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Judas, el otro
Dramaturgo de galopante estilo, Ricardo Pérez Quitt (Atlixco, Puebla, 1958) tiene bien claro lo que quiere de su teatro y qué es lo que teje el telón de fondo de sus temas: la corrupción y el abuso del poder. La encomienda es inacabable, la creación somete al dramaturgo a una composición infinita, de la que El otro perfil de Judas es muestra lúcida y congruente de una dramaturgia que no teme a decir la verdad. Teatro de aliento, de crítica incondescendiente, terriblemente humano y doloroso, en el que destacan piezas como Los hierros del hereje, Auto de fe, Los rostros negados, San Agustín Pro, entre muchas otras en su amplísima producción, es sin duda El otro perfil de Judas una de sus piezas más importantes y al mismo tiempo indispensables para entender la tradición de la Semana Santa mexicana, desde una perspectiva arrolladora y lúcida. En El otro perfil de Judas (publicada en la colección Escenología/Drama) Pérez Quitt se asume en tanto defensor de las inquietudes sociales del pueblo mexicano, entendidas —encaradas y encarnadas— como actos-reflejos de rebeldía ante el autoritarismo, la corrupción y la vileza en contra de los desposeídos (y por misma cuenta de sus hermanos). La pieza aborda el drama de un Judas moderno que es ultimado de manera vil por defender sus posturas y principios políticos en pro de una lucha por la igualdad. La tragedia resulta abrasiva; no sólo incita personajes que logran arrebatar al espectador de su cómoda situación desde la butaca, sino que lo comprometen ávidamente a tomar partido. Y nadie puede hacerlo —como en el caso de Jorge, protagonista de El otro perfil de Judas— por aquellos que obcecadamente celebran un ritual de componendas pseudolitúrgicas y pseudoprofanas para continuar sumiendo al pueblo en un angustioso pantano de mentiras y cobardías adocenadas, instituyendo la ignorancia. El cacicazgo y la religión no aciertan a convertir realmente a Jorge en un “monstruo” subversivo ante los ojos del pueblo, pero sí en un mártir cristiano. El otro perfil de Judas es en realidad el perfil y el frente del mexicano de hoy que —revelándose— lucha, vive e incluso arriesga la vida al defender sus convicciones humanísticas y éticas. Un hombre combativo, retratado por los cuatro costados, que osa decir no a todo aquello que atente contra la dignidad, y aun a costa de cavar la fosa común del sometido, su propia fosa. Ese es el hombre que pinta Ricardo Pérez Quitt en El otro perfil de Judas obra que presenta un trazo dramatúrgico decisivo, hermanándose a la vena contestataria del Jesucristo Gómez de Vicente Leñero. Judas, ¿traidor? O Judas, el otro, aquel que desea que la libertad prevalezca y la paz impere, a costa de su propia vida… El cuestionamiento es un aguijón para el teatrófilo. Se trata de un juego de espejos en donde la dignidad llora lágrimas de sangre. Con enjundia, audazmente, el dramaturgo desarrolla una anécdota que, de principio a fin, sostiene una intensa veracidad formal y un convulsivo reto a la inteligencia del público, con el único fin de orillarlo a pensar —sinceramente— en sí mismo y en su don de lucha, pero ante todo en la justicia y en la urgente necesidad de enriquecer la espiritualidad del hombre neomilenario.
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