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AMLO: “gobernar ” impidiendo gobernar
Calderón: alianzas inciertas, ¿paso cauteloso o transición a ninguna parte? El PRI o el paso de la muerte al mercado de acuerdos con el gobierno ¡Felices pascuas! Más allá de las creencias de cada uno, esta semana, la de Pascua, tiene un significado profundo en la cultura universal, escribió el domingo la semióloga Alicia Poderti en el excelente sitio Semioticians, que alienta y dirige el profesor Juan Magariños de la Universidad de La Plata. El significado original de la palabra Pascua es “paso”, recuerda la académica del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas dependiente de la Presidencia argentina. Y desear felices pascuas es desear un feliz paso hacia nuevas etapas, es alentar al destinatario a dar el paso a otros terrenos, espacios o estadios de crecimiento en el campo de cada quien. En efecto, el simbolismo de la Pascua proviene de algunas de las más antiguas y arraigadas construcciones espirituales de la humanidad. Para no ir más lejos, la celebración de la Pascua judía es la fiesta por el paso del cautiverio del pueblo judío en el antiguo Egipto a la libertad, en el curso del cual se da también el paso del Mar Rojo que deja atrás la esclavitud. Mientras que la Pascua cristiana marca el paso del sacrificio a la resurrección de Jesucristo, como símbolo de la oferta suprema del cristianismo: el paso de la muerte a la vida eterna. Sin el menor ánimo peyorativo, un experto norteamericano en comunicación política (teólogo y creyente) no se ha detenido en proponer la frase del evangelio de San Juan que sintetiza aquella oferta pascual como modelo de eficacia comunicativa, por su sencillez y su poder de recordación por dos milenios: “Tanto amó Dios al mundo que dio a su hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna”. Con estos referentes universales del significado de la Pascua, no dejan de llamar la atención las abundantes apelaciones de la agenda de esta semana pascual mexicana a los pasos que ahora emprenden algunos de los principales actores de la escena política. Parecería tratarse, efectivamente, de pasos hacia nuevas etapas, de tránsitos a otros terrenos de acción, a otros espacios o a otras formas actividad o de lucha. Por ejemplo, la Pascua de Andrés Manuel López Obrador, como protagonista una vez más de la agenda del debate público, parecería querer marcar la confirmación de un tránsito por demás significativo. Del golpe al PRD a otros senderos Sería el paso con el que AMLO pretendería postergar o cancelar la discusión del golpe infligido a la vida y a la normatividad internas del PRD, a fin de transitar a una nueva etapa con acciones y formas de lucha tendientes a paralizar las instituciones públicas y eventualmente la actividad económica del país. Parecería una calca de la estrategia que condujo a la presidencia de Bolivia a Evo Morales en 2006, a través del expediente de impedir gobernar —con marchas, choques y bloqueos— al presidente en funciones, así como de impedir legislar al Legislativo y de impedir resolver al Poder Judicial. Esta estrategia resultó tan eficaz que ya en 2004 —dos años antes de su investidura— ya era un lugar común la expresión de que Morales gobernaba prácticamente al país a través del veto sistemático y efectivo a toda decisión de los poderes constitucionales. El paralelismo de la actual forma de “gobierno” —consistente en impedir gobernar al gobierno constitucional— propia del “presidente legítimo” en México, y de Evo Morales antes de asumir la presidencia de Bolivia, se extiende a las materias sujetas al veto impuesto por las marchas a las decisiones de los órganos del Estado: en Bolivia, en 2004, a una legislación de hidrocarburos y a la política de venta de gas y petróleo al exterior, y en México, en 2008, a una reforma energética y a la discusión de formas de participación del capital privado en esa industria. La apuesta —ganada por Evo Morales en 2006 y lanzada ahora con toda decisión por AMLO— es lograr que esta forma de “gobierno” de hecho, ejercido por la vía del veto permanente a las acciones gubernamentales, encuentre su confirmación en la caída del gobierno de derecho y con la elección de quien venía “gobernando” por la vía de generar la ingobernabilidad o la parálisis del gobierno. Y no es una apuesta desencaminada. Sobre todo si el elector se convence de la incapacidad de gobernar del gobierno elegido; de que quien ahora impide gobernar, es el único que podría realmente gobernar —porque es el único que puede mantener bajo control los factores de ingobernabilidad que ahora promueve— y de que, de hecho, finalmente, es el único que podría sacar adelante las reformas que ahora veta, porque no habría quien las bloqueara ni las descalificara. Otro paso inscrito en estas pascuas de AMLO parecería ser el de la consolidación del aparato de comunicación de esta, su singular forma de gobierno, con la adopción pública del sitio electrónico y la versión impresa de El Sendero del Peje, como un instrumento más para apuntalar el sendero de Evo Morales, cuyo tránsito ahora sigue el candidato mexicano derrotado en 2006. PRI: un nuevo paso de la muerte El reto no es fácil para los poderes constituidos, dadas sus condiciones de operación. Lejos de un tránsito con el significado pascual: hacia nuevas etapas, con nuevos pasos dirigidos a nuevos estadios de crecimiento, el Poder Ejecutivo, su partido y sus grupos parlamentarios en las cámaras, pasaron del aturdimiento por el golpe de AMLO contra el secretario de Gobernación, al desaprovechamiento de los costos de opinión pública que a su vez se le acumularon a AMLO tras su golpe al PRD, a dar nuevos tumbos con el tema del paquete legislativo de la reforma energética. A eso se agregan las pascuas priístas y la confirmación del paso de la muerte de ese partido —en las elecciones de 2006— a la resurrección gracias a las ganancias obtenidas en 2007 y 2008 en el mercado especulativo al que han sometido los acuerdos con el gobierno en el Congreso y los gobiernos estatales. Ello no sólo hace imposible augurar una alianza estable de gobernabilidad que permita acuerdos para avanzar en las reformas estancadas, sino que, hasta la mañana de ayer, hacía incierta la alianza para el más modesto y reducido proyecto de reforma energética, a juzgar por las posiciones de las últimas horas de los líderes priístas en las dos cámaras. Así, con sus alianzas inciertas, el rito pascual de esta semana del presidente Calderón, aparece también muy lejos de un paso decidido a nuevas etapas, en nuevos espacios y hacia nuevos estadios de crecimiento de su gobierno. Un paso tan lento que no se distingue demasiado de la parálisis; un caminar a tientas, cauteloso en extremo, en unas pascuas de 2008 que podrían marcar el sexenio como el de una transición hacia ninguna parte. Mientras tanto, avanza, incansable, la construcción del sendero del Peje y de Evo. jose.carreno@uia.mx
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