayoría de nosotros hemos entendido que la tierra, el agua y el aire son vitales para el futuro. Por eso los dilapidamos en el presente. Porque este país ha sido tan generoso y abundante que todavía no nos acabamos sus recursos. Mientras tanto, contaminamos ferozmente nuestras riquezas naturales ensuciándolas sin piedad.

Somos el caso de mayor irresponsabilidad en todo el planeta. Y seguramente el más hipócrita. Firmamos cuanto protocolo nos ponen por delante, pero en la práctica arrojamos miles de toneladas de desechos, basura, gases y materiales tóxicos a la atmósfera, suelos, ríos y mares con una inconsciencia verdaderamente inaudita. Como si fuéramos incapaces de entender que las consecuencias no las pagaremos nosotros, pero sí necesariamente la generación inmediata y las subsecuentes: nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos. De la región más transparente pasamos a un México sucio.

En lo que hace a la degradación de nuestros suelos, padecemos una aguda concentración poblacional en nuestras grandes ciudades, al tiempo que una dispersión de pequeñas comunidades con altos grados de pobreza y marginación en todo el territorio; desde hace tres décadas ejercemos un mal entendido desarrollo industrial que todo lo contamina y una absoluta falta de compromiso social que explica, aunque jamás justifica, que en este país lo más común sea tirar basura al suelo lo mismo en nuestras calles que en carreteras o en el campo.

Por lo que respecta al agua, el crecimiento de la población a más de 100 millones de mexicanos y la creación de decenas de miles de industrias y fábricas que tiran sus desperdicios a mares, lagos y ríos han rebasado a la naturaleza en sus capacidades para eliminar la enorme y creciente cantidad de desechos e impurezas con las que ensuciamos nuestras aguas, contaminadas ya en 94%. Ahora sí que no en balde somos el segundo consumidor mundial de agua embotellada, sólo después de Italia. Y qué decir de nuestros mares, donde, según la organización ecologista Greenpeace, prácticamente todas nuestras costas y destinos de playa presentan niveles preocupantes de contaminación. Y en ello interviene también la irresponsabilidad de gobiernos estatales y municipales, para los que resulta muy cómodo y barato echar al mar todas las porquerías de puertos y ciudades. Tan sólo en Jalisco arrojan cada minuto 800 mil litros de aguas residuales, de los cuales sólo 160 mil son procesados en plantas de tratamiento. Y así por el estilo en la gran mayoría de nuestros 11 mil kilómetros de litorales. Una problemática gigantesca de la que nadie se ocupa y que repercute no sólo en la supervivencia de nuestros paisanos costeros sino en el resto de nosotros, ya que muchos de los pescados y mariscos que llegan a nuestras mesas vienen ya contaminados.

En cuanto a la polución atmosférica, basta con respirar para saber que son nuestras grandes ciudades las que presentan los más severos daños por la presencia de ozono, plomo y otros elementos tan letales como bióxido de azufre, bióxido de nitrógeno, monóxido de carbono y las llamadas partículas suspendidas que van desde materiales de construcción a toneladas de excrementos de humanos y animales. Los muy relativos esfuerzos de redes de monitoreo, programas de Hoy No Circula y algunas todavía más tímidas medidas para tratar de reducir emisiones industriales no han podido detener el inexorable deterioro del aire que nos metemos a los pulmones. El caso patético es la zona conurbada del DF y el estado de México, pero Guadalajara, Monterrey y otras grandes urbes no van muy a la zaga. Cada vez más millones de automóviles contaminando la mayor parte del día. Según la Secretaría de Salud, el costo para el país por atención hospitalaria y ausentismo laboral llega ya a los 10 mil millones de pesos. Así que como se ve no es sólo un asunto de moral pública sino de conveniencia económica.

Hace unos días, nuestro premio Nobel de Química, el doctor Mario Molina, me dijo que el problema es que en México no dimensionamos aún este suicidio colectivo. Nos falta una conciencia nacional y planetaria para entender que viajamos en esta nave común llamada Tierra.

ddn_rocha@hotmail.com

 
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PERFIL
 
Ricardo Rocha ha sido redactor, reportero, corresponsal de guerra, productor y conductor de programas. En 1977 cubrió por dos meses la Revolución Sandinista en Nicaragua, lo que le valió el premio nacional de periodismo. Diseñó y condujo los programas "Para Gente Grande" y "En Vivo". Es co-autor de "Yo Corresponsal de Guerra" y autor de "Conversaciones para Gente Grande". En el 97 creó el concepto "Detrás de la Noticia" y en 1999, al separarse de Televisa, lo consolidó con la agencia informativa.
 
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